Sanjuana Martínez
MADRID.- La cadena de televisión árabe Al Jazir, de Qatar, fue el medio de comunicación al que llegó un fax firmado presuntamente por Osama Bin Laden, en el que pedía a los paquistaníes que se unieran a la guerra santa en caso de que Afganistán sea atacado por Estados Unidos.
Taifir Alony, corresponsal en Kabul de esa cadena, es actualmente el único periodista de televisión que queda en Afganistán, donde ha vivido los dos últimos años, durante los cuales logró hablar con Bin Laden y el muláh Omar, líder de los talibanes.
La corresponsal habló por teléfono con él el jueves 27. Alony señala que trabaja en complejas condiciones pues casi diariamente es detenido por las tropas talibanes: “Tengo que mover algunos hilos para que me suelten, sobre todo con el ministro de Exteriores, que fue quien nos dio el visado”.
Alony, de origen sirio, explica que en su oficina, ubicada en un barrio semidestruido de Kabul, trabaja el resto de los periodistas que permanecen en el país: tres informadores afganos, corresponsales de Reuters, France Press y Associated Press.
Acerca del fax, dice que tenía la firma de Bin Laden: “Esa firma tarda aproximadamente 30 segundos en hacerla. Es claramente un rifle y dentro de él mete su nombre y el nombre de su padre”.
Recuerda que estuvo con Osama hace dos años: “No fue una entrevista, porque desde entonces los talibanes habían prohibido hablar con los medios de comunicación. Fue algo personal, una cortesía de su parte, me recibió y hablamos 15 minutos sobre cosas personales, algo de política y naturalmente me dio un sermón sobre la guerra santa”.
Con Omar estuvo 12 minutos: “Ese día había una delegación y me metí entre ellos, pero él me miraba porque mi barba era muy cortita. Pude ver que su personalidad es muy fuerte, da la impresión de que es un hombre muy duro, con mucho carácter, pero muy respetuoso con sus seguidores. Es un combatiente durísimo, combatía desde que era un muchacho”.
Considera que Omar no ha cumplido los 40 años y que debe tener 38. “Me recibió en su casa de Kandhar, sentado en el suelo, sin zapatos, a la manera de los califas. No sé cuantas mujeres tiene, pero es un auténtico califa. No había nada de lujos, todo era muy austero, había en el suelo una alfombra afgana original y su ropa era modesta”.
Su casa fue construida por Bin Laden. No existen fotos de Omar, solo una imagen de televisión captada en su última reunión de los “mil sabios y eruditos del Islam”, en la que destaca su ojo vacío, perdido durante la guerra contra la Unión Soviética, y su poblada barba oscura.
Sobre la vida de Omar se desconocen muchos aspectos, sólo su retórica amenazante contra Occidente: “Conocerán terremotos y tornados del todopoderoso Alá y enseguida serán sorprendidos por lo que les acontecerá”.
En ocasiones se viste con el manto del profeta Mahoma para reforzar su ascendencia sobre los fieles, pero cotidianamente utiliza la típica túnica de Kandhar, una sotana verde que le llega hasta debajo de la rodilla.
Alony dice que tiene un cuerpo atlético: “Tiene un cuerpo griego, olímpico, como los de antes. No es que se cuide, es así”.
Omar ganó prestigio entre el pueblo afgano durante 1994, cuando se desintegró la alianza de coaliciones afganas antisoviéticas. En 1996 los talibanes se apoderaron de Kabul y ahora controlan más de 90% del país.
Sus discursos son extremistas: “Nuestro Estado islámico es el verdadero Estado islámico en el mundo y por esta razón los enemigos de nuestra religión y de nuestro país nos observan como una espina en sus ojos y utilizan pretextos diferentes para acabar con nosotros, como el de la presencia de Bin Laden en Afganistán”.
El engaño de la ayuda
-¿Tiene miedo? –se le pregunta a Alony.
-Estoy acojonado. (risas)
-¿pero se sentirá preparado?
Preparado, ¿cómo? Yo no soy militar, no sé que hacer, a lo mejor hago un agujero en el suelo y nos metemos allí. No hay más remedio. He acumulado latas de conserva para mantenernos. No sé hasta cuándo.
Se muestra particularmente conmovido por la situación de la crisis humanitaria que antes y ahora padece Afganistán:
“Hay una catástrofe humanitaria. El servicio sanitario no aguantará ni dos semanas, porque cuando salieron las ONG no han dejado suficientes medicinas.
Señala que en su último reportaje fue testigo del sistema utilizado por las ONG encargadas del área alimenticia, que decidieron entregar raciones de comida para seis meses, ya que en caso de producirse un ataque no podrían volver porque no habrá transporte ni la gente se podría mover.
“Es una tragedia. El país se ha convertido en una ratonera, las personas no pueden moverse porque no tienen dinero, y si lo hacen, no pueden salir. La gente está refugiándose en pueblos y aldeas. Los más poderosos económicamente están en Pakistán.”
Estuvo en el reparto de comida y dice que la gente se mostraba literalmente “hambrienta” y desesperada por obtener un plato caliente: “Creían que yo era responsable de alguna ONG y se abalanzaron sobre mí un montón de mujeres con niños pidiéndome, rogándome, que les diera una ración…Apenas pude escaparme para no llorar frente a ellas. Ésa es la verdadera tragedia; a mí no me interesan ni los talibanes ni la Alianza del Norte, sino este pueblo que lleva sufriendo 25 años de guerra.
¿Qué hace la comunidad internacional por esta gente? ¿Qué hace la ONU?”
Afirma que fue testigo de las “barbaridades” de la ONU y algunas ONG con la ayuda: “Por ejemplo, la Cruz Roja recibió 75 millones de dólares, pero está gastando dos terceras partes en gastos administrativos, en sueldos gigantes para cualquier mocoso que tiene aquí, y luego para el pueblo afgano ¿que?”.
Indignado, el periodista sirio advierte que si “Dios le da vida” piensa descubrir las trampas de la ayuda humanitaria institucional y denunciarlo en un amplio reportaje: “Si sigo con vida, después de esto tengo material para hacer 40 libros”.








