“Las flores de la guerra”

HONG KONG.- El cine ha sido uno de tantos espectáculos durante la celebración de este nuevo año del dragón entre desfiles, fuegos de artificio, suntuosos banquetes (la creatividad de la cocina cantonesa es inagotable) y una constante mención de los valores familiares y nacionales del continente chino; se espera un nuevo boom de bebés que nazcan acarreando la fuerza y la prosperidad del dragón (mucha imaginación y poder cinético).

Entre las cintas de mayor impacto destaca Las flores de la guerra (China, 2011); la cinematografía china se da el lujo de globalizarse a la par de su economía; por primera vez en la historia del cine de este país, un actor occidental figura en el papel estelar. No había pierde con el británico Christian Bale, el famoso Batman debió embolsarse buena parte del presupuesto de la cinta, nada grave si se piensa que los casi cien millones del costo de producción se recuperaron en las primeras semanas de exhibición en China y Hong Kong.

El embalsamador John Miller (Christian Bale) queda atrapado durante la invasión japonesa de Nankín cuando se dirige a enterrar al sacerdote encargado de una escuela católica de niñas. Disfrazado de cura, el alcohólico y cínico trotamundos tendrá que defender de la perfidia y de los excesos de los soldados japoneses a un grupo de trece niñas; otro grupo de prostitutas se refugia en la iglesia.

Pese a los esfuerzos del equipo de producción, era de esperarse que Hollywood no incluyera esta cinta dirigida por el mítico Zhang Yimou en la lista de mejor película extranjera nominada para los Óscar de este año. Más allá del estereotipo tantas veces visto en cintas del gringo duro que reacciona ante la injusticia y se convierte en héroe, la satanización de los japoneses termina por incomodar al espectador no chino; no porque los soldados nipones no hayan cometido las atrocidades que describe Las flores de la guerra y cosas peores, sino porque resuena demasiado cercana a la construcción del nazi del cine estadunidense.

Las flores de la guerra es una película problema que no puede dejar de verse; sin proponérselo, funciona como diagrama de redes, paradojas y cruces de la cultura de la globalización. China recurre a fórmulas similares a las empleadas por la propaganda gringa en Hollywood después de la Segunda Guerra Mundial para reforzar su identidad cultural y justificar su papel en el plano internacional. La masacre de Nankín, con sus 140 mil muertos e imágenes atroces de violaciones multitudinarias y cuerpos destazados,  se cuenta entre los peores crímenes de la humanidad. El tema ha sido relativamente poco tratado por el cine (la cinta de Lu Chuan, La ciudad de vida y muerte, es casi una excepción), pero si no se descubre un lenguaje innovador para expresar la rabia y la humillación, se corre el riesgo de caer en la banalización. Por la misma razón el público occidental se ha curtido con el cine comercial del género equivalente de denuncia anti nazi; el intento chino de globalización por este ángulo está condenado al fracaso fuera de China.

El problema principal, sin embargo, de Las flores de la guerra es que la presencia de una estrella del cine estadunidense estorba para apreciar las mejores cualidades de este trabajo de Zhang Yimou. A pesar de los problemas de verosimilitud en el guión, Christian Bale hace lo que puede por sostener a su personaje, pero su actuación se ve falsa frente al talento de las actrices chinas formadas en una escuela mucho más rigurosa. Zhang Yimou innova en el manejo de la acción, las mejores escenas son secuencias de heroísmo sin diálogos, Las flores de la guerra propone una nueva poesía visual en el viejo tema del amor y la muerte.