El origen del mal momento por el que atraviesan los Pumas de la Universidad, que desde junio de 1991 no ganan un campeonato y en el presente torneo están en el último lugar de la tabla general, se debe, según Javier Jiménez Espriú, vicepresidente del equipo, a “problemas de autoestima, de inseguridad y en la aparición del ‘no podemos'”.
Explica que por ello hace poco más de un año el patronato que maneja el equipo, decidió cambiar a la directiva, que encabezaba Raúl Borja, quien ocupó ese puesto tras la muerte de Guillermo Aguilar Alvarez.
El nuevo presidente es Guillermo Soberón. El y Jiménez Espriú han estado vinculados al club desde que en 1976 decidieron –cuando eran rector y secretario general, respectivamente– desvincularlo administrativamente de la UNAM y crear el patronato.
Sin embargo, según los dirigentes de las porras del equipo, la medida no se ha reflejado en buenos resultados, a pesar de que llegó a semifinales en el último torneo.
“Eso fue un espejismo; nos dejamos llevar por algunos buenos resultados que son engañosos; las circunstancias empezaron a presentarse a favor porque los Pumas siempre se le complican al Cruz Azul, pero a muchos ya se les olvidó que conseguimos la clasificación hasta la última fecha”, dice Francisco Castañeda, coordinador de la Ultra.
En entrevista, Jiménez Espriú, señala que todo ha estado en su contra desde que asumieron el mando:
“Primero, no pudimos contar con Christian Zermatten, que fue injustamente suspendido un año; hemos tenido lesiones como la de Antonio Sancho e Ignacio Flores. Además, jugadores llamados a la selección mayor y a la sub-20. Las cosas no han salido como las planeamos.”
–¿Por qué no hubo refuerzos para el presente torneo?
–Planeamos el plantel para toda la temporada, es decir para los dos torneos cortos, por eso decidimos jugárnosla con lo que teníamos.
–¿No fue por falta de dinero?
–Fue porque así se planeó, nos reforzamos bien, trajimos del extranjero a un Mario Alvarez como centro delantero, a un jugador probado en el futbol mexicano como Richard Zambrano y a un creativo como Zermatten. Además, contratamos a Roberto Saporiti, un entrenador con prestigio.
–Pero usted dijo entre un torneo y otro que Pumas no tenía dinero para reforzarse.
–No somos un equipo con un gran presupuesto como otros, pero no estamos mal. Hicimos contrataciones que fueron una gran inversión y decidimos mejorar el sueldo de los jugadores, no mucho, pero lo suficiente para que sea “decoroso”; no sé si seamos el equipo que peor paga, pero aquí tienen otras ventajas en cuanto a trato y oportunidades que no van a encontrar en otro lugar.
–¿Por qué no hay un gran presupuesto?
–Porque somos un equipo que llena todos los estadios menos el nuestro, pero ya estamos trabajando para conseguir más recursos, vamos a formar un club de aficionados, hemos vendido abonos y unos lugares preferenciales. Ya tenemos un departamento de comercialización y poco a poco vamos a tener más dinero, no como el Barcelona, pero sí mejor que ahora.
La decadencia
Jiménez Espriú señala al último campeonato obtenido por los Pumas, en la temporada 90-91, como el momento a partir del cual empezó la decadencia que ha llevado al equipo a ser el peor en el presente torneo:
“Hemos tenido graves fallas: la desesperación por obtener otro campeonato nos hizo modificar algunas de las políticas que nos habían dado tanto éxito. Sobre todo aflojamos la disciplina interna de los muchachos y nos alejamos de la formación integral que nos caracterizaba.
“Después del campeonato decidimos, en coordinación con la parte operativa de la directiva que encabezaban Guillermo Aguilar Alvarez y Raúl Borja, vender a muchos jugadores que estaban en plena madurez; esto propició que los jugadores que venían de las fuerzas básicas no se desarrollaran como se esperaba. Además, los exjugadores que se prepararon para hacerse cargo de la dirección técnica –Pablo Luna, Luis Flores y Enrique López Zarza–, no llegaron con la madurez requerida para el puesto.”
Dice que tras la muerte de Aguilar Alvarez se sacudió la estructura de la organización, por lo que surgió la idea de hacer un cambio mayor que refrescara a la directiva:
“Cuando él empezó a tener una decadencia física y los problemas que lo llevaron a la muerte, se trastocó la organización interna, por eso era el momento de hacer cambios.”
Relata que la crisis del equipo era tan evidente, que Gilberto Borja, en ese entonces presidente del patronato que sostiene a los Pumas, convocó a una serie de reuniones para hacer un diagnóstico de lo que estaba sucediendo.
“En este análisis recibimos las últimas experiencias personales de Aguilar Alvarez; fue una visión muy autocrítica que nos hizo darnos cuenta de los errores que habíamos cometido.
“Fallaron muchas cosas. La primera es la baja normal que tienen los equipos cuando se desmantelan, pero además empezaron a surgir otras dificultades, hubo más competencia entre los jugadores. Hay generaciones que florecen espléndidamente en conjunto y ahora sólo surgieron una que otra estrella solitaria, además dejamos de contar con las figuras experimentadas que ayudaban a los jóvenes dentro de la cancha.”
Recuerda que una de las medidas para resolver este problema fue contratar al veterano jugador alemán Bernd Schuster, lo cual resultó otro fracaso más, pues no completó ni siquiera un torneo corto.
Se secó la cantera
Hasta hace algunos años los Pumas eran una referencia obligada al hablar de fuerzas básicas en México, pero después se salieron de la organización los dirigentes que formaron a jugadores como Hugo Sánchez, Manuel Negrete, Luis Flores, Alberto García Aspe, Claudio Suárez o Luis García.
–¿Por qué salieron de la institución los principales dirigentes de fuerzas básicas como Guillermo Vázquez o José Luis Arce? ¿Fue por problemas con los directivos?
–Hubo una época en la que hubo mayor movilidad, pero nunca hubo un cisma. En las fuerzas básicas tenemos a cerca de 20 entrenadores; se puede ir alguien porque le ofrecen algo mejor o por algún otro motivo, pero nunca hemos sabido de algún conflicto. Hace poco se nos fue Osvaldo Castro Pata Bendita, porque le dieron una mejor oportunidad en otro lado. Si se fue porque el ambiente no le parecía no lo sabemos.
–¿Entonces cuál fue el problema?
–Una de las cosas que nos falló es que un equipo de futbol debe tener una administración clara, definida, congruente, que dé una visión clara a los jugadores acerca de lo que pueden recibir aquí en lo económico como en lo deportivo. También es importante que tengan una formación integral; así empezamos hace muchos años, pero se aflojó.
–¿El Atlas está trabajando mejor que Pumas?
–En los últimos años el Atlas ha producido a más muchachos brillantes que nosotros, pero nuestras fuerzas básicas son muy diferentes a las del Atlas, persiguen el mismo objetivo de tener grandes jugadores y ojalá más equipos lo hicieran, pero nuestra visión de las fuerzas básicas es integral, queremos grandes jugadores pero también queremos grandes personas, que al mismo tiempo que jueguen, estudien, que adquieran valores importantes. Por eso estamos integrando a los papás, para enseñarles a las familias cuál debe de ser el comportamiento, físico, educativo, psicológico, y todo esto toma más tiempo.
Explica que han cambiado algunos criterios de trabajo: “Los entrenadores, por ejemplo, ya son de tiempo completo, no vienen dos horas y se van como antes, ahora se quedan analizando a los jugadores, sus fichas, preparando sus ejercicios, organizando su trabajo, llevando la información adecuada, viendo cómo se comportan en un partido y en otro, cómo actúan en una posición, cómo actúan bajo presión. Están haciendo una labor de seguimiento, que no es sólo de entrenadores, sino de tutores de los muchachos. Para esto se están preparando en cursos de psicopedagogía y de psicología. Además, traemos a técnicos extranjeros para que les den seminarios o clínicas, es decir, estamos formando a los formadores”.
Pese al mal desempeño del equipo en los últimos años la asistencia al estadio ha aumentado paulatinamente. Jiménez Espríu asegura que en la pasada temporada las entradas crecieron 30% en relación con las anteriores.
“Todavía no tenemos la cantidad de público que esperamos tener en el futuro, pero la asistencia ha aumentado. Hicimos un estudio que indica que los Pumas son el cuarto equipo –debajo de Guadalajara, América y Cruz Azul– con mayor poder de convocatoria.”
Durante muchos años los aficionados se alejaron del estadio de Ciudad Universitaria debido a los graves problemas de inseguridad provocados, en gran medida, por grupos porriles que aprovechaban que la entrada era gratis para los estudiantes y causaban problemas en las tribunas.
A principios de la presente década la directiva decidió cobrar a los estudiantes y los boletos de cortesía se restringieron a los trabajadores de la Universidad:
“El estudio también determinó que ahora la gente considera nuestro estadio como uno de los más seguros; antes hubo grupos ajenos a la Universidad que causaban problemas en los partidos, pero esto sólo era un reflejo de lo que sucedía con estos grupos en toda la institución.
“Además, somos un equipo en el que el 80% de los seguidores es menor de 24 años, y tenemos el apoyo de muchas mujeres, porque dicen que los muchachos juegan muy bien y están muy guapos.”
Estos aficionados son los que sufren con los malos resultados del equipo. Erik Reyes, uno de los fundadores de la porra Orgullo Azul y Oro, considera que estos no son los Pumas de antes y que el problema es que los jugadores juegan muy presionados y les hace falta estar motivados.
Francisco Castañeda, coordinador de la porra Ultra, dice que el problema es la falta de continuidad en el trabajo desde las fuerzas básicas:
“La nueva directiva está tratando de hacer bien las cosas, llegó con buenas intenciones, pero obviamente el cambio genera desajustes.
Además, hay gente dentro del plantel que no está rindiendo, puede ser producto de que no encuentran la mística y están por debajo de lo que era Pumas.”
El capitán del equipo, Antonio Sancho, piensa que la crisis de este campeonato es parte de un problema general:
“La crisis no es de ahora, se venía arrastrando de mucho tiempo atrás; por eso han venido los cambios de directivos y de directores técnicos; la única forma de salir adelante es trabajando mucho.”
El mediocampista Carlos Cariño, señala que la mayor esperanza es que la temporada pasada lograron sobreponerse a una mala racha similar a la que atraviesan en este momento.
“Nos desmotiva estar perdiendo, pero creo que el grupo está jalando parejo, hay algunos jugadores que no se ven, pero en general todo está bien.”
El defensa Alejandro Pérez dice que hay problemas de inseguridad porque no se dan las cosas: “Cada vez estamos más presionados, no es lo mismo tener derrotas atrás que triunfos”.
Según Miguel Angel Carreón, a Pumas le ha faltado carácter, actitud y fuerza:
“Cuando empecé a jugar estaba Guillermo Aguilar Alvarez como presidente, estaban Guillermo Vázquez, Ricardo Ferreti y Pablo Luna, entrenadores que sabían escoger a los jugadores de la cantera, que platicaban contigo y te ayudaban en la formación personal y eso se perdió un poco.
“Desgraciadamente, ahora Pumas ya no está para experimentar con los jóvenes, porque tenemos problemas de porcentaje; por el momento tenemos que seguir con jugadores de experiencia para volver a agarrar el nivel y los jóvenes vuelvan a tener oportunidad de desarrollarse.”
Las porras
“Ustedes no son universitarios, son puros reventadores, mejor pónganse a estudiar”, gritaba un aficionado, mientras alejaba a su esposa y a sus dos hijos de algunos miembros de la porra Plus que, enfurecidos, arremetieron contra quienes les habían reclamado su actitud en el partido que los Pumas perdieron ante el León el domingo 7.
Con esta derrota los universitarios quedaron en el último lugar de la tabla general, con sólo seis puntos de 24 disputados. Cerca de 15 minutos antes de que concluyera el partido, los integrantes de la Plus se cambiaron de lugar, en lo que se interpretó como una forma de protestar por el mal desempeño del equipo.
Entonces, los miembros de la porra Orgullo Azul y Oro –de reciente formación, que se caracteriza por sus cánticos al estilo de las barras sudamericanas– ocuparon el lugar de la Plus, lo que provocó un altercado entre ambos grupos.
El miércoles 10, Arturo Ortiz, líder de la Plus, explica que todo fue un mal entendido provocado por el público que se metió con el equipo:
“Lo que pasa es que hace algunos años, cuando empezaron las malas campañas, los jugadores pensaron que les estábamos dando la espalda y no era así, porque yo controlo a la Plus, no a la gente que se sienta a los lados o más arriba, que fue la que empezó a molestarlos, antes y ahora. Por eso nos fuimos, para demostrar que estábamos apoyando, para que los jugadores no pensaran que nosotros también los estábamos abucheando.
“Desgraciadamente hay oportunistas que quieren nuestro lugar; la molestia fue porque los de la Orgullo Azul y Oro empezaron a quitar nuestras banderas.”
–¿No cree que su actitud fue demasiado agresiva?
–No íbamos a llegar a pedirles por favor que dejaran nuestro lugar, nosotros no agredimos, llegamos a contestar una agresión.
–¿No siente un rechazo general de la gente?
–Es que hay muchos borregos.
La Plus ha perdido la hegemonía que tenía en el estadio; la Azul y Oro está formada por un grupo que se salió por diferencias con Ortiz.
Erik Reyes, uno de los 13 miembros originales de este grupo, cuenta que cuando Televisa empezó a transmitir los partidos de Pumas, aparecieron los intereses en la porra y los patrocinios, primero de Mundet y después de Pepsi.
“Ortiz, con el simple hecho de que te da una camisa, quiere controlarte. Hay control y manipulación. Gracias a que nosotros no tenemos esto, hemos ido creciendo. En un partido normal somos más de mil y cuando se llena aumenta muchísimo nuestro grupo.”
Según Ortiz los de la Azul y Oro se fueron porque no les permitió que insultaran a algunos jugadores del equipo:
“En la época en que Enrique López Zarza fue director técnico, se empezaron a meter con los jugadores, sobre todo con Braulio Luna, por eso llegó el momento en el que ya no estuvieron a gusto y se fueron el mismo día que repartí las playeras.”
Y se defiende de las acusaciones de que los intereses económicos estén afectando a su grupo:
“Me han dicho que recibo dinero de Televisa, de Pepsi o de Mundet, pero jamás he recibido un centavo y la directiva lo sabe, lo único que nos han dado es camisetas para identificarnos, pero nunca nos han dado dinero.”
Los de la Azul y Oro también discrepan de la Plus en la forma de impulsar al equipo:
“Apoyar no es insultar al contrario, para hacerlo nosotros copiamos algunos cánticos sudamericanos y ahora estamos inventando los nuestros”, comenta Reyes.
Ortiz defiende su estilo y dice que la Plus, desde su nacimiento hace 12 años, lo único que hace es seguir la tradición de meterse con el contrario para distraerlo.
–¿No cree que exageran al utilizar tantas malas palabras, sobre todo al tratarse de un equipo representativo de una institución educativa?
–Estamos en México y todos decimos groserías, lo que queremos es desconcertar a los contrarios, sacarlos de sus casillas, buscamos que sea gracioso lo que gritamos e inventamos algunas frases dependiendo de las circunstancias del partido.
Ortiz asegura que la presencia de la Azul y Oro los motiva para mejorar, que ya hablaron con ellos y que no van a tener más problemas siempre y cuando cada quien respete su zona en el estadio.
La otra porra de Pumas, la Ultra, se mantuvo al margen en el conflicto.
Los jugadores de Pumas intentan ignorar lo que sucedió en la tribuna y aseguran que no les afecta en lo más mínimo.
El chileno Richard Zambrano que llegó al equipo en el torneo pasado dice que la gente puede hacer las expresiones que quiera porque pagan su entrada:
“Hay muchos que se desahogan ahí, que tengan problemas entre ellos a nosotros no nos afecta, porque si ganamos o perdemos igual se pelean.
Es obvio que baja un poco los deseos de salir adelante que te abucheen. Cuando nosotros estamos bien ellos están bien, pero si estamos mal no nos apoyan; tienen que pensar que hay que estar en las buenas y en las malas con su equipo.”
Para Carlos Cariño “si hay resultados la gente está contenta, pero si esto no sucede debemos entenderlos y estar mentalizados para sobreponernos a los abucheos”.
El capitán del equipo Antonio Sancho, coincide: “El público tiene derecho a exigir porque paga su boleto y es libre de hacer lo que quiera. Nosotros tenemos la obligación de motivarnos igual para todos los partidos porque somos profesionales”.
El lateral Alejandro Pérez señala: “Los abucheos a nadie le gustan, nosotros quisiéramos que salieran contentos del estadio, pero lo que menos debe de preocuparnos ahora es la gente, sino buscar la solución del problema”.








