Hemorragia de capitales ilícitos

La falta de control en las aduanas mexicanas y la opacidad del sistema bancario internacional son aprovechadas por la delincuencia organizada y los evasores fiscales para sacar ilegalmente del país miles de millones de dólares cada año. La tendencia se ha mantenido ascendente durante ya cuatro décadas, superando con mucho el ritmo de crecimiento del país, lo que limita seriamente su desarrollo, alerta el informe de la organización Global Financial Integrity.

En las últimas cuatro décadas ha salido de México capital ilícito –el que viene de actividades ilegales o el legal que se transfiere sin pagar impuestos– por un monto de 872 mil millones de dólares.
Más aún, los flujos financieros ilícitos (FFI) de México hacia el extranjero han aumentado “dramáticamente”: si en 1970 salieron alrededor de mil millones de dólares, para 2010 la cifra se disparó a 68 mil 500 millones, alcanzando su máximo en 2007, cuando del país salieron 91 mil millones de dólares.
Sólo en la última década (2000-2010), los capitales ilícitos salieron de México en un promedio anual de 49 mil 600 millones de dólares, equivalentes a 6.1% del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, esta sangría “superó el ritmo anual del crecimiento económico” del país que, según datos del Inegi, fue de 2% en ese periodo.
Tales son algunas estimaciones del informe México: flujos financieros ilícitos, desequilibrios macroeconómicos y la economía informal, realizado por Global Financial Integrity (GFI), una prestigiada organización no gubernamental con sede en Washington que se especializa en la investigación de movimientos trasfronterizos de recursos ilegales.
El informe de 96 páginas, publicado este domingo 29, señala que el método preferido para sacar capital ilícito de México es “la facturación fraudulenta” de productos de empresas exportadoras. Así, en las últimas dos décadas, salió por esa vía 80% de los recursos ilícitos.
Para dar una idea de la dimensión de las cifras que ofrece el informe de GFI, baste decir que los 870 mil millones de dólares de dinero ilícito que salieron de México en las últimas cuatro décadas equivalen a 83% del valor que en 2010 tuvo la economía del país (la decimotercera del mundo) y que el promedio anual de los flujos financieros ilícitos en la última década (49 mil 600 millones de dólares) es casi igual al paquete de rescate de 50 mil millones de dólares que Washington, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones financieras otorgaron en 1995 para salvar a la economía mexicana tras la crisis del llamado “error de diciembre”.
Incluso la cifra del presupuesto federal para combatir la pobreza en México (295 mil 202 millones de pesos en 2011, que al tipo de cambio actual equivalen a 21 mil 987 millones de dólares) palidece ante el monto de capitales ilegales que salieron del país en 2007 (91 mil millones de dólares) y en 2010 (68 mil 500 millones de dólares).
Pese a ello el informe de GFI advierte que sus cifras son “conservadoras”, pues no incluyen los flujos ilícitos procedentes del tráfico de drogas y otras actividades ilegales, como trata de personas, contrabando de bienes y comercio sexual, que “suelen liquidarse en efectivo y no quedan reflejadas en las estadísticas económicas”.
Con todo “sólo China (de donde fluyeron 2 billones 740 mil millones de dólares la década pasada) supera a México en la cantidad de dinero ilícito que sale cada año de su economía”, comenta el economista Dev Kar, experto en flujos financieros ilícitos y, junto con Sarah Freitas, autor del informe de GFI sobre México.
En entrevista con Proceso por correo electrónico, Kar expone: “Los flujos financieros ilícitos que salieron de México en la última década significan una cantidad de dinero que cualquier país en desarrollo no debe darse el lujo de perder. Esos flujos al exterior quitan a México los fondos que le son tan necesarios para fomentar el desarrollo económico y reducen los ingresos fiscales que el gobierno necesita para financiar la educación y la salud, aliviar la pobreza y luchar contra los cárteles de la droga”.
De crisis en crisis

El informe considera FFI a los que tienen origen en alguna actividad ilegal y a los obtenidos por actividades legales pero transferidos sin el pago correspondiente de impuestos o violando las normas de cambios de divisas.
Dado que los FFI no se registran, es difícil medirlos con precisión. No obstante, es posible calcularlos a partir de modelos matemáticos de simulación económica. GFI utiliza varios de éstos en su informe, entre ellos el “modelo residual” del Banco Mundial.
El informe explica: este modelo “refleja la diferencia entre el origen y el destino de los fondos de un país que, en un mundo perfecto, deberían ser iguales. En la práctica no es así. Si la fuente de fondos de un país es superior a su uso, esto implica que el capital que falta se ha filtrado fuera de las cuentas exteriores del país o de la balanza de pagos. Dado que no hay ninguna razón para que las transferencias de capital legal no queden registradas, se parte de la idea de que las transferencias de capital no registradas están relacionadas con fondos ilícitos.
“Así, el valor residual o la diferencia entre las fuentes registradas de fondos de un país (préstamos entrantes e inversión extranjera directa neta) y el uso de fondos (financiación de la cuenta corriente y el cambio en las reservas del banco central) permite seguir los movimientos de capital no registrados. Si la fuente de los fondos es superior a su uso, entonces se ha producido una transferencia de capital no registrado o ilícito desde el país.”
El informe señala que la salida de capital ilícito representó 5.2% del PIB anual de México las últimas cuatro décadas, pero llama la atención que en los 17 años posteriores a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) dichos flujos crecieron a 6.3% del PIB. Esta tendencia también se registró en relación con la deuda externa: en 1970 los FFI equivalieron a 15% de la deuda y para 2010 se incrementaron a 28.7%.
El estudio analiza las seis crisis económicas que sufrió México en esas cuatro décadas. Expone que la salida de capital ilícito se incrementó tanto durante el año en que sucedió la crisis como durante el siguiente. Por ejemplo, en la “crisis del peso” de 1994 –“la más grave que haya sufrido México en ese periodo”–, “los flujos de salida ascendieron a 3.8% del PIB, lo que prácticamente triplicó el promedio de 1.3% del PIB del periodo 1992-1993”. Pero en 1995, un año después, los flujos financieros ilícitos que salieron del país se dispararon a un monto equivalente a 12.5% del PIB.
Y en la crisis económica mundial de 2007, la salida de flujos ilícitos de México “se elevó hasta 8.8% del PIB, mientras que la media anual entre 2005-2006 fue de 5.5%”.

Facturación fraudulenta

El informe subraya “la facilidad” para sacar dinero ilícito de México a través de la facturación fraudulenta, que consiste en facturar por debajo de los precios establecidos en las exportaciones y por arriba de ellos en las importaciones. Dado que la población común no comercia con el exterior, los responsables de esta sangría son “principalmente empresas privadas, nacionales como multinacionales”, comenta Kar en la entrevista.
En el informe se hace notar que el uso de este método ha sido más frecuente después de 1994: “A pesar de que firmar el TLCAN supuso grandes ventajas para México, también fue un gran incentivo para transferir capital ilícito al extranjero. Entre 1994 y 2010 el TLCAN, al parecer, facilitó la salida de flujos ilícitos por 561 mil millones de dólares a través de la facturación fraudulenta”.
En gran medida esto es posible por la corrupción en las aduanas y los deficientes sistemas de control en ellas, se dice en el informe.
Y Kar especifica en la entrevista: “Una supervisión efectiva por parte de las autoridades aduaneras y medidas complementarias realizadas por otras dependencias gubernamentales, tales como la Secretaría de Hacienda o el banco central, son esenciales para reducir la facturación fraudulenta. Cualquier corrupción en la administración de las aduanas y en otras agencias del gobierno obstaculiza significativamente los esfuerzos para disminuir la manipulación de los precios en el comercio”.
De hecho, en su informe GFI expone una serie de recomendaciones para frenar la facturación fraudulenta. Entre ellas, un programa informático que ayude a las autoridades a detectar los precios anormales en las importaciones y exportaciones. “Este software ha sido desarrollado y el gobierno mexicano podría adoptarlo de manera rápida”, comenta Kar.
El estudio de la organización no gubernamental considera otros factores que inciden en la salida de capital ilícito del país. Mediante modelos de simulación relaciona las políticas macroeconómicas (oferta monetaria, gasto público, ingresos públicos, impuestos directos y nivel de precios) con factores estructurales, como la liberación comercial y desigualdad de la renta, y con la “gobernanza” y la economía informal.
Concluye que “los desequilibrios económicos y el crecimiento de la economía informal (que ocupa a 30% de la población activa) contribuyeron significativamente a la salida de flujos ilícitos del país” en el periodo analizado: de 1970 a 2010.
Por ejemplo, “existe una fuerte interacción entre la economía informal y el aumento de los flujos financieros ilícitos hacia el exterior, de forma que aquella impulsa a éstos y viceversa”. Y señala que “la economía informal está relacionada con la situación general de gobernanza (eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado)”, pues cuando ésta es débil y existen altos niveles de corrupción, la economía informal es mayor.
Kar completa: “El crecimiento de la economía informal ha sido un gran impulsor de las salidas ilegales en los últimos años (…) Después de todo, en la economía informal es donde se realizan las actividades ilegales y es razonable encontrar que entre mayor sea ésta, más puede financiar la transferencia trasfronteriza de capitales ilícitos. En la economía informal nacional es donde primero se genera el capital ilícito y donde surge la necesidad de generación de capital antes de que sea transferido”.

Capitales en fuga

¿Hacia donde van los capitales que salen de México? El informe de GFI indica los principales “destinos” con base en información publicada por el Banco de Pagos Internacionales. Sin embargo, advierte, es imposible distinguir cuáles capitales son lícitos e ilícitos, por lo que estos datos incluyen ambas modalidades.
Así, “Estados Unidos es, con mucho, el destino favorito de los depósitos en el extranjero del sector privado mexicano”: éstos pasaron de 8 mil millones de dólares en 2002 a 12 mil 700 millones en 2010, lo que implica un incremento de casi 60%.
El segundo es la serie de Centros Financieros Extraterritoriales (llamados comúnmente “paraísos fiscales”) ubicados en el Caribe (Bahamas, Bermudas, Islas Caimán, Curazao, Panamá y Antillas Neerlandesas): ahí los depósitos pasaron de 2 mil 700 millones de dólares en 2002 a 5 mil millones en 2010; un aumento de 85%.
El tercero lo constituyen los “paraísos fiscales” europeos de Guernsey, la isla de Man, Jersey, Luxemburgo y Suiza. En ellos, los depósitos del sector privado mexicano se incrementaron de 2 mil 200 millones de dólares en 2002 a 3 mil 400 millones en 2010, “tras alcanzar un máximo de casi 5 mil millones en 2007”.
Después se menciona a los bancos de países europeos desarrollados, como Francia, Alemania y el Reino Unido. “Los depósitos en estos bancos se multiplicaron más del doble, pasando de mil 200 millones de dólares en 2002 a 3 mil millones en 2010”.
Los depósitos legales e ilegales del sector privado mexicano en el extranjero durante 2010 sumaron 24 mil 100 millones de dólares, equivalentes a 303 mil 660 millones de pesos al tipo de cambio promedio de ese año, una cantidad superior en 52 mil millones de pesos (17%) a todo el presupuesto de la SEP para este año, que es de casi 252 mil millones de pesos, o bien, equiparables a 83% de los presupuestos juntos de la SEP y de la Secretaría de Salud.
En su informe, GFI critica la falta de transparencia de los paraísos fiscales pero también del sistema bancario internacional, que impide detectar los flujos ilícitos de dinero. Esas instituciones no ofrecen información a gobiernos y agencias reguladoras sobre los “propietarios reales” de empresas fiduciarias, fundaciones o sociedades anónimas (muchas de ellas ficticias), lo que facilita el blanqueo de capital ilícito.
A pregunta expresa de Proceso, Raymond W. Baker, director de GFI, reconoce que “los cárteles de la droga y otras organizaciones criminales utilizan las transacciones comerciales legítimas para lavar sus ganancias”. Comenta que “Los Angeles Times informó en diciembre pasado que los cárteles mexicanos usan tácticas para lavar dinero con base en el comercio”. Señala que ese tipo de transacciones comerciales está previsto en el informe del GFI.
“Sin embargo –aclara– no podemos determinar qué parte de la manipulación de los precios en el comercio que aparece en nuestro informe es atribuible a las actividades de los cárteles de la droga.”
Y añade: “La facturación fraudulenta de los precios es esencialmente una forma de lavar dinero basada en el comercio. La facilidad con la que actualmente los precios pueden ser manipulados para desplazar discretamente dinero a través de las fronteras representa un riesgo de seguridad nacional para México, Estados Unidos y, de hecho, para otros países”.