Alemania busca alianzas con países emergentes

La canciller alemana, Angela Merkel.
Foto: AP

BERLÍN (apro).- El gobierno alemán quiere afianzar su relación con un conjunto de países emergentes, entre los que se encuentra México, y con este fin, el 8 de febrero último, el gabinete de ministros aprobó un nuevo concepto estratégico en el que se trazan los lineamientos futuros de la política exterior alemana.

El documento sienta las bases de un acercamiento hacia las potencias emergentes que forman parte del BRICS, es decir, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Pero la lista de destinatarios, en el texto denominados “Nuevos centros de articulación del poder”, es más amplia. Incluye a México, a otros países latinoamericanos como Argentina, Chile y Colombia, también a Egipto, Nigeria, Malasia, Indonesia, Vietnam, Turquía, Mongolia y Kasajistán.

Por cierto, muchos de estos países han mostrado en los últimos años un sostenido crecimiento económico, del que se deriva una mayor influencia política, a nivel regional e incluso global.

“El peso político de los países se va a ordenar de nuevo en esta década”, dice Guido Westerwelle, ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, en entrevista con el semanario económico Wirtschaftswoche.

Westerwelle es el mentor de este concepto estratégico, cuyas intenciones se explicitan en el título Estructurar la globalización, consolidar la cooperación y compartir la responsabilidad.

“Después de la Reunificación Alemana, nos ocupamos mucho de nosotros mismos; ahora el foco está puesto en Europa, pero no podemos perder de vista el mundo”, sostiene Westerwelle en la entrevista. En el 2015, destacó, “90% del crecimiento económico se producirá fuera de Europa. Eso tiene consecuencias políticas.”

Es por ello que la política exterior alemana intenta adelantarse a este proceso. Y a tono con la cambiante configuración de los poderes en el mundo, se propone integrar a estas economías en ascenso, profundizando el vínculo con ellas, tanto en el sector de energía y de materias primas, que Alemania necesita, como en el afianzamiento de los mercados para sus productos y en diversos temas vinculados a la gobernanza global.

Este nuevo concepto, recalca el gobierno alemán, no pone en entredicho las alianzas estratégicas con la Unión Europea (UE), Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el G8.

“En primera instancia, el documento es una orientación para el mismo gobierno, a fin de acercarse a los nuevos poderes emergentes de una manera coherente, con una oferta de diálogo y cooperación, para el fortalecimiento mutuo de las posiciones en política global”, comentó a Apro Günter Maihold, subdirector del Instituto Alemán para Política Internacional y Seguridad, un think tank que asesora al gobierno y al Parlamento germanos.

“De alguna manera es también una señal –prosigue– de que la política exterior alemana, más allá de las asociaciones estratégicas de la UE, desea abarcar a aquellos países que tienen un creciente potencial de proyección más allá de su región, aunque sea solamente en determinados temas de la agenda global”, abundó.

Günter Maihold, actualmente a cargo de la cátedra sobre Guillermo y Alejandro von Humboldt en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y El Colegio de México, consideró que Alemania intenta “relanzarse a la política internacional en un formato bilateral, con el afán de acercarse de una manera más sistemática a estos países, reconociendo que necesita dar a la política exterior nuevos impulsos si no quiere correr el riesgo de un creciente desplazamiento a nivel global.”

Y sostuvo que el documento, “si fuera más que una expresión de buenas intenciones, podría dar inicio a un nuevo posicionamiento de Alemania en el mundo, porque reconoce explícitamente que se desea inaugurar un nuevo estilo de política exterior, a través de redes integradas por el gobierno, las empresas privadas y actores no estatales, en un planteamiento y una acción conjuntos.”

Negocios

El concepto estratégico promueve nuevas asociaciones comerciales, pero también la cooperación internacional y la gobernanza global, el intercambio en las áreas de cultura, educación y ciencia, economía y finanzas, seguridad y paz, derechos humanos y legalidad, materias primas, alimentación y energía, trabajo, salud, seguridad social y desarrollo sustentable.

El privilegio de los lazos comerciales por sobre las otras áreas mencionadas parece haber tenido una confirmación temprana. El 8 de febrero, Alemania firmó un convenio con Kazajistán, por el que el país euroasiático importará sus minerales y recibirá a cambio know how germano.

Sin embargo, Kazajistán, muy rico en materias primas, ha sido recurrentemente denunciado por sus masivas violaciones a los derechos humanos. El punto no puede pasar desapercibido para otros países mencionados en el documento, tales como México y Colombia, con una larga lista de denuncias por desaparición de personas y “falsos positivos”.

El ministro de Exteriores alemán, miembro del Partido Liberal (FDP), ha defendido en diferentes entrevistas que el comercio es un medio para el cambio. Se trataría de algo así como la democratización a través de los negocios.

“En el aspecto económico, muchos países quieren aprender algo de Alemania. Nuestro interés es, además, transmitir por este medio también ideales y valores, como por ejemplo, el estado de derecho. Se trata, también, de conectar la economía y la política”, dice Westerwelle en la entrevista con Wirtschaftswoche.

En los últimos 20 o 30 años, la industria alemana se ha concentrado en el procesamiento de materias primas. El acceso a dichas materias primas juega un rol fundamental dentro de la búsqueda de nuevos socios. “La defensa de los intereses económicos, también la defensa de los intereses vinculados a las materias primas, tienen que ser parte de nuestro pensamiento estratégico”, destacó el ministro en la citada entrevista.

También consideró que los medios que se justifican para imponer los intereses propios en función del acceso a las materias primas son en primer término los de la política y la diplomacia, aunque no descarta el uso de la fuerza frente a la piratería y el terrorismo.

Sien embrago, descartó que el Ejército alemán participe de la ocupación de Afganistán debido a sus recursos.

El periódico TAZ, en un editorial del 8 de febrero anterior, apuntó que no cree ver un cambio de paradigma en este concepto estratégico. “En todo caso, Westerwelle expresa ahora abiertamente esos intereses económicos que ya antes regían la política exterior alemana”.

El concepto de política exterior llama también a los países emergentes a asumir las responsabilidades correspondientes al nuevo rol que ocupan. “Los países agrupados en el BRICS trabajan más y más en conjunto y muestran autoconfianza”, acotó el ministro alemán.

“Eso no siempre nos gusta, por ejemplo en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero Occidente se va a tener que acostumbrar a que ya no lleva solo la batuta”, admitió.

Justamente, entre las dudas que despierta el nuevo concepto de política exterior, está el significado que asigna a los conflictos con los nuevos socios. Tal es el caso de Siria, en el que dos de las grandes potencias emergentes, China y Rusia, se oponen al dictado de Occidente.

También se puede mencionar el intento de Brasil y Turquía por mediar en la disputa con Irán en torno al uso de la energía atómica, rechazado de plano por las potencias occidentales.

O también el reclamo argentino por las Islas Malvinas, que jamás ha encontrado apoyo en la diplomacia alemana.

Por casa

El intercambio entre México y Alemania se canaliza hoy a través del tratado de libre comercio entre México y la UE, el grupo G8 + 5, el G20, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y el Diálogo de Cartagena, dedicado al cambio climático.

¿De qué modo puede alterar o afianzar este nuevo concepto estratégico de Alemania las relaciones con México y en qué sectores? –se le pregunta a Günter Maihold.

“El concepto resalta como criterios para la cooperación tres elementos”, responde el catedrático. “Se trata de países con un poder económico importante, o con un alto potencial de crecimiento, o que demuestran una voluntad de tipo constructivo para influir en la gobernanza regional y global”, sostiene.

“En cuanto al papel de México, es evidente que tiene un interés articulado de participar en el ámbito del cambio climático y del orden financiero internacional, lo cual encuentra una recepción muy entusiasta por parte de Alemania.”
Maihold cree, sin embargo, que “existen otras áreas en las que, por diferentes razones, México no juega un papel activo a nivel internacional, tales como las misiones de paz y estabilización a nivel regional e internacional.”

“Su impulso para fortalecer la triangulación en materia de ayuda al desarrollo con terceros países es también muy incipiente”, dice Maihold.

“En este sentido, Alemania espera un papel más activo de México en el área centroamericana, que desde la década de los ochenta ha sido una región prioritaria en materia de la ayuda para el desarrollo germano.

“El tema que más potencial ofrece –especialmente en comparación con Brasil y Argentina– es la cooperación científico-tecnológica, donde México demuestra cierto rezago frente a los países de la región antes mencionados”, agrega.

En cuanto al reciente acercamiento de México a la Unasur, Maihold cree que “un eventual ingreso podría significar para México un paso inicial para reintroducirse en el espacio sudamericano, bastante desatendido en los años pasados. La presencia será por el momento más bien de carácter simbólico, aunque la Secretaría de Relaciones Exteriores lo esté festejando como un éxito de su gestión”, dice.

“Faltan muchos pasos para que América Latina vuelva a ser un espacio central de la acción externa de México –sostiene–. El país no se ha librado todavía de la imagen autoinducida de fungir como puente para otras naciones hacia el mercado estadunidense, concepción que ha sido rebasada por la realidad”, sostiene.