Quizá por su militancia feminista, quizá por una revaloración de su obra, pero en los últimos años ha habido un renovado interés por la narrativa y el pensamiento de Virginia Woolf.
El año pasado la cartelera de cine presentó la versión fílmica de su novela La señora Dalloway, y no hace muchos años pasó por los festivales internacionales de teatro la adaptación de su novela Orlando, relato fantástico sobre un transexual que viaja a través de los siglos. Ahora se presenta en el teatro Santa Catarina Polvo de mariposas, la versión teatral, hecha en México, de la novela Las olas (1931).
Virginia Woolf, mujer sensible y atormentada, que vivió en crisis permanente, exorcizaba sus angustias a través de la escritura. Durante toda su vida luchó en defensa de los derechos de la mujer y luchó también contra la locura, que finalmente la venció y la condujo al suicidio.
En Las olas están presentes muchas constantes y obsesiones de su narrativa. Temas de la vida y de la muerte y observación subjetiva del prójimo, donde la autora va en búsqueda de sí misma, a través de los demás. Aquí podemos palpar la soledad de los personajes replegados en su propio subjetivismo y en su intenso sentimiento de existir. Es un largo poema pleno de lirismo, imágenes y un extraño ritmo, de suave cadencia, como una conversación a media voz.
Obra compleja de una innovadora estructura, tiene vasos comunicantes con el teatro a través de los monólogos de sus personajes desgarrados por sus contradicciones, donde al final prevalece la inútil reconciliación con los demás. Parece imposible la tarea de volver teatro esta singular literatura. Sin embargo, Sandra Félix ha asumido tal empresa.
La directora, también adaptadora en colaboración con Ana Perusquía, ha creado un producto teatral independiente de la novela, aunque fiel a sus personajes y a sus atmósferas. Ha realizado con el texto, y con los actores, un trabajo sutil y cuidadoso, fino y arduo, para lograr una estética visual y sonora a tono con el espíritu de la novela.
He aquí a seis amigos de infancia en los momentos decisivos de sus vidas, con sus obsesiones, sus deseos y sus angustias, teatro sobre la amistad y el amor. Obra melancólica y emotiva, mas no triste, inasible como los recuerdos, con leves pinceladas de humor y nostalgia.
El monólogo interior de la novela ha sido convertido en sentimientos expresos y en recuerdos que tienen la cadencia del mar. Los recuerdos, como las olas, llegan y se van, avanzan y retroceden, persiguiéndose unos a otros, eternamente.
La principal dificultad de la directora fue extraer la esencia de la novela y traducirla al lenguaje escénico, hacer que los hechos acontezcan en el escenario en tiempo presente, aunque se evoquen. Se alejó de la ilustración de la literatura y de los estados de ánimo, y la materia literaria fue convertida en materia dramática con múltiples recursos. Labor de síntesis, creación de imágenes, reelaboración de textos, condensación de estructura y selección de los espacios más determinantes del conflicto de los personajes.
Economía de recursos y reconocimiento de las posibilidades y terrenos del teatro, han sido la clave.
Polvo de mariposas es el caso de una aventura que se emprende y de la cual se sale avante. El primer acierto de un director es la selección de sus colaboradores y de su reparto. Sandra Félix ha contado con Edyta Rzewska para el diseño de vestuario, con Rodolfo Sánchez Alvarado y Mauricio García Lozano en el diseño sonoro, y con Phillippe Amand que ha creado la escenografía y la iluminación, campo de evocaciones y presencias, mínimo espacio transformado con economía de producción, pero con derroche de creatividad e imaginación.
Acertó también la directora al convocar a este grupo de excelentes actores, Mauricio García Lozano, Luis Artagnan y Pablo Gershanick, muy solicitados siempre por los nuevos directores, a tres destacadas actrices, Lucía Muñoz, emoción y sentimiento, Ursula Pruneda y Mónica Huarte, de no menor trayectoria, y a José Sefami, cuyo personaje maduro y reflexivo evoca a los otros y a sí mismo, en un contrapunto generacional, por tono y escuela.
Desde su trabajo común en Este paisaje de Elenas, basado en textos de Elena Garro, Sandra Félix y Phillippe Amand no habían abordado juntos un trabajo tan difícil y complejo, sobre todo tratándose de un texto no concebido originalmente para la escena. Ambos, consiguen ahora un producto teatral de muchos valores, el que resalta la acertada resolución escénica de texto, actoralidad y espacio.
Arduo reto, convertir la literatura en drama. Polvo de mariposas es teatro poético, bordado con sensibilidad y talento. Lástima que concluya su temporada el próximo 27 de marzo.








