MÉXICO, D.F. (Proceso).- Dedicado a explorar distintos vínculos entre el arte, la ciencia y la escultura, Federico Silva Lombardo (México, 1953) ha desarrollado una fascinante propuesta de abstracción conceptual que se relaciona con la naturaleza, el cosmos, la ética social, el volumen prehispánico y la libertad cognitiva. Estructuradas a partir de interpretaciones geométricas que sintetizan y simbolizan planteamientos de la cosmogonía teórica y la cosmogonía olmeca, Silva describe espacios tridimensionales que oscilan entre lo tangible y lo intangible de la materia, la forma y el vacío.
Presente actualmente en dos exposiciones que se despliegan entre el Museo exconvento de Tepoztlan en Morelos y el Museo de la Luz en la Ciudad de México, el escultor muestra sus proyectos más recientes. Ubicado en su nueva sede en el complejo arquitectónico del antiguo Colegio de San Ildefonso, el último recinto mencionado alberga, bajo el título de Modelos del Universo, una serie de 8 esculturas de mediano formato realizadas en 2010. Inspiradas en el comportamiento sistémico del universo, las piezas se originan en un punto que explota en movimientos convirtiéndose en líneas, planos circulares, esferas, órbitas e hiperespacios. Evocadoras de movimientos de translación y rotación, las ligeras y contundentes líneas de metal señalan trayectorias que sorprenden por la confluencia de dinamismo, cambio y estabilidad. Significadas al mismo tiempo como alegorías del infinito y metáforas de estructuras sociales, las esculturas se imponen por un divertido humor que se percibe en sus formas y se confirma en sus títulos: El Universo es un camote, El Universo es un mango, Sexo cósmico, Horizonte de acontecimientos.
Realizada en 2011 y expuesta en el magnífico entorno del exconvento de Tepoztlán, la instalación o escultura múltiple Código Olmeca sintetiza, simboliza e interpreta a las 10 cabezas colosales encontradas en la zona arqueológica de San Lorenzo, Tenochtitlán, Veracruz. Integrada por 10 esculturas independientes que describen a escala real y con finas líneas tridimensionales los tamaños y planos simétricos de cada cabeza, el conjunto se impone como una trayectoria lineal de movimiento ascendente y ritmo constante que alude al camino sobrenatural, el equilibrio universal y el drama cósmico.
Interesante también por el vínculo entre creación prehispánica y contemporánea, Código Olmeca es una obra excelente para exhibirse en el exterior del Museo de la Luz, en el camellón peatonal de la calle de San Ildefonso. Un espacio urbano desperdiciado que debería ser rescatado por el museo y la institución a la que pertenece –Universidad Nacional Autónoma de México–, para dedicarlo a la exposición de proyectos inteligentes de arte urbano.
Alegorías al infinito
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Silva. Dos exposiciones. Foto: Especial |












