El lado oscuro de Daniel Guzmán

Para aprovechar una de las oportunidades que tiene para trabajar en el país, el artista plástico y conceptual Daniel Guzmán exhibe en el Museo de Arte de Zapopan su Materia oscura, un conjunto de dibujos, esculturas y objetos recuperados, mediante el cual explora su vocación nocturna.

Daniel Guzmán, nacido en la Ciudad de México en 1964, vino por tercera ocasión a Jalisco a presentar su obra. Antes lo hizo en la galería Arena México y en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, y en esta ocasión en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ).

Materia oscura se titula la muestra que se inauguró el 26 de enero y permanecerá hasta el último domingo de abril. Los dibujos, esculturas e instalaciones que la integran se exhibieron antes en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO).

Según Gerardo Lammers, responsable de difusión del MAZ, la pieza fuerte de la exposición es la construida con ladrillo rojo y negro que Guzmán hizo específicamente para los patios del museo. Antes de la inauguración, José Luis Sánchez Rull, Patrick Charpenel y el artista presentaron el libro que lleva el título de la exposición.

En entrevista, Guzmán comenta que hace año y medio el MACO lo invitó a exponer, por lo que se dedicó a trabajar en una obra expresamente para ese espacio. Trabajó los ladrillos negros con artesanos de Oaxaca para darles la pátina oscura característica del barro oscuro que ellos utilizan. La pieza se quedó en la colección del MACO, pero Guzmán dice que se trajo al MAZ una parte de ese material, con el que creó la pieza para los patios.

“No quería solamente acarrear la obra (del MACO) y presentarla, sino trabajar en un espacio del museo se Zapopan”, señala. Por lo demás, afirma, otra parte de la exposición “está hecha con fierros viejos encontrados en los tiraderos de metal de la ciudad de Oaxaca, instalación que ocupa dos salas del museo.”

La muestra se llama Materia oscura “porque quería hacer un símil con esa idea de que gran parte del universo está compuesto por materia oscura, por energía oscura, y que la parte de la luz, de las galaxias y los planetas es la más pequeña, y esa parte es el enigma, en el que no sabemos qué hay. Yo pienso mucho en la idea de la pérdida, el pasado y la memoria como esa parte oscura que tenemos que ir recuperando todo el tiempo para encontrar un camino, un poco de luz en esa oscuridad”.

Guzmán tenía más de dos años sin trabajar en un proyecto serio de artes visuales cuando recibió la invitación del MACO. En el ínterin falleció su madre, originaria de Oaxaca, y su reflexión sobre la parte oscura lo llevó a pensar también en su pasado oaxaqueño, que ha estado oculto por lo menos en su trabajo artístico.

“Crecí en la Ciudad de México, y la parte más citadina y urbana le ha ganado a la parte indígena y oaxaqueña, así que el regreso a Oaxaca fue emocional y energético. Me gustó esa idea de ir a buscar respuestas a esa parte un poco oculta de mi persona”, agrega.

El trabajo de la memoria

 

La pieza que Guzmán hizo en el MACO es un cubo de ladrillo negro que colocó en el patio, que es un cubo blanco, para establecer el contraste. Respecto de la instalación con fierros, dice que se trata de materiales que tienen esa parte oscura de cosas olvidadas que alguna vez sirvieron, ahora nadie los quiere “y aún así mantienen una belleza en su factura y su diseño, por lo que me gustó rescatar todo esto para volver a confeccionar un paisaje. Son procesos que van de ida y vuelta en esto de recuperar cosas”.

En cuanto a los dibujos, el artista señala que en una serie de ellos juega con la figura de historieta Hermelinda Linda, “esta bruja mala que tiene un humor negro. A mí siempre me ha gustado trabajar la apropiación de la historieta mexicana. Yo crecí leyendo Kalimán, El Payo y Lágrimas y Risas, y siempre me ha gustado recuperar esta herencia. Escogí el motivo de Hermelinda Linda por su cara grotesca, un poco fea y ruda, pues me interesaba hacer un símil de cómo sería el rostro de Dios o el de los ángeles, si es que uno los pudiera ver. ¿Serán tan bellos como nos dicen, o tendrán también esa monstruosidad? Son reflexiones muy personales”.

Daniel Guzmán estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde tuvo como maestro a Gilberto Aceves Navarro, de quien dice: “fue una fortuna tenerlo, porque él me inculcó el cariño y el amor por el dibujo”.

Ahí conoció también a varios artistas de su edad como Abraham Cruzvillegas, Damián Ortega y Eduardo Abaroa, con quienes a principios de los noventa formó el proyecto de autogestión Temístocles 44, donde organizaban mesas redondas, talleres y exposiciones.

Daniel Guzmán no considera que su obra forme parte de la corriente conceptual, tan en boga, ya que utiliza materiales cercanos a los considerados tradicionales o convencionales:

“A mí me interesa la parte emocional, la parte de la experiencia, aun en objetos que aparentemente no contienen emociones. Yo estoy interesado en un rango que va desde José Clemente Orozco, que es el artista mexicano que más me gusta y me interesa, hasta un Gabriel Orozco, pero más me interesa la misión del artista.”

Por ello, dice, la discusión entre artistas tradicionales y conceptuales “es inútil, porque pienso que el arte conceptual también está inserto en una tradición, pues tiene ya 40 o 50 años de estarse produciendo, no es un fenómeno nuevo. Me siento dentro de un arte más expresivo, más emocional”.

Sobre los materiales, Guzmán señala que para usarlos se debe tener cierta consciencia “y saber por qué y para qué los quieres usar, su dominio. Por ejemplo: yo siempre he estado dibujando, no he dejado de hacerlo porque para mí es una cosa importantísima, y si alguien sigue pintando me parece perfecto; yo no soy de los que piensan que la pintura está muerta, que está acabada. Para mí la pintura es tan importante como los pintores lo sean y tengan la disciplina para hacerla, los medios están ahí”.

En cuanto a sus influencias, Guzmán explica que éstas no solamente son del ámbito visual sino también de la música, desde el rock hasta lo popular. “A mí me gustan mucho la música y la literatura. Creo que gran parte de mi trabajo está influido más por estas disciplinas que por la parte visual. De la literatura, me gustan José Agustín, Parménides García Saldaña, William Burroughs, Bukowski. Hay un gran abanico de cosas”.

En cuanto a los artistas contemporáneos, Daniel Guzmán asegura haber recibido la influencia de sus amigos artistas: “Finalmente son con los que he trabajado y con quienes me he hecho como persona y como profesional, más allá de encontrar referencias o intereses fuera de las fronteras de México”.

Daniel Guzmán recibió la invitación para participar en una exposición colectiva en Madrid con el tema de la arqueología contemporánea, que se abrirá en enero de 2013. Comenta que es una oportunidad muy importante para él, ya que nunca ha viajado a España, y dedicará lo que resta de este año a producir la obra que presentará en El Matadero, un espacio de arte contemporáneo en aquella ciudad.

En la experiencia de Guzmán destacan sus muestras individuales: Double Album: Daniel Guzmán y Steven Shearer en el New Museum de Nueva York y en el Museo de Ciencias y Artes en Ciudad Universitaria en 2008; Lost & Found en la galería Kurimanzutto de la Ciudad de México en 2006; y Daniel Guzmán. The Bakery, en la Annet Gelink Gallery de Ámsterdam en 2004. Él mismo comenta que es más conocido en el extranjero porque ha tenido más oportunidades de trabajar y exponer allá que en México.