Argumentos textuales del fiscal especial… Las declaraciones de Hopkins, Soberanes, Palma y Arreola, entrelazadas en el informe de Chapa Bezanilla sobre el caso Colosio

El informe del caso Colosio, cuya autoría se atribuye al subprocurador especial Pablo Chapa Bezanilla, finaliza con las Conclusiones que Proceso dio a conocer en su número anterior. A continuación se reproducen los testimonios y los razonamientos en que se basaron las Conclusiones, en las cuales se solicitan las comparecencias de Manuel Camacho Solís, José María Córdoba Montoya y Carlos Salinas de Gortari.
En la copia del escrito que obra en poder de este semanario faltan las primeras 28 cuartillas.

PRUEBA SEIS
Móvil del homicidio

6.1 El 28 de noviembre de 1993, los tres sectores del Partido Revolucionario Institucional se pronunciaron a favor de la postulación de Luis Donaldo Colosio Murrieta como candidato a la Presidencia de la República, siendo el registro oficial ante el IFE el 4 de marzo de 1994.
La rebeldía e inconformidad de Manuel Camacho Solís se puso de manifiesto desde ese momento, en el que, rompiendo una regla de disciplina, no se presentó –como todos los priístas miembros del gabinete– a brindar su apoyo al candidato del partido. José Luis Soberanes, en declaración ministerial de fecha 10 de abril de 1995 y en relación a la renuncia de Manuel Camacho Solís a la Jefatura del Departamento del Distrito Federal un día después de la nominación de Colosio, señaló que la actitud del regente “constituía claramente un acto de indisciplina hacia el PRI”.
Samuel Palma César, en declaración ministerial de fecha 11 de abril de 1995, coincide en la rebeldía de Camacho Solís afirmando que “el 29 de noviembre el regente, en su renuncia a la Jefatura del Departamento del Distrito Federal, públicamente aceptó haber aspirado a la candidatura a la Presidencia de la República”; señala que esto demuestra su inconformidad y molestia por el hecho de no haber sido postulado, y con extrañeza, al igual que Soberanes, reciben la noticia de su nuevo nombramiento, ahora como secretario de Relaciones Exteriores. Sin embargo –manifiesta Palma–, “lo anterior no representa problema en el ánimo de Luis Donaldo Colosio, pues a pesar de su rebeldía y sus aspiraciones manifiestas, Manuel Camacho Solís, como secretario de Relaciones Exteriores, legalmente estaba imposibilitado para aspirar a la candidatura”.
Al respecto coincide Federico Arreola, quien en declaración ministerial de fecha 5 de abril de 1995 señala que “Colosio buscó a Manuel Camacho Solís, pero no lo encontró; sabía que estaba en Cuernavaca; entonces, ya no tuvo duda de que estaba en rebeldía; ésta fue permanente hasta el 23 de marzo”. Todos los colaboradores del candidato comparten la opinión de que en ese momento sentían aún el apoyo de Carlos Salinas de Gortari.
Cesáreo Morales, Guillermo Hopkins, Samuel Palma y Federico Arreola, en declaraciones ministeriales ya citadas, señalan que en un primer bosquejo de itinerario de la campaña, elaborado por Colosio y sus colaboradores a finales del mes de diciembre, se acordó arrancar la campaña en la primera semana de enero en la ciudad de Tapachula, Chiapas.
Después del brote de violencia el primero de enero, con el objeto de analizar el impacto de los acontecimientos en el estado de Chiapas sobre la campaña, Luis Donaldo Colosio se reúne el 2 de enero con su grupo de asesores para evaluar la conveniencia de iniciar la campaña en ese estado. Luis Donaldo Colosio Murrieta –según manifiesta Samuel Palma en declaración ya citada– se inclinaba por iniciar su campaña en esa entidad federativa, pero al comentárselo al presidente, éste le sugirió posponer el inicio de ésta y ya no iniciarla en Chiapas. El candidato se sintió incómodo ante esa recomendación y tuvo que pensar en otras alternativas, decidiendo finalmente iniciar en Huejutla, Hidalgo. Al respecto, Guillermo Hopkins señala: “Recuerdo que hubo fricciones, ya que no se dejaba iniciar la campaña, y mucho menos en Chiapas; quien no permitía el arranque fue Carlos Salinas de Gortari”. Federico Arreola afirma que Carlos Salinas de Gortari le pidió al candidato no arrancar la campaña, que el gobierno le marcaba los tiempos a Luis Donaldo Colosio.
En Huejutla, Hidalgo, el 10 de enero de 1994, Luis Donaldo Colosio Murrieta inicia su campaña. Todos sus colaboradores coinciden en que es en Hidalgo donde el candidato se entera de que ese mismo día Manuel Camacho Solís fue nombrado por el presidente de la República, con título honorario, comisionado para la Paz y Reconciliación en el estado de Chiapas.
Esa misma noche, en Ciudad Valles, San Luis Potosí, el candidato a la Presidencia le manifestó a Guillermo Hopkins que estaba muy molesto por la decisión que el presidente había tomado al responsabilizar a Manuel Camacho Solís de una tarea tan trascendente. “Carlos Salinas de Gortari nunca me dijo que Camacho sería comisionado, me afirmó que lo utilizaría en las negociaciones como secretario de Relaciones Exteriores”; “las circunstancias de mi campaña cambian rotundamente, espérate a leer la prensa del Distrito Federal”, manifestó el candidato.
La molestia de Colosio fue tan evidente que comentó a algunos de sus colaboradores y amigos la posibilidad de renunciar a la candidatura. “¿Qué pasa si renuncio?”, preguntó el candidato. Samuel Palma contestó: “No sé lo que se deriva de ello; probablemente el candidato sustituto sea Camacho Solís”. A lo anterior, Luis Donaldo respondió: “Precisamente por eso no renuncio”.
El candidato le manifestó a Guillermo Hopkins que, si pensaba en la renuncia, era por el “hostigamiento que después se vendría…”.
José Luis Soberanes señala que el nombramiento de Manuel Camacho Solís rompió una regla no escrita del sistema político mexicano al habilitar para una eventual sustitución de la candidatura a una persona que había sido uno de los finalistas importantes antes del 28 de noviembre. Todos los colaboradores de Colosio coinciden en esto, afirmando que se inició la llamada campaña contra la campaña.
A partir de este momento, otro enemigo a vencer fue la prensa. Teresa Ríos afirma que los colaboradores del candidato se percataron de que ésta no se conducía como solía suceder en anteriores campañas presidenciales; las notas periodísticas no eran todas para el licenciado Colosio, sino que eran dirigidas hacia Manuel Camacho Solís. Federico Arreola abunda: “No es posible que este partido tan fuerte no haya podido conseguir que los actos de su candidato a la Presidencia salieran destacados en la prensa nacional, cuando en la local las actividades del licenciado Colosio era lo más importante. Realmente se apreciaron dos campañas: la de la prensa nacional, que era gris y mala, y la de la prensa local, en la que se reflejaba una buena campaña. Los periodistas nacionales que cubrían la gira no se explicaban por qué en sus medios no le daban importancia”.
Concurren los colaboradores y amigos de Colosio en que los actos proselitistas del candidato eran multitudinarios y de carácter festivo, al contrario de lo que la prensa nacional destacaba al hablar de una campaña desangelada, floja, que no penetraba, que no impactaba, mientras la realidad y las encuestas electorales daban cuenta de una circunstancia totalmente opuesta. “La primera semana se sentía una contracampaña para minimizar la del licenciado Colosio, pero en la segunda semana ya había casi el convencimiento de que Luis Donaldo Colosio sería sustituido por Manuel Camacho Solís”, afirma Federico Arreola en declaración de fecha 5 de abril de 1995.
Esta situación evidentemente inquietaba de manera particular al candidato; incluso llegó a expresarle su preocupación de ser sustituido a Carlos Salinas de Gortari. El mandatario, restándole importancia al sentir de Colosio, le respondió que eso sucedía cada seis años, que no tenía razón para preocuparse.
Otro motivo de preocupación fue el equipo de seguridad del candidato y de su familia. Teresa Ríos, secretaria privada del licenciado Colosio, señala que durante la gira surgieron muchas fallas, que incluso habiendo avanzadas de seguridad, en ocasiones, para llegar a ciertos lugares, se perdieron. Por otra parte, Federico Arreola recuerda que un problema serio en la campaña era que no parecía haber entendimiento entre el licenciado Colosio y el jefe de seguridad Domiro García Reyes; incluso afirma que en una ocasión el doctor Castorena, preocupado, le comentó al general García Reyes que le habían hablado sobre un posible atentado en contra del candidato en su visita a Michoacán. Domiro García, despreocupado, le contestó: “Esas son cosas normales, no se preocupe, no podemos hacer caso de todo”. Fernando Gamboa coincide y señala que la seguridad del licenciado Colosio y de la señora Riojas era poco eficiente, narrando que en una ocasión en Tampico, después de una cena en el hotel Camino Real, Colosio y su esposa salieron por una puerta y su seguridad los esperaba en otra equivocada. Recuerda también un evento en el hotel Quinta Real de San Luis Potosí, en el cual no estaba presente ningún elemento de seguridad del candidato, pues todos se encontraban cenando en otro salón alejado del comedor principal. Otro hecho similar se dio en Aguascalientes, cuando al encontrarse cenando el candidato con Federico Arreola y Ricardo Canavatti, una recamarera los abordó para entregarles la llave del cuarto que habían dejado pegada, y aprovechó la ocasión para pedirle trabajo al candidato para su hija desempleada; en ese momento ningún miembro del equipo de seguridad estaba presente; cualquiera podía acercarse al candidato.
Aunado a lo anterior, Federico Arreola y Teresa Ríos coinciden en que Luis Donaldo Colosio no se entendía con su jefe de seguridad, Domiro García Reyes. (Teresa Ríos) señala que el candidato no le tenía confianza al general García Reyes, e incluso el propio Domiro le manifestó en diversas ocasiones a la secretaria privada del candidato: “Su jefe no me quiere”.
En relación con este aspecto, Federico Arreola recuerda una plática con el candidato en la que el periodista le comentó a Colosio su preocupación por considerar inadecuado el cuerpo de seguridad. Muy significativa fue la contestación del candidato al comentar: “Estaré muy al pendiente de los elementos del Estado Mayor que me fueron asignados”.
De igual forma, se considera un hecho sin precedentes la reducción significativa de los gastos de campaña del candidato, máxime con una intervención –sin explicación– del entonces secretario de Gobernación, Jorge Carpizo Mac Gregor. Señaló José Luis Soberanes, en su declaración de fecha 10 de abril de 1995, que el miércoles 26 de enero de 1994 se reunió, en compañía del licenciado Fernando Ortiz Arana, con el secretario de Gobernación para comunicarle que el candidato estaba de acuerdo en que el factor de financiamiento de la campaña fuera de 0.5, siempre y cuando se negociara con los partidos de oposición que votaran a favor el día siguiente. Cabe aclarar que el IFE, en la reunión de 1993, acordó que el factor sería del 1.0, y aceptar la reducción en cinco puntos limitaría mucho el gasto de campaña planeado. Se le comunicó al secretario de Gobernación que el factor 0.5 presionaría mucho el gasto de campaña, motivo por el cual, si no había acuerdo con el PAN y con el PRD, el PRI mantendría su posición en el factor 1.0; así quedó establecido con el doctor Carpizo; sin embargo, a la mañana siguiente, al llegar a la reunión del Consejo General del IFE, en las carpetas frente al lugar de los asistentes se proponía que el factor fuera del 0.4, factor que aún estuvo sujeto a negociación y debate, y el PAN y el PRD votaron en contra. Manifiesta el declarante que se sintieron engañados por el doctor Carpizo, siendo una situación tan violenta que el licenciado Carlos Salinas de Gortari llamó a Luis Donaldo Colosio y a Fernando Ortiz Arana para “disculpar la actitud del secretario de Gobernación”.
Por otra parte, de diversos documentos de trabajo de Colosio Murrieta se desprende que en sus acuerdos con el entonces presidente solicitaba cambios en el CEN del PRI y en el equipo de campaña; incluso se cuenta con borradores de puño y letra del candidato en los que proponía los cambios. Colaboradores de Colosio, en declaraciones ministeriales de fechas ya apuntadas, afirman que dichas peticiones siempre fueron aplazadas por el mandatario, hasta que le informó a Colosio que después de transcurrida la Semana Santa se autorizarían los tan esperados ajustes propuestos por el candidato.
Debe señalarse que el día 4 de marzo de 1994 estaba ya programada la visita de Colosio a diversas poblaciones del estado de Chiapas y, por decisión del licenciado Salinas de Gortari, se canceló dicha visita, por lo cual se siguió colocando al candidato en desventaja, ya que los demás candidatos ya habían visitado ese estado.
Al respecto, Federico Arreola recuerda que después de conceder una entrevista a la revista Proceso el 3 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio le comentó: “Mañana, después de mi registro, nos vamos a Chiapas”.
La visita a Chiapas se suspendió, y el candidato le manifestó a Arreola: “El presidente no quiso que fuera a Chiapas”.
Guillermo Hopkins recuerda que, el 4 de marzo, Eduardo Robledo Rincón, presidente del PRI en Chiapas, le informó que Colosio había decidido no realizar la gira a ese estado para no entorpecer las negociaciones que habían recientemente concluido. Hopkins señala que ese hecho es muy significativo, ya que refleja uno más de los engaños que sufrió el licenciado Colosio, ya que la gira a Chiapas se hubiera realizado sin ningún problema y las supuestas negociaciones que se habían logrado, de ninguna manera hubieran sido entorpecidas. Esta apreciación la comentó con Luis Donaldo Colosio ese mismo día por la noche, y el candidato le mostró abiertamente una gran desconfianza hacia el régimen y hacia los engaños de los que había sido víctima.
Al describirle al licenciado Colosio el clima en Chiapas, los actos programados, la calidad de los asistentes y la seguridad de que la gira se hubiera realizado sin ningún contratiempo, recuerda que el candidato a la Presidencia solamente expresó: “Me han estado engañando”.
Eduardo Robledo Rincón, en declaración ministerial de fecha 14 de junio de 1995, señala que desde el mes de febrero se empezó a valorar la conveniencia de que Luis Donaldo fijara una posición para los problemas en Chiapas con una visita al estado; pensaban que la mejor fecha para el registro del candidato era el 4 de marzo, fecha de aniversario del partido, y una vez llevado a cabo el registro de su candidatura realizarían inmediatamente una visita al estado de Chiapas, que a la vez serviría de preámbulo al discurso del día 6 de marzo.
El exgobernador recuerda que el licenciado Colosio estaba muy animado y firme en su decisión de visitar Chiapas una vez que conoció los pormenores de la gira. Robledo Rincón refirió que todos los actos llevados al cabo como preparativos a la visita del candidato se celebraron sin ningún incidente, “hecho este que se puede acreditar documentalmente, e inclusive por los propios directivos del PRI que asistieron”.
Samuel Palma refiere que, “para el mes de marzo de 1994, Luis Donaldo tenía previsto un fortalecimiento de su campaña, y desde las primeras veces que se habló de la estrategia para ésta, se previó que la fecha de conmemoración de la fundación del PRI sería un momento importante. Para Luis Donaldo, esa celebración siempre había tenido un significado; por eso en campaña quería afirmar esa idea. Así, el discurso del día 6 de marzo se plantea como un ejercicio que logre sintetizar el pensamiento político de Luis Donaldo Colosio. Se trataba de un ejercicio de definición de su pensamiento y, al mismo tiempo, de afirmación de la identidad política del propio Luis Donaldo; a ello obedece que, pese al hecho de que en uno de los proyectos del discurso del día 6 de marzo se incorporaba un párrafo de reconocimiento al entonces presidente Salinas, Luis Donaldo lo eliminó asumiendo que así lo requería el momento político, y que después él le explicaría la decisión a Carlos Salinas de Gortari… Después de esa intervención se recibieron muchos comentarios positivos, pero también voces preocupadas por la posible reacción del presidente de la República”. Una de las voces preocupadas fue la de Pedro Joaquín Coldwell, quien le comentó a José Luis Soberanes, según consta en su declaración ministerial de fecha 11 de abril de 1995, que había tenido una plática reciente con el “presidente de la República, quien le manifestó estar molesto por el discurso del 6 de marzo”.
Debe recordarse que los analistas políticos, periodistas y la opinión pública en general interpretaron el discurso del 6 de marzo como un rompimiento de Colosio con el presidente de la República. Federico Arreola, en declaración ministerial ya citada, afirma que el candidato le comentó: “Eso es lo que la gente quiere, que rompa con Carlos Salinas de Gortari y su gobierno; lo haré, pero con mucho cuidado para no lastimarlo”. De igual forma, Arreola recuerda que, cuando el candidato fue entrevistado por Elías Chávez, de la revista Proceso, tenía preparada una respuesta por si se le preguntaba qué haría José María Córdoba Montoya en su sexenio; la respuesta sería: “Córdoba va a trabajar con el presidente Salinas hasta el día 30 de noviembre”.
Cesáreo Morales, en declaración ministerial de fecha 31 de mayo de 1995, al respecto manifiesta: “Con el discurso del 6 de marzo, en la subcoordinación de estrategia se consideró prácticamente que la campaña contra la campaña había quedado atrás a pesar de que el conflicto de Chiapas (estaba) presente en la prensa y en la opinión pública”.
Luis Donaldo tenía ya diseñada la estrategia para enfrentar la actuación de Manuel Camacho Solís, e incluso se hace referencia a que el día 5 de marzo pensaba anunciar los tan buscados ajustes en el CEN del PRI y en el equipo de campaña, sus propuestas para reformas electorales y buscar la entrevista con los demás candidatos. Samuel Palma afirma que “la idea original, y aparentemente aprobada por el propio Luis Donaldo, era hacer los cambios exactamente después del 6 de marzo; sin embargo, las circunstancias que se vivían en términos de las relaciones entre el presidente Salinas y Manuel Camacho Solís aplazaban esta decisión”.
Todos los colaboradores del candidato coinciden en que Carlos Salinas de Gortari rompió la regla de oro en la política al apoyar abiertamente a Manuel Camacho Solís, quien con su nombramiento Ad Honorem se encontraba dentro del presupuesto constitucional para aspirar a la Presidencia.
Mencionaron todos la gran influencia que ejercía Manuel Camacho Solís sobre el presidente –situación conocida por muchos–, y coincidieron en el alejamiento del presidente Salinas del candidato a la Presidencia. Incluso, en entrevista, algunos manifestaron que este alejamiento se hizo ya evidente al regreso del viaje que Carlos Salinas de Gortari hizo al Medio Oriente acompañado del entonces secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Camacho Solís.
El apoyo de Salinas a Camacho fue claro cuando Luis Donaldo Colosio, molesto, le dio instrucciones a José Luis Soberanes de hablar con Otto Granados, pues tenía información de que el gobernador se había reunido con Manuel Camacho Solís para ofrecerle todo su apoyo.
Soberanes se entrevistó con el gobernador de Aguascalientes el 21 de marzo, y Otto Granados, preocupado, le contestó que efectivamente lo había hecho, pero por instrucciones de Carlos Salinas de Gortari. Igual que él, recibieron órdenes del presidente para apoyar a Manuel Camacho Solís, el licenciado Patricio Chirinos y Emilio Gamboa Patrón. La situación anterior se hace constar en la ampliación de declaración de José Luis Soberanes de fecha 11 de abril de 1995.
Por anotaciones del puño y letra del propio Luis Donaldo Colosio, se demuestra que claramente sabía cómo atacar el problema en Chiapas, preveía soluciones y le inquietaban –por incomprensibles– algunos aspectos del manejo del conflicto; dudaba de lo que el comisionado señalaba como planteamientos del EZLN, e incluso en su manuscrito cuestionó: “¿Cómo saber que lo que él dice que le están planteando es verdad?”, “¿por qué él plantea cuestiones que el EZLN no ha expresado?”, “Manuel Camacho Solís va a hacer durar esto todo lo que él quiera”.
Cabe señalar que los colaboradores de Colosio señalan que en la coordinación general se palpaba con toda claridad un rompimiento entre el presidente Carlos Salinas y el licenciado Luis Donaldo Colosio; que las circunstancias habían hecho cambiar lo tradicional de la campaña de un candidato del PRI; la concordia entre ambos estaba rota y la actuación de Manuel Camacho Solís seguía presentándose como una carga. El comisionado era una opción para la oposición y para el propio presidente de la República, hecho que implica un conocimiento real de que la campaña que se había previsto, en la realidad no se vivía ni siquiera de manera somera.
El coordinador de la campaña de Luis Donaldo Colosio –al igual que todos sus colaboradores cercanos– compartía estas inquietudes, mismas que planteó en un documento dirigido al candidato fechado el 19 de marzo de 1994, en el que afirma que las condiciones de campaña resultan ser sustancialmente distintas a las que, quizás imprudentemente, previeron en diciembre, y los amplios grados de libertad que tuvieron en diciembre, sencillamente desaparecieron a partir del primero de enero, y más señaladamente el 10 de enero. El entonces coordinador, con preocupación, manifestó que la mayor dificultad obligaba a asumir una actitud rigurosamente crítica, reconociendo que el entorno de la campaña continuaba siendo particularmente complejo, señalando que en algún momento le pareció sensato ser sumamente condescendiente y hasta indiferente a decisiones cuya racionalidad no entendía o compartía, pero después del 10 de enero su visión de la tarea varió radicalmente, sin que ello haya permitido superar las condiciones que se fijaron en diciembre para contender con una situación muy difícil.
En su escrito planteó los principales rasgos de la situación que enfrentaban y hace recomendaciones respecto a cada uno de los cuatro puntos señalados. Cabe resaltar que una de las recomendaciones es asumir plenamente la oposición de Manuel Camacho Solís, ya que “no debe aceptarse que continúe ganando puntos con el presidente”. Señala que no obstante lo ocurrido el 28 de noviembre, Camacho decidió seguir jugando un papel protagónico en la política nacional aprovechando y cultivando las nuevas prioridades del presidente.
El coordinador señaló que Manuel Camacho visualizó diversas opciones, afirmando que una de ellas era la sustitución del candidato del PRI. Asimismo, habla de “influencia creciente de personas mal intencionadas en el ánimo del presidente”, y afirma: “Es de esperar que se esté dando una influencia muy tenaz para desacreditar el valor de tus capacidades y lealtad”. Propone Ernesto Zedillo al candidato establecer clara y precisamente una alianza política con el presidente: “Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que él concluya con toda dignidad su mandato”; “no debes pedirle más que confianza en tu lealtad y capacidad”; “como parte de la estrategia de campaña se requiere un candidato que la gente sepa no será manipulado por el presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio”; “cada vez que haya que señalar tareas pendientes y deficiencias del gobierno, mediará notificación previa y será receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo”.
Por todo lo expuesto anteriormente, cuando, el 22 de marzo de 1994, Manuel Camacho Solís públicamente declina su posible candidatura a la Presidencia de la República, la esperanza renace, aunque por pocas horas…
El homicidio del candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República fue cuidadosamente planeado. Nada fue eventual, ni la fecha, ni el lugar de los hechos, ni los acontecimientos posteriores a éste.
Guillermo Hopkins señala, en declaración ministerial de fecha 6 de abril de 1995, que, al trasladarse al aeropuerto internacional de la ciudad de Tijuana en compañía de Diego Valadés, procurador general de la República, y Manlio Fabio Beltrones, gobernador constitucional de Sonora, el procurador, hablando del homicidio, afirmó que fue la acción de un hombre solo.
En ese momento, y sabiendo que la Procuraduría General de la República sería la encargada de la investigación de los hechos, Hopkins tuvo la certeza de que la tesis a seguir sería la del homicida solitario. Momentos después expresaría a Ernesto Ruffo Appel la desconfianza de la investigación; era evidente que el homicidio fue una acción concertada.
Mientras tanto, en la Ciudad de México, el presidente de la República convocaba a los colaboradores de Luis Donaldo Colosio para manifestar su dolor por la pérdida del candidato y exhortarlos a conservar la unidad en un momento tan difícil. En esa misma reunión, ofrece a Santiago Oñate y a José Luis Soberanes la conducción de la investigación del homicidio de Luis Donaldo Colosio.
Según consta en declaración ministerial de José Luis Soberanes, Santiago Oñate acepta en principio el nombramiento como fiscal especial, pero declina al día siguiente ante la reflexión de Soberanes de “no aceptar para no ser tapadera”.
Al día siguiente, vuelven a ser convocados a Los Pinos, en donde el presidente de la República les informa que el fiscal especial para la investigación del homicidio del candidato sería Miguel Montes. De igual forma, José Luis Soberanes recuerda que Diana Laura Riojas le dejó entrever que ella nunca sugirió al exprocurador como fiscal especial.
Guillermo Hopkins refiere que hubo una gran insistencia por cremar inmediatamente el cuerpo del candidato y depositar sus restos en la Ciudad de México. Este hecho causó desconcierto, e inmediatamente trató de localizar a Diana Laura para manifestarle que su esposo no debía ser incinerado y el funeral debía celebrarse en Sonora.
El 25 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio fue sepultado con honores en su tierra natal, Magdalena de Kino.
Después del acto luctuoso, José Luis Soberanes es abordado por el general Roberto Miranda, quien le informa que debe viajar a Hermosillo, de donde regresará junto con el presidente a la Ciudad de México. En el avión presidencial viajaban, al igual que el primer mandatario, Raúl Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Fernando Ortiz Arana. Refiere José Luis Soberanes que Raúl Salinas de Gortari le pide apoyar a Manlio Fabio Beltrones como candidato a la Presidencia, y señala también que, durante el trayecto a la Ciudad de México, Carlos Salinas, contrariado, le manifiesta su conflicto por tener que tomar una decisión, pues su único candidato fue el sonorense. Soberanes, categóricamente, le respondió al presidente: “Eso no es cierto, señor presidente; usted tiene otro candidato: Manuel Camacho Solís”.
El 26 de marzo, el presidente nuevamente convoca a los colaboradores de Luis Donaldo Colosio para manifestarles que siempre apoyó al candidato e incluso consultó con él el nombramiento de Manuel Camacho Solís como comisionado para la Paz y Reconciliación en Chiapas.
Carlos Salinas de Gortari mintió. Todos los colaboradores de Colosio coinciden en haber escuchado de propia voz del candidato que el presidente no le informó, y mucho menos le consultó su decisión de responsabilizar a Camacho de tan alta encomienda.
El apoyo de Salinas a Manuel Camacho Solís continuó aún después de la muerte de Luis Donaldo Colosio. Está acreditado con documentales y cuatro testimoniales que el primer mandatario acosó a Diana Laura Riojas, obligándola virtualmente a firmar una carta en la que exculpaba al comisionado del homicidio del candidato.
Diana Laura Riojas de Colosio jamás firmó esa carta.
El homicidio de Luis Donaldo Colosio tiene implicaciones políticas. Como se señaló con antelación, los hechos fueron cuidadosamente planeados; nada fue circunstancial: el lugar, el momento, la fecha.
Al respecto, José Luis Soberanes y Samuel Palma, en declaraciones ya citadas, plantean las siguientes consideraciones:
Uno.- Implicaciones por un proceso de reelección presidencial. El primer ejercicio para medir la reacción ante una posible reelección fue la candidatura del ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá para aspirar a la gubernatura de San Luis Potosí, habiendo sido ya gobernador interino. El resultado fue negativo; la opinión pública condenó la reelección del gobernador.
Dos.- Del conocimiento de un proyecto de iniciativa de reformas al artículo 82 constitucional en su fracción sexta, para reducir de seis a tres meses la elegibilidad de funcionarios para ser candidatos a la Presidencia de la República.
Tres.- Derivado de las irregularidades en la investigación del homicidio de Luis Donaldo Colosio, destaca la reforma al Código Federal de Procedimientos Penales, que establece la facultad de atracción a la materia federal cuando exista concurrencia con delitos del orden común, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 10 de enero de 1994, para entrar en vigor el día primero de febrero de ese mismo año. Tal pareciera que dicha reforma fue exclusivamente prevista para que la investigación de los homicidios políticos estuviera debidamente controlada.
Cuatro.- Acuerdo administrativo que hace depender al CISEN y al Estado Mayor Presidencial de la Oficina de la Presidencia de la República.
Cinco.- Posible implicación del suicidio del licenciado Jesús Rubiel, director general de Organización Social de la Secretaría de Desarrollo Social, quien se quitó la vida dos o tres días después del 28 de noviembre de 1993. Jesús Rubiel tenía amplio conocimiento de la situación que privaba en las áreas de Chiapas que motivaron el conflicto del primero de enero de 1994.
Seis.- Se ha expresado que el homicidio de Luis Donaldo Colosio tuvo el propósito de desestabilizar al país. Esa tesis es insostenible en razón a:
A).- El homicidio no se hubiera cometido en el mes de marzo, sino hacia junio o en el mes de julio de 1994, momento en el que no habría tiempo para sustituir al candidato, y la crisis ante tal eventualidad hubiera sido manifiesta.
B).- El asesinato, acertadamente, fue después del registro de Colosio ante el IFE y aprobado el dictamen de su candidatura en la reunión del Consejo General celebrado el jueves 17 de marzo de 1994. Con esto se cancelaba la hipótesis de matar al candidato por motivos de inconformidad respecto a sus actitudes y determinaciones.
C).- El homicidio debía ser antes del anuncio de las candidaturas de diputados, senadores y representantes a la Asamblea del Distrito Federal; si hubiera sido posterior a éste, el peso político y la influencia de Colosio serían decisivos en la postulación de éstos y, por tanto, el perfil de los mismos enteramente colosista.
D).- El homicidio debía ser antes de la Semana Santa porque en ésta se reducía la presión de la opinión pública.
Siete.- El homicidio debía ser anterior a la visita de Colosio al estado de Sonora, donde la popularidad de Luis Donaldo era incuestionable; ahí ya no se detendría, porque Luis Donaldo era ya un ídolo popular. El cierre de campaña en su tierra natal sería apoteósico.

ANEXO 12: Copia fotostática de dos documentos a máquina titulados “Acuerdo con el C. Presidente”; copia fotostática de cinco cuartillas manuscritas; copia fotostática de documento titulado “Fundación Cambio XXI” y diversos organigramas; copia fotostática de documento titulado “Propuesta de integración de coordinadores regionales del CEN del PRI”; copia fotostática documento titulado “PRI-CEN”; copia fotostática de documento titulado “Encuesta Nacional de Evaluación”; copia fotostática de lista de nombres; copia fotostática de documento dirigido a Luis Donaldo Colosio con firma ilegible al calce y papel membretado Ernesto Zedillo Ponce de León; declaración ministerial de la C. Teresa Alicia Ríos Rico de fecha 16 de marzo de 1995; declaración ministerial del C. Federico Arreola Castillo de fecha 5 de abril de 1995; ampliación de declaración ministerial del C. Guillermo Hopkins Gámez de fecha 6 de abril de 1995; declaración ministerial del C. José Luis Soberanes Reyes de fecha 10 de abril de 1995; declaración ministerial del C. Víctor Manuel Palma César de fecha 11 de abril de 1995; ampliación de declaración ministerial del C. José Luis Soberanes Reyes de fecha 11 de abril de 1995; ampliación de declaración ministerial del C. Guillermo Hopkins Gámez de fecha 20 de abril de 1995; declaración ministerial de Alfonso Durazo Montaño de fecha 22 de abril de 1995; declaración ministerial del C. Melchor de los Santos Ordóñez de fecha 24 de abril de 1995; declaración ministerial del C. Fernando Gamboa Rosas de fecha 26 de abril de 1995; ampliación de declaración ministerial del C. Guillermo Hopkins Gámez de fecha 26 de abril de 1995; declaración ministerial del C. Cesáreo Morales García de fecha 31 de mayo de 1995; declaración ministerial del C. Juan Armando Pacheco González de fecha 9 de junio de 1995; declaración ministerial del C. Eloy Cantú Segovia de fecha 27 de junio de 1995.

6.2 Por dicho de amistades y familiares de Diana Laura Riojas, e incluso por una nota de su puño y letra de fecha 10 de enero de 1995, se manifiesta la preocupación, intranquilidad y angustia de la esposa del candidato, quien textualmente en una de sus notas escribió: “Dios, danos mucha fuerza, no me gusta cómo se enturbia el agua, hay demasiado chapoteo y el lago se está encharcando”. Asimismo, Armando Pacheco González, en su declaración de fecha 9 de junio de 1995, manifestó: “La señora Diana Laura permaneció siempre tensa y molesta porque no dejaban llevar bien la campaña al licenciado Colosio”; no entendía por qué el presidente Salinas no ponía orden y le permitía a Manuel Camacho Solís seguir jugando un papel protagónico; al respecto, Fernando Gamboa, en su declaración ministerial de fecha 26 de abril de 1995, manifiesta que el nombramiento de Manuel Camacho Solís como comisionado para la Paz en Chiapas causó preocupación a Diana Laura Riojas, ya que las condiciones en que se daba el nombramiento dejaban la posibilidad abierta de ser postulado a la candidatura a la Presidencia de la República.
Después de la muerte de Colosio, el presidente Carlos Salinas de Gortari buscó un acercamiento con Diana Laura Riojas. Colaboradores cercanos a la viuda de Colosio, así como familiares de la misma, han manifestado que Diana Laura se negaba a hablar con Carlos Salinas, sentía rencor a todo lo que fuera el gobierno, y no creía ni en las investigaciones que realizaban las autoridades ni en la historia de un solo tirador.
El mandatario acosaba constantemente a Diana Laura, insistía en visitarla –visitas a las que muchas veces ella se negó– y, según afirma Armando Pacheco en declaración de fecha 9 de junio de 1995, la señora Colosio le pidió le ordenara al personal no pasarle llamadas de nadie, ni de Carlos Salinas de Gortari; le incomodaban las llamadas del presidente. “Ya me quitaron a mi marido, no quiero saber nada de nada”.
Cuando Diana Laura decidió viajar a Europa, Carlos Salinas, con insistencia, quería conocer todos los detalles del viaje. ¿A dónde irían primero?, ¿qué lugares visitaría?, ¿por qué línea aérea viajaría?, infinidad de detalles que, como afirma Fernando Gamboa en su declaración de fecha 26 de abril de 1995, debían ser intrascendentes para el presidente…
En relación con la supuesta visita de Carlos Salinas de Gortari a Diana Laura cuando estaba hospitalizada en Médica Sur, los declarantes afirman que la señora Colosio se negó rotundamente a recibir al mandatario. Nunca lo recibió. No obstante lo anterior, frente a la puerta principal del hospital pintaron la señal para que bajara el “supuesto” helicóptero en el que “viajaría” Carlos Salinas, cuidando que esto fuera en viernes a las 16:00 horas, cuando hay más afluencia de pacientes y visitantes al hospital. De igual forma, la prensa nacional afirmó que el presidente había visitado, por largo tiempo, a Diana Laura. Esa visita nunca se efectuó, ante la negativa rotunda de la señora Colosio y su hermana Hilda Riojas.
Por otra parte, Diana Laura estaba muy molesta, ya que su expediente clínico se filtró a la prensa. La señora Colosio no deseaba que su estado de salud fuera conocido por la opinión pública, e incluso le reclamó a Carlos Salinas, pues dicho expediente solamente estaba en poder del médico de cabecera de Diana Laura, el doctor Misael Uribe, y del doctor Wolpert, médico personal de Carlos Salinas de Gortari. El presidente le prometió investigar…
Alfonso Durazo Montaño, en declaración de fecha 22 de abril de 1995, señala que Carlos Salinas de Gortari, después de la muerte de Luis Donaldo Colosio, estuvo presente con la señora Colosio, pero más en actitud de asedio que de atención y apoyo. Después de mencionar diversas cuestiones que molestaron a Diana Laura, califica de mezquino el comportamiento de Carlos Salinas de Gortari en relación con Diana Laura: “Su comportamiento no fue precisamente de un amigo, jamás podría calificarlo de amistoso, sí al contrario de mezquino y perverso. El dolor de la señora Colosio, aunado a su serio problema de salud, hubieran conmovido a cualquiera, a todos, menos a Salinas”.

ANEXO 13: Copia fotostática de declaración ministerial de Fernando Gamboa de fecha 26 de abril de 1995; copia fotostática de declaración ministerial de Alfonso Durazo Montaño de fecha 22 de abril de 1995 y copia fotostática de declaración ministerial de Armando Pacheco de fecha 9 de junio de 1995; copia fotostática de carta fechada 10 de enero con letra manuscrita y sin firma al calce.