GUADALAJARA, JAL.- Después de estar expuestas en el Instituto Cultural Cabañas, las obras del pintor tildado en vida como loco, Manuel González Serrano, “El Hechicero” (Lagos de Moreno, Jalisco, 14 de junio de 1917-DF, 17 de enero de 1960), se muestran desde el día 3 del actual en el Palacio de Bellas Artes.
Hombre no sólo incomprendido en su momento, sino rechazado y explotado por su familia, en especial por su hermano Alfonso, abogado, el artista sufrió desde niño cuando fue víctima de abuso sexual.
El licenciado Ricardo Pérez Escamilla, coleccionista, investigador y principal promotor del rescate de González Serrano, afirma: “La inseguridad que produjo en él esta agresión lo convirtió en un ser violento, urgido por la necesidad de crearse un mundo mágico para protegerse de los demás. La desesperación también lo indujo a una adicción precoz al alcohol y a la mariguana, que ofrecieron compensaciones a su sensibilidad herida. Tanto su vida como su obra artística son denuncia, enfrentamiento y sublimación de esta terrible experiencia definitoria de su talento de pintor hechicero.”
Autor de más de medio millar de pinturas, dibujos, acuarelas, etcétera, hechas bajo diferentes técnicas y que revelan su agresividad, sus frustraciones, sus obsesiones y hasta su misoginia, González Serrano, “erotómano declarado”, como lo califica Pérez Escamilla, “conjugó las antítesis: lo sobrenatural y lo sensual, el dolor y el placer, lo mundano y lo místico. Preso de su eterna paradoja, y de pasiones incontrolables, poseído por la esquizofrenia y la paranoia, en momentos de delirio se identifica con Cristo. Al pintarlo bajo diferentes rostros que reflejan un hondo sufrimiento físico y espiritual, crea un canto de dolor, de amor y de fe”.
A lo largo de sus 43 años de vida, González Serrano acudió frecuentemente a psiquiatras y algunas veces estuvo internado “de manera espontánea” y –dice Pérez Escamilla– “en la mayoría de las veces a solicitud de sus familiares impulsados por sus adicciones y por su conducta agresiva”.
En la última de sus estancias en la Granja de Recuperación para Enfermos Mentales San Pedro del Monte, de León, Guanajuato, el pintor fue intervenido quirúrgicamente –sin su consentimiento– a principios de 1955; después de esa lobotomía (desconexión de la parte frontal del cerebro del tálamo y del epitálamo), que se suponía bajaría su agresividad, “Manuel fue otra persona: se volvió inerte, ya no pintó más, al menos en la granja, pero sí fue más agresivo y violento”, afirma el psiquiatra David Arias Arias, quien asistió en la operación al doctor Angel Ortiz Escudero.
Entrevistado en su casa de la colonia Ciudad del Sol, municipio de Zapopan, recuerda el doctor Arias Arias, jubilado del Seguro Social y casi en retiro total de la psiquiatría, que al artista lo llevó su hermano Alfonso a San Pedro del Monte.
“Todo mundo explotaba a Manuel González Serrano. Parece que tenía su hermano una relación muy cercana de amistad y familia con aquel coronel Serrano que fue jefe de ayudantes de Alemán. Todo lo que pintaba lo vendía el hermano. El nunca veía un centavo. Entonces lo demandó. Con la influencia que tenía el hermano con el coronel, contaba Manuel, cuando fue al juzgado a exponer el problema, el abogado de Alfonso le dijo al juez: ‘Oiga, cómo le va hacer caso a un loco como éste y no a mí que soy un profesionista’.
“Manuel tenía todo eso muy gravado. Se sentía muy lastimado por el hermano. De hecho, la segunda vez que lo llevaron a la granja –porque ingresó dos veces– fue con engaños porque se había luxado un tobillo en Lagos de Moreno.”
Asevera que la primera vez que lo trasladaron ahí fue a finales de 1954, y que al poco tiempo de que él regresó de Guadalajara, donde había hecho su residencia en el Hospital Civil, a principios de 1955, lo volvieron a internar “pero ya llevaban un dictamen de dos psiquiatras de México. Del que me acuerdo mucho es del doctor Alfonso Millán, que era una gente prestigiadísima en el DF, y ya con la indicación expresa de que iba a que le hicieran la lobotomía. El doctor Millán manda la orden a instancias de Alfonso, el hermano de Manuel, y probablemente tuvo alguna presión del coronel Serrano, al que no podía ver…”.
–Había hecho el estudio a profundidad, sin duda.
–El lo manejó mucho tiempo y a mí me extraña mucho que el doctor Millán nunca se haya dado cuenta de que el problema de Manuel era su fármaco-dependencia. Manuel, cuando no estaba intoxicado, lo único que le tranquilizaba y le hacía muy ocurrente era cuando fumaba mariguana.
–¿Tiene por objeto la lobotomía curar males cerebrales?
–Se suponía que enfermos esquizofrénicos mejoraban extraordinariamente. Cuando yo me fui a San Pedro del Monte, ya había comentado con el doctor Ortiz la lobotomía, pero nunca tuvo él mucho interés en hacerla; pero cuando le mandan a Manuel con la indicación de hacerla, agarró mucho interés y se hicieron unas diez o doce. Todas fueron un fracaso, todas. Y la más terrible fue la de Manuel. El llegó pintando y desde que salió de la operación, cuando menos el tiempo que estuvo ahí en la granja, no volvió a pintar nada. Fuera de la granja sí pintó, pero hizo una obra de mucho menor calidad. Después de la lobotomía ya quedó un sujeto muy inerte, se acabó como pintor y hasta como persona. Aparentemente fue más tranquilo, pero enojado, era más violento que cuando no tenía la lobotomía.
–¿Creían que se aliviaría el pintor con la intervención? ¿Se hizo de buena intención, de buena fe?
–Ah, no, de muy buena intención. Ya posteriormente pude darme cuenta de que el problema de Manuel era básicamente ser fármaco-dependiente y toda esa bola de costumbres que hacía cuando estaba así, su personalidad básica era paranoide.
–¿A partir de la droga?
–No. Ya su personalidad básica era paranoide y se enojaba mucho cuando tenía motivos de violencia aunque no estuviera bajo los efectos de la droga. Con mariguana era muy especial, muy ocurrente. Lo sacaba mucho de balance el alcohol.
–¿Estaba consciente de que lo iban a operar?
–No, no. Nunca supo que lo iban a operar, pero si el doctor Ortiz hubiera estado seguro de que iba a perjudicar a Manuel, no hubiera hecho la lobotomía. La hizo porque estaba en boga y todo mundo la practicaba, entre ellos los más importantes en la psiquiatría de México.
–¿Intervino el hermano para que se realizara la operación?
–Ah no, el quería que se hiciera. No quería que se mejorara, lo que quería era que se solucionara el problema de agresividad de Manuel, quien una vez quiso apuñalarlo o lo apuñaló. Pero ese problema derivaba de que Manuel se sentía profundamente explotado por el hermano. La última exposición que hizo en México fue uno o dos meses antes de su segundo ingreso y tuvo una dificultad muy fuerte con el hermano porque vendió toda su obra y él no vio cinco centavos, y el abogado argumentaba que él le daba dinero y que le buscaba dónde durmiera y era como el manejo de esclavos en un tiempo, que se les daban de comer y se les daban dónde dormir pero nada más. Y eso que el hermano vendía la obra de Manuel muy fácil, y no la vendía por mala.
“Visto esto a distancia como lo veo yo ahora, pienso que fue un manejo muy injusto ése de Manuel”, reflexiona el psiquiatra al tiempo que muestra autorretratos del autor, dibujos y, sobre todo, un Cristo que, cuando le decía que le parecía muy triste, Serrano respondía: ‘Ya lo viera, doctor, después de la chinga que le arrimaron’.”








