Los paquetes electoreros ya andan en asuntos de fleje. Por todos lados se escuchan el forcejeo y las patadas bajo la mesa, para salir al público con cara de benditos a solicitar el sufragio. Viene luego el cortejo de zalamerías, las campañas con sus carretadas de mentiras; pases fingidos y redovas incansables atronarán el paseo. La cohetería del vodevil nos aturdirá, hasta que hastiados de tanta melcocha y fandango pasemos lista por las urnas y aprobemos los relevos. Concederemos por fatiga, por no seguir oyendo tanto disparate, con la conciencia de haber dilapidado 25 mil millones de pesos de las arcas del erario por la fruslería electorera presente.
De ser más exigentes tendríamos que meter freno a esta conducta manirrota. ¿Vale la pena autorizar tal despilfarro en renovar gobiernos? Lo normado para el relevo es un proceso electoral, no su colateral cencerro de fanfarrias. El ruido y la alharaca que montamos para hacerlo transcurrir bien puede sernos ahorrado. Hemos convertido el cambio de estafetas en un sanquintín inacabable. Sabiéndonos tan pobres, sabiendo que nuestras finanzas públicas hacen agua y que el nivel de la pobreza alcanzó ya a la mitad de la población, podríamos al menos evitar las fugas innecesarias.
Tirar dinero en ruido electoral es lo mismo que quemar pólvora en zanates. No hay consistencia política en ninguna de estas trácalas, que no tratan de otra cosa como no sean arreglos vergonzantes. Atrás de cada candidatura hay una historia de enredos, trampas, campañas de lodo y traiciones, que mejor fuera no batirle. Los viejos decían que, para dedicarse a la política, había que tener el hígado curtido para soportar tantos tragos amargos.
Con lo de su candidata Josefina, los señores panistas se dieron hasta con la cubeta. Luego salieron tan campantes, como si hubieran acudido a sesión de terapia matrimonial. Ya tienen a su doña en la picota, con su imperturbable sonrisa ficticia de vendedora de Jafra, lista para impetrar el voto mayoritario. En sus cálculos estará que, si se lo dimos a Fox en su calidad de gerente de la Coca-Cola, ¿por qué no desperdiciarlo otra vez para ella? Puede ganar la partida, si logra hacer prevalecer la confusión entre el voto inútil y el voto inconsciente. Ya se verá.
En Jalisco cocemos habas en idénticas cacerolas. Petersen sonaba fuerte para abanderar al panismo. Sin embargo, Fernando Guzmán le arrebató el triunfo. Si prevalecieron las formas ortodoxas o se valieron de mañas y malos trucos, es cosa del pasado. Los panistas cantan a dueto las rancheras con el priismo viejo, al que tanto criticaron. Sigue ahora la puja, en todos los frentes, por el acomodo en las listas de curules y alcaldías. Falta poco pues para escuchar el grito de salida. No se esperan ya muchas novedades.
Sería largo entonces reportar cada triquiñuela vivida en los partidos. Todos consumen pastelillos de engaño. Los hacen variar de coloración, de aderezo o de dulce. Pero los cocinan con las mismas recetas de estafa, impostura y embuste. Empero, vale la pena dedicarle algunos renglones a la esgrima que transcurre en el PRD local. Hace tres lustros, la gente del centro vino a desplazar a los alarifes para cambiarlos por Raúl Padilla. Fue incomprensible la trácala. Los fundadores lo tenían en niveles competitivos del orden del 17%. Se fue a pique. Pero resultó más incomprensible aún que no removieran nunca al responsable de este fracaso. Padilla siguió al frente. Hace dos años, Enrique Alfaro Ramírez ganó Tlajomulco para el PRD, a pesar de una burda campaña opositora de los padillistas. Y, ya en la silla, le han llenado de piedritas el zapato hasta que vino un rompimiento especial entre ellos.
Algunos analistas se rasgaron las vestiduras; otros aplaudieron la reyerta. Los de esta fila veían apuntarse el surgimiento de una tercera opción electoral para Jalisco, si cuajaba en triunfo la postura de Alfaro. Así ocurrió y ya lo tenemos en la palestra. Un estado de sólida tradición grillesca no merece estar sumido en el pantano del binomio del PRIAN. En primer lugar, porque no es binomio, si se trata de lo mismo con los dos. Por eso, se necesita otra opción. Que se le llame segunda o tercera no importa. Pero, para que brotara, era indispensable la aparición de un paladín, un caudillo, un cabecilla, un ariete que le pusiera el cascabel a Raúl Padilla. No se veía fácil la tarea, pero Alfaro lo logró.
Como osado retador, Alfaro logró clavar su pica en Flandes. Venciendo 10 mil trabas, logró posicionar su candidatura como abanderado de la izquierda en Jalisco. Los propios changos del mecate oficial del PRD apostaron a hacerla fracasar. Fue consigna de Raúl y ellos no están acostumbrados a desobedecer. Lo impugnaron Raúl Vargas, Celia Fausto, Roberto López, Juan Manuel Soto y más próceres, tan conocidos e inefables. Buscaban descarrilar esta candidatura aunque les rasparan sus secuelas, típico accionar del que quema su casa por ver arder la ajena. Les importaba un bledo perder los votantes, que les han permitido escalar curules y regidurías. Querían cerrarle el paso a Alfaro por andar retando a su amado jefe Padilla.
¡Bonita especie de políticos tenemos! No pasar a ser cabeza de ratón, sino seguir siendo siempre cola de ratón, al fin que ni los refranes entienden. Alfaro hizo a un lado a la tribu local y la puso contra la pared en el cenáculo de la capital del país, donde se enjuagan los negocios del partido. Los responsables de allá atendieron sus demandas. Finalmente pusieron orden en el margallate e hicieron firmar a los díscolos chicos tapatíos. Puede este logro político de Alfaro ser el inicio del fin de la batahola en que convirtió al PRD local el despotismo padillista en los últimos 15 años.
Vendrá enseguida el trabajo rudo de levantar un edificio en ruinas, desplazar a los enquistados o hacerlos a un lado. Ya se verá cuál sea la mejor receta. Al PRD local los padillistas lo llenaron de querellas y malas artes. A muchos los expulsaron. A otros les cerraron el ingreso. Cuanta gente se atrevió a tocar la puerta fue rechazada de mala manera, hasta hacerla desistir. Mentiras, traiciones, incumplimientos… trucos de marrullería, para lo que son especialistas. ¿Lo aprenderían en la FEG, de la que ahora repugnan?
Si del centro les hubieran ordenado jugar por su cuenta, los hubieran metido en un brete. Hubiera sido notable verlos batirse como leones, si eran capaces de aventarse a la uña el trompo de las elecciones estatales y medir su fuerza real. Las ilusiones reales de Padilla emigraron ya al PRI. Si por sus caprichos hubieran tenido que jugar solos sus pupilos con las siglas del PRD ¿hubieran logrado obtener los sufragios suficientes para mantener el registro del partido? Al final, los del centro también los hicieron ceder por fatiga. Sigue ahora el espectáculo general, que ya no tarda.








