El expresidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara Mayo Ramírez Gutiérrez se deslinda del multihomicidio de diciembre pasado y pide a las autoridades detener la embestida contra ella y castigar a los culpables. El actual regidor del PT en Tonalá dice a Proceso Jalisco que la federación no es una organización criminal, como se le ha llamado, e insiste en que él tampoco es su padrino. Y mientras las indagatorias continúan, ya hay quienes se disputan los restos de la FEG.
Frente al asesinato de cinco personas cuyos cuerpos fueron enterrados en el edificio de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) y la súbita muerte de Gerardo Flores Gómez, El Tatuado, uno de los autores confesos, Mayo Ramírez Gutiérrez exige que se deslinden las responsabilidades y se castigue a quienes resulten responsables.
Considerado por muchos como el líder moral de la organización estudiantil, Ramírez Gutiérrez dice a Proceso Jalisco: “Ese hecho me provoca indignación; no nada más a mí, sino a cualquier persona que esté bien de sus facultades mentales. No se puede aprobar nada de lo que ocurrió en el edificio de la FEG; ni la muerte, ni la manera en que ocurrieron los asesinatos –que fue lo más grave–; tampoco la inhumación de los cuerpos”.
–¿Piensa usted que es el final de la FEG? –pregunta el reportero.
–Eso es lo que quisieran Raúl Padilla, el gobernador Emilio González Márquez, el procurador Tomás Coronado Olmos y muchos más. Ellos sueñan, no con encontrar la verdad y hacer justicia a las víctimas y a sus familiares, sino en quedarse con el botín que representa para ellos nuestra organización.
Sobrino de Carlos Ramírez Ladewig, jefe nato de la FEG; hijo de Álvaro Ramírez Ladewig, y nieto del exgobernador Margarito Ramírez, el entrevistado, quien actualmente es regidor del PT en el ayuntamiento de Tonalá, se muestra tranquilo. Asegura que no teme que lo llamen a comparecer por los homicidios del comerciante Armando Gómez Gallardo, de su hijo Francisco Ismael Gómez y de Gabriel Morán, Juan Pablo Valentín Guerrero y Francisco Javier Carrillo, los tres alumnos de la Preparatoria 8 de la Universidad de Guadalajara.
E insiste: los peritos “no han sacado cosas importantes; tenemos que ser prudentes y esperar al final de las supuestas investigaciones. Lo que llama la atención es que las autoridades aprovechen la situación para instrumentar una verdadera embestida contra la organización”.
–¿Embestida de la Procuraduría General de Justicia de Jalisco. La lentitud en la investigación hace pensar más bien que los están protegiendo –se le comenta al regidor.
–No, para nada. El procurador dice unas cosas ante los medios, pero por debajo está llevando a cabo una labor de persecución contra la FEG.
–La reciente muerte del Tatuado hace pensar muchas cosas a los ciudadanos…
–Nosotros queremos que se deslinden responsabilidades, pero también que se aclare cómo se negoció la entrega de ese personaje. Nos interesa saber cómo le sacaron las declaraciones, cómo murió y cómo han tratado a los menores de edad (presuntamente implicados en el multihomicidio) a quienes se les han violado sus derechos.
–Dos hechos parecen irrebatibles: el asesinato y la inhumación clandestina de los cinco cuerpos; y el de los fegistas implicados: El Tatuado, el presidente electo David Castorena, y su antecesor Israel Mariscal…
–Aun cuando muchas declaraciones se están acomodando a favor de las autoridades, no se pueden sacar conclusiones apresuradas. La embestida de la que hablo se da porque hay una clara intención del gobierno, de la UdeG y de la procuraduría para llevar un asunto de la nota roja a un ámbito político con el objeto de aniquilarnos.
“Las autoridades tratan de involucrar al mayor número posible de muchachos en las averiguaciones. Les encantaría involucrarme a mí… El gobierno y los padillistas ya se frotan las manos para disputarse el botín del predio donde está el edificio de la FEG. Sueñan que ya se van a deshacer de la federación de un plumazo. Nos quieren acabar, pero no van a poder”.
La tercera federación
Al preguntarle qué ha sido de la FEG, después de que Raúl Padilla la expulsó de la UdeG, Ramírez contesta que aun cuando Padilla dice que expulsó a los fegistas eso es falso. Relata que “en 1990 hubo en la UdeG un referéndum totalmente amañado para definir cuál era la organización mayoritaria, no para saber cuál se quedaba y cuál se iba. Nunca hubo una expulsión ni hemos dejado la universidad”.
–Pero la FEG se fue mermando…
–Sí, no puedo negarlo: La falta de recursos nos empezó a pegar…
–¿Cómo le hizo para mantenerla en el periodo 1992-1995, cuando usted estuvo al frente?
–Buena parte del dinero que entró era mío; otra parte era un préstamo de mi familia. Luego vinieron los recursos que autogeneramos por medio de festivales musicales, las donaciones en especie de algunas empresas; la novillada el día del estudiante que instituimos; así como el apoyo de muchos restaurantes que nos daban vales de comida. Así era como más o menos sobrevivimos.
–A propósito de comida, se acusa a la FEG de hacer un gran negocio con los comerciantes asentados en las inmediaciones de las escuelas.
–Es un asunto de veras viejo. En toda la historia de la organización se suponía que los comités estudiantiles pedían a los comerciantes un apoyo, pero eso no era cobrar plaza ni uso del piso; tampoco se trataba de que les diéramos permiso para que ellos vendieran.
“Siempre fue una especie de colaboración. Nunca hubo presiones, nunca hubo golpeados; tampoco era cuestión de mafias. Eso es lo que yo viví. Si hubo casos de extorsión o de cobros indebidos en otros periodos, deben aclararse; tenemos derecho a saber quiénes son los responsables”.
–¿La FEG actual es igual a la de antes?
–En el tiempo de Carlos Ramírez Ladewig la UdeG era más pequeña. Yo creo que la organización impulsó sus principios, se consolidó y luego entró en una etapa que es la que muchos recuerdan: la de los fósiles, los golpeadores, las armas, los bajes. No es por nada, pero nosotros inauguramos una época al apostar por los jóvenes, por la educación pública y a la recuperación de los principios originales.
–A usted se le señala como el jefe político de la federación. ¿Los actuales dirigentes le rinden cuentas?
–Los nuevos presidentes a veces consultan a los más viejos, incluso a mí, por su experiencia. Pero son ellos los responsables de la toma de decisiones, ellos son los que recorren las escuelas, los que tratan con los maestros, con los estudiantes, con las autoridades educativas. Eso es lo que la gente no quiere creer; piensa que uno anda metido todo el tiempo en la FEG, que uno da las órdenes.
–En la FEG actual, ¿cómo nombran sus integrantes al nuevo presidente?
–Los líderes en esta organización no se fabrican por el deseo de alguien. Empiezan a destacar y a encabezar luchas por diferentes cosas. Los demás aceptan ese liderazgo y aquí es donde entramos los expresidentes. Sí podemos influir, pero con base en esa realidad. Nos reunimos, platicamos y decidimos. Ya definido el candidato, los estudiantes emiten su voto por quien consideran que debe ser el nuevo líder. El agraciado empieza a decidir y al mismo tiempo es el responsable de todo lo que pase durante su periodo.
–De plano, ¿usted no es el padrino de la FEG? ¿No es como su tío Carlos Ramírez Ladewig, como su padre? ¿No interviene usted en la federación? ¿No manda a sus dirigentes?
–Ni soy lo primero, ni estoy metido todo el tiempo en la organización. En 1995, cuando dejé la presidencia, me retiré cinco años de la vida política y me concentré en asuntos personales y familiares. En diversas etapas me dediqué al magisterio, en dos ocasiones participé en la lucha electoral, luego llegué a la regiduría de Tonalá bajo las siglas del PT, donde hoy me desempeño.
“Desde 2007 soy director de la Fundación Carlos Ramírez, donde he invertido buena parte de mi tiempo. En términos prácticos, me he alejado de la FEG, pero que quede claro: yo siempre he estado al lado de la FEG y siempre lo voy a estar. Soy orgullosamente fegista. Me formé allí, comparto su ideología y cuantas veces sea necesario, cuando me requieran los muchachos los voy a apoyar, desde luego bajo los principios de la organización y para cosas beneficiosas para la comunidad”.
–Dice el investigador Sergio Aguayo Quezada que ustedes han sobrevivido porque siguen siendo necesarios para el sistema. ¿Qué opina de eso?
–Muchos periodistas creen todo lo que les dicen. De un periódico a otro, las versiones se contraponen. Desde 1992, decía Raúl Padilla que el gobernador, que era del PRI, nos ayudaba; cuando cambió el partido en el gobierno, decían que eran los panistas quienes nos apoyaban.
–Se dice que gente del SNTE ligada a Gordillo los ha protegido…
–A Elba Esther Gordillo tampoco tengo el gusto de conocerla. Y el hecho de haber sacado, hace poco, una planilla en contra de Guadalupe Madera Godoy, que era la planilla oficial, ¿qué puede significar entonces?
–Es que en ese sentido se ha ligado a la FEG con el líder magisterial Juan Alcalá Espitia, a usted en particular.
–Algunos medios nos acusan de recibir apoyos de Juan Alcalá; otros dicen que el gobierno nos ha usado para frenarlo. No entiendo. También han dicho que directores de Educación Pública nos cobijan dándole chamba a fegistas y solapándonos; todo eso es falso.
“Nuestra presencia se ha debido a nuestra lucha por crear nuevas escuelas, por encabezar la demanda de muchos normalistas de tener un trabajo digno y bien remunerado, no porque seamos amigos o compadres de los funcionarios”.
¿De dónde salió David Castorena? ¿Cómo fue nombrado?, se le pregunta a Mayo Ramírez.
“Conozco a Castorena desde hace unos cinco o seis años. Es un joven estudioso que empezó a luchar por sus compañeros. Luego no sé con exactitud, se enroló en la lucha por los cargos en la FEG. Un día llegó a la presidencia y poco después de que tomara cargo de repente sucedió el incidente del 9 diciembre.
“No sé con claridad qué pasó allí en el edificio de la FEG ese día; tampoco sé el papel que jugó él en esos terribles acontecimientos. Pero no puedo meter las manos al fuego por nadie, sólo por mí”.
–Al Tatuado, ¿cómo lo conoció? ¿Por qué tenía tanto poder?
–Lo conocí cuando fui presidente de la prepa 7 y empecé a ir a la FEG. Eran los tiempos de Tonatiuh Bravo. La historia es esta: el 12 de septiembre de 1976, cuando los dirigentes de la FEG hicieron una guardia ante la tumba de Carlos Ramírez Ladewig hubo un bombazo, fue una agresión a los fegistas. Después de eso, se empezó a tener una guardia en el edificio. Era un grupo de seis a 10 personas, de las más entronas.
“Todo el tiempo estaban ahí, al grado de quedarse a dormir. Esas guardias duraron como 20 años. El responsable del edificio era el oficial mayor, pero la guardia lo protegía. Pero se acabó esa tradición y en vez de tener una guardia completa se quedó una sola persona, una especie de velador. Y ése fue el famoso Tatuado”.
–¿Con quién se reportaba y a quién le rendía cuentas El Tatuado?
–Lo desconozco. Cada presidente atendía sus asuntos de la FEG y del edificio a su manera. No conozco su historia. Sé que estuvo un tiempo aquí, a fines de los ochenta. Luego se fue de la ciudad. Creo que estuvo detenido por diversas acusaciones pero no sé más de él; sólo lo que se cuenta en los periódicos, por lo que hay que tener muchas reservas. Confío en que la investigación sobre los hechos aclare el verdadero papel de este personaje en esta tragedia.
–¿Qué va a pasar con el edificio de la FEG? El gobierno hace planes…
–Ya que se aclare el multihomicidio de diciembre, habrá que entrar a ese asunto. El terreno del que hablamos corresponde no sólo a la FEG, sino a la Normal, a una escuela preescolar anexa y a unas oficinas de gobierno que están sobre Normalistas. Ese predio no tiene actualmente escrituras y después, al parecer, el alcalde en 2004, Emilio González Márquez, hizo una cesión al gobierno del estado y éste no lo recibió.
“Total, es una cuestión que está empantanada. Pero el caso es que la FEG tiene la posesión real de más de 40 años, desde 1970, y la única forma de requerir el edificio es a través de un juicio civil; no pueden despojarnos así nomás porque sí”.
–Dicen que la posesión pierde validez a raíz de los asesinatos…
–Si se da un homicidio en una casa, las autoridades pueden asegurar la finca para hacer las pesquisas necesarias; al final se entrega dicha finca al posesionario o propietario.
“En este caso, la procuraduría estatal puede asegurar el inmueble mientras hace las investigaciones. Si en dos o tres meses ya no lo tiene asegurado, deberá ponerlo a disposición del juzgado y éste también tendrá que hacer las diligencias. Al final tendrá que entregarlo de nueva cuenta a la FEG. Sólo después de reclamar el inmueble a través de ese juicio que comento”.








