Señor director:
Con sentido de urgencia, quiero dirigirme a la nación para defender a nuestro compatriota Edgar Tamayo Arias ante la incompetencia de las autoridades mexicanas para enfrentar su caso, ya que no han podido hacer nada importante en un proceso judicial realizado en Houston, Texas, por el cual Edgar Tamayo fue condenado a muerte por el supuesto homicidio de un policía que lo había aprehendido.
El caso de Edgar Tamayo es muy singular. Fue detenido por la policía de Houston debido a la denuncia de que, presuntamente, el 31 de enero de 1994 robó la chamarra de uno de sus compañeros de parranda.
En seguimiento de la denuncia, llegó la policía, esposó a Edgar Tamayo con las manos hacia atrás y lo subió a una patrulla, después de revisarlo. En el camino, el chofer de la patrulla murió asesinado de un balazo en la cabeza. La pareja del patrullero acusó a Edgar y, después de nueve meses (el 1º de noviembre de 1994), el juez de la Corte lo declaró culpable. Fue condenado a muerte.
Los padres del sentenciado, Héctor Tamayo Pedraza e Isabel Arias Corona, residentes del municipio de Miaclatlán, Morelos, quienes han viajado 11 veces a Houston para seguir el caso, señalan que el juicio se ha dado de manera parcial y con absoluta tendencia a culpar a su hijo y favorecer al policía compañero del conductor de la patrulla.
Supuestamente, Edgar –quien viajaba en la parte trasera del vehículo y esposado con las manos hacia atrás– llevaba en la pretina del pantalón un arma con la cual asesinó al policía. A pesar de que la prueba correspondiente resultó negativa, en el sentido de que Edgar no usó el arma, la Corte estadunidense lo responsabilizó del homicidio, sin tomar declaraciones a testigos de los hechos que presentaron a tiempo los padres de Edgar.
¿Cómo es posible que haya usado el arma si fue revisado antes de subir a la patrulla? ¿Cómo pudieron comprobar que él disparó, con todo y el resultado de la prueba y a pesar de que estaba esposado con las manos hacia atrás? ¿Por qué no dejaron que declararan los testigos? Estas y otras interrogantes se pueden plantear respecto de ese “juicio”.
Por lo anterior, hago un llamado a la conciencia nacional, exijo la intervención de las autoridades mexicanas, y me dirijo particularmente al presidente Ernesto Zedillo porque tanto el consulado mexicano como la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Comisión Nacional de Derechos Humanos no han obtenido ningún avance positivo en este caso. (Carta resumida.)
Atentamente
Hugo Barberi Rico
Jojutla, Morelos.








