Metanfetaminas, el nuevo meganegocio

A raíz de que el martes 7 el Ejército decomisó 15 toneladas de metanfetaminas en Tlajomulco, un análisis de la agencia privada estadunidense Stratfor Global Intelligence señala que “políticos y los funcionarios mexicanos” son beneficiarios no sólo del narcotráfico sino de la violencia “porque reciben sobornos del crimen organizado”.

El estudio geopolítico firmado por Ben West se dio a conocer el jueves 16 y destaca que la producción industrial, la distribución y el control del mercado de metanfetaminas por los cárteles mexicanos ha dado un “salto cualitativo” y que los narcos incluso han innovado sistemas para bajar costos de operación.

“Se trata de 15 toneladas de metanfetaminas pura en un solo laboratorio que, si bien las autoridades gubernamentales no vincularon a algún grupo criminal, se sabe que Guadalajara es un bastión controlado por  el grupo de Sinaloa (encabezado por El Chapo Guzmán)”, comienza el análisis de West.

La firma asentada en Austin, Texas, y encabezada por George Friedman, sostiene que si bien los narcos mexicanos fungen sólo como distribuidores en el negocio de la cocaína, con las metanfetaminas fácilmente pasan a ser también productores y controladores del mercado, ya que en la elaboración de esas drogas sintéticas no requiere grandes extensiones agrícolas, un clima propicio para el cultivo ni fuerte inversión económica.

En el estudio, West explica que durante décadas se han fabricado metanfetaminas en laboratorios de México y Estados Unidos. Admite que los esfuerzos de la DEA para combatir su producción tiene un “éxito limitado”, ya que el consumo de la misma aumentó durante las últimas dos décadas entre los estadunidenses.

Esta demanda y la presión de la DEA ha provocado que la elaboración de drogas sintéticas se realice fuera de su país, dice el estudio: “Dada la proximidad con México y la presencia de grupos del crimen organizado que buscan nuevos mercados, tiene sentido que ahora las metanfetaminas se produzcan a en una escala industrial en México, como parte del negocio.”

Agrega que la incautación de metanfetaminas en Tlajomulco revela un cambio profundo en la actividad de las bandas del crimen organizado en México, y el fenómeno podría marcar nuevos enfrentamientos entre “la federación” de Sinaloa, Los Zetas y el gobierno, en una lucha que ha dejado aproximadamente 50 mil muertos en el sexenio de Felipe Calderón.

El analista de Stratfor aclara que es erróneo llamar cárteles a esas organizaciones criminales: “Un cártel es una combinación de grupos que cooperan para controlar el suministro de una mercancía”, y el conflicto actual en México es por las rutas de contrabando de drogas, no hay señales de que “esas bandas de criminales estén cooperando para establecer el precio de la cocaína o la marihuana, como sí ocurre con los cárteles”.

Además, como la mayoría de estas bandas cometen una amplia gama de delitos, la DEA las describe como “organizaciones criminales transnacionales” (TCO).

Después de un resumen histórico, Stratfor destaca que mientras las TCO colombianas todavía controlan la producción de cocaína en laboratorios ocultos en la selva, las mexicanas son intermediarias en ese negocio, ya que las distribuidoras en las calles estadunidenses son las pandillas locales.

“Los productores de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia pueden trabajar (por separado) con los cárteles de Sinaloa y Los Zetas, que además de ocasionar gran violencia en México, benefician en parte a los políticos y los funcionarios mexicanos, quienes se aprovechan de la presencia de un grupo del crimen organizado para recibir sobornos”.

Explica que las TCO mexicanas están aumentando su participación en el mercado de la heroína, en el cultivo de amapola en México y en la producción de  heroína a base de alquitrán negro, aunque Afganistán controla alrededor del 90%  del mercado de heroína blanca.

“Lo que estamos viendo ahora en México son grupos delictivos que buscan la industrialización de la producción para controlar los precios y aumentar su poder”, afirma West, y como ejemplo cita las 15 toneladas confiscadas la semana pasada en Tlajomulco, así como la incautación, en diciembre pasado, de 675 toneladas de metilamina, un ingrediente clave en la fabricación de la metanfetamina. De 2010 a 2011, acota, las incautaciones de precursores químicos como la metilamina en el país aumentaron en 400%: de 400 a mil 600 toneladas.

Describe la actual situación de esa industria ilegal: “Cualquiera puede hacer la metanfetamina, pero es un gran reto organizativo, financiero y jurídico para hacerlo en el nivel industrial que parece estar sucediendo en México. La principal diferencia entre los laboratorios de Estados Unidos y los mexicanos es el tipo productos químicos que utilizan. En Estados Unidos se emplea un fármaco fuertemente regulado por la DEA como material de partida, mientras que los laboratorios mexicanos utilizan metilamina, un producto químico con muchas aplicaciones industriales que es más difícil de regular”.

La pseudoefedrina se presenta en pequeños paquetes individuales de pastillas para el resfriado, la metilamina se compra en tambos de 208 litros (55 galones). El proceso mexicano requiere de químicos experimentados que han dominado la metanfetamina a gran escala, lo que les da una ventaja sobre los aficionados de poca monta que trabajan en los laboratorios de metanfetamina Estados Unidos, añade el autor del estudio.

Materiales precursores como la metilamina son baratos y los productores de Asia oriental parecen dispuestos a venderlos en México y hay menos riesgo de perder el producto por condiciones meteorológicas adversas o por los esfuerzos de erradicación del narcotráfico, concluye. (Con información de Felipe Cobián R).