Con casi 50 años de lucha al lado de las fuerzas progresistas, el ingeniero Heberto Castillo entró a la contienda por la presidencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD), al que califica de caudillesco, extremista, electorero, ausente de definición; falto de habilidad para negociar, de unidad y amplitud y, también, sin propuestas para enfrentar algunos de los grandes problemas de la nación.
“¿Por qué yo? Por una razón: considero que el partido tiene una imagen que no le corresponde”, afirma quien hace siete años participó en la creación del PRD, al que dirigió un año después en el Distrito Federal y del cual hoy es senador por el estado de Veracruz.
Pero también, dice, porque el país “se encuentra al borde de la ruina moral” e indefenso ante Estados Unidos; envuelto en la anarquía, la desesperanza y con una soberanía mermada; donde la dignidad nacional se halla diezmada y con manifestaciones de descontento en casi toda la República.
Estas son las razones fundamentales, explica, por las que se registró el miércoles 17 para competir por la presidencia perredista, con la tesis central de hacer que el PRD tenga una dirección colectiva; que no sirva nada más a los desamparados, porque se requiere sacar del marasmo a la planta productiva, y llamar a los intelectuales y profesionales a que aporten propuestas para resolver los grandes problemas de la nación.
Se ha considerado al partido como un instrumento de los dirigentes, lamenta Castillo, al subrayar que a ocho años de fundado, la clase obrera está desamparada, porque el PRD no ha levantado su voz para defenderla, porque “los compañeros que venían del PRI se opusieron, ya que decían que era repetir experiencias priístas o las técnicas del Partido Comunista. Igual ha pasado con los campesinos, quienes sólo encontraron refugio ahora que surgió Marcos”.
Es el caso también, afirma, de los burócratas, mujeres, estudiantes, maestros y de la población india, ya que ni siquiera se han hecho foros como los que promueve el EZLN. “Esas cosas debió hacerlas el partido y sólo se preocupó por lo electoral. Es un partido electorero, exclusivamente”.
–¿Ha fracasado el PRD como partido?
–Sí, como no. Nació con gran fuerza y expectativa, pero ha perdido votos. Nos pueden haber hecho fraudes pero, por ejemplo en Michoacán, el fracaso no se debe al gobierno, sino a las pugnas internas, a la falta de disciplina, a que los dirigentes no metieron orden y a que, incluso, los que tienen autoridad moral no llamaron la atención. Esto hay que corregirlo.
“Pero no se pueden corregir las fallas si no se reconocen. Salir a la calle a decir un montón de mentiras, como que hay democracia interna, que todos nos llevamos muy bien, que no hay ambiciones personales, eso no va a resolver nada.”
Considera que en el PRD hay cosas que todos aceptan de palabra, pero no en los hechos. Reconoce que hay “vicios antidemocráticos”, y aunque no se expulsa a la gente como en otros partidos, se margina a los que no coinciden con algún líder.
Cercano a los 68 años de edad, Heberto ha destacado como asesor del general Cárdenas, fundador del Movimiento de Liberación Nacional, del Partido Mexicano de los Trabajadores, del Partido Mexicano Socialista –del que fue candidato a la Presidencia de la República antes de declinar en favor de Cuauhtémoc Cárdenas en junio de 1988– y del PRD, que ahora pretende encabezar.
En la década de los sesenta apoyó las luchas de los ferrocarrileros y los médicos; fue preso político luego de involucrarse en el movimiento estudiantil de 1968, y ha encabezado intensas campañas en defensa del petróleo.
El PRD, afirma, “ha ido tomando una caracterización, cada vez más extremista, de afiliarse a grupos muy enfrentados a la política del gobierno, pero sin vincularse a las grandes luchas obreras, campesinas o de otros sectores productivos.
“La imagen que tiene la gente de la calle es de un partido que no representa los intereses de la clase media. Y el PRD debe hacerlo. Sobre todo de los que han sido golpeados por el TLC y por la política neoliberal que se ha practicado desde Miguel de la Madrid.”
Al citar una reciente encuesta, dice que 70% de los consultados dijo no tener inconveniente en que México se incorpore a Estados Unidos, “lo que tiene que ver con el menosprecio y la falta de autoestima que tenemos debido a la pérdida de valores”.
En su opinión, ninguno de los otros candidatos a dirigir el PRD tiene una imagen que dé amplitud al partido, porque cuentan con una trayectoria de la izquierda marxista. A sus adversarios, les dice: “Estamos en lucha por la unidad en el partido. Pero no la queremos cupular, la que se logra en acuerdos de conveniencia, de grupos, de sectas. Deseamos la unidad del partido que tenga raíces en el país, en la lucha que ha dado el pueblo”.
Otro “grave defecto” del PRD, asegura, es que ha sido un partido muy “caudillesco”. Señala que la fuerza de Cuauhtémoc Cárdenas como candidato a la Presidencia de la República por dos veces, hizo que él tomara las decisiones, que prácticamente no hubiera un comité ejecutivo, además de la cerrazón para establecer una negociación con sectores gubernamentales, y de que se argumentara que la apertura democrática la tenía que hacer el PRD solo y no participaría de ninguna manera con el PRI o con el gobierno.
Todo esto hizo que se cerrara el camino a la política, que es concertación, no simplemente oposición. Entonces, advierte, este proceso ha hecho que el PRD pierda espacios donde puede tenerlos.
Sostiene que hay dos caminos para llegar al poder: la vía electoral y la armada. Pero en el PRD “ha habido una gran confusión a raíz del surgimiento del EZLN. Yo fui de los que propuso solidaridad con sus demandas, pero también una clara definición de que nosotros no estamos de acuerdo con la violencia, aunque no condenamos esa vía.
Si decimos que la vía es la pacífica y legal, hay que ser consecuentes con ello y no dar lugar a confusiones”.
Otra de sus propuestas, es rechazar un partido en el que a un dirigente se le ocurra, como ahora a Cárdenas, comprar la industria petroquímica, “y que el partido tenga que seguirlo, cuando nadie consultó a las bases, al Consejo Nacional ni al Comité Ejecutivo.
“Este es el camino que han recorrido en muchos países, donde por temor a discrepar con un dirigente se le sigue en todo y se llega a extremos que la historia nos enseña que son muy graves.”
Piensa que lo deseable es un partido que cuente con una dirección verdaderamente colegiada, en la que el presidente sea el vocero y a veces el ejecutor del mandato del Congreso, el Consejo y el Comité Ejecutivo.
Ante un PRI muy “resquebrajado”, considera que hay condiciones para avanzar. “Si el PAN lo ha hecho, no veo por qué nosotros no. Sólo por incapacidad no hemos podido hacerlo. Que no me digan que es porque los panistas se vendieron. Esa es otra de las cuestiones que rechazo terminantemente: la salida fácil. En el PRD tenemos que ser más responsables a la hora de discutir. La realidad es que el PAN ha ganado porque sabe ganar y el PRD no lo ha hecho porque no lo sabe hacer. Hemos aprendido a perder”.
Agrega: “Si logramos una buena elección, tendremos mucha fuerza para el 97. Ahora, si no tenemos capacidad para la democracia, pues no servimos y se acabó. Eso se va a anunciar en los comicios en caso de que resulten un desastre”.








