El PAN estrena

El PAN estrena presidencia del Comité Ejecutivo Nacional. En una primera vuelta de votación y con cómoda mayoría, fue elegido Luis Felipe Bravo Mena por los Consejeros del partido. En este mundo político mexicano tan incierto y confrontado, resultó ejemplo de excepción el proceso panista para la elección de su jefe nacional, cuyos resultados finales fueron aceptados por su militancia sin gritos y sin protestas. Los medios de comunicación encontraron aristas o perfiles para amarrar navajas amarillas en el palenque de la sucesión, la noticia se deslizó tranquila, perdedor y ganador se dieron un abrazo de reconciliación y la unidad interna partidaria permaneció intacta. Fue, sin lugar a dudas, un paréntesis tranquilizador en los palenques convulsos del acontecer político nacional.
Toda renovación abre caminos a la inquietud, la promesa, los sueños y las esperanzas. Conviene vacunarse contra las tentaciones sobre el descubrimiento de mundos nuevos y entender que toda sucesión ordenada simplemente añade un eslabón a la cadena. Atrás la riqueza de la historia, los sedimentos de la experiencia, las advertencias para evitar ser animal que se tropieza varias veces con la misma piedra. Adelante los desafíos, el entorno, aquí y ahora, la voluntad y el renuevo para continuar, sin prisas, sin descansos, sobre los caminos del buen decir y del recto hacer.
Acción Nacional celebra este año sus 60 años a partir de la fundación en septiembre de 1939. Buena ocasión para el repaso del largo camino recorrido, en perseverancia y generosidad, desde las catacumbas del fraude y de la dictadura hasta el pórtico mismo de la cosecha que lo lleva, aquí, ahora, al dintel del poder democrático. Son tiempos para separar la paja inútil y llevar a la troje la riqueza del trigo, para dinamitar lo que separa y construir lo que une y fortalece. Buen tiempo, para destruir la trampa perversa que pretende confrontar doctrina y estrategia y entender que talacha sin doctrina puede conducir al populismo y, en contrapartida, doctrina sin talacha puede llevar a una nueva Bizancio cuyos habitantes fueron sorprendidos y arrasados por sus enemigos mientras ellos discutían si los ángeles tienen sexo.
En el resumen, puede afirmarse que los 60 años del PAN confirman que la doctrina da identidad, perfil, misión, razón de ser, y las tareas cotidianas para conquistar el poder se enriquecen en la subordinación del día con día fugaz y cambiante frente al tiempo y la circunstancia, a la vigencia iluminante de ideas y principios apoyados en la promesa milenaria, los cielos y la tierra pueden pasar pero la palabra permanece.
El senador Bravo Mena estrena su mandato con las elecciones en el Estado de México, que se realizarán en julio próximo, mañana en el vértigo del tiempo, para la renovación de gobernador y Legislatura local. No es una más en la interminable y fatigosa sucesión de las elecciones en los estados, es, en el tiempo y en la circunstancia, la más importante en el año de 1999. Entre los datos más destacados para subrayar la afirmación podrían señalarse el peso específico de ese estado en la población, en los contrastes de su integración, la clase media en sus matices de alta, media y baja que se asienta fundamentalmente en los municipios conurbados de Tlalnepantla, Atizapán, Naucalpan, la enorme concentración de Neza y Chalco con sus filosas aristas de pobreza y marginación, el diluvio de pequeños y medianos municipios dispersos en su geografía, la capital Toluca con sus crecientes corredores industriales, en su aportación creciente a la economía nacional, en su tradición de cacicazgos priístas con influencias que desbordan sus fronteras.
Todos estos datos, en su conjunto, lo acercan cada día más a la clasificación del número dos en dimensión nacional.
En otros marcos, el PAN requiere, en urgencia, “como comer” en el lenguaje coloquial, obtener una victoria electoral después de las derrotas que ha recibido del PRI y de las coaliciones integradas por priístas disidentes que agraviados por el PRI buscaron amparo en el paraguas que les brindó el PRD, al otorgarles en comodato registro y distintivo. Más allá de los retorcimientos estadísticos, de las trampas montadas para mitigar en los promedios la evidencia de las derrotas, la elección en el Estado de México le brinda la oportunidad de alcanzar una victoria que oxigene y fortalezca a un PAN que en el mejor de los casos ha congelado su participación en la población por ellos gobernada. En estos marcos necesita en urgencia esa victoria para levantar los ánimos y llegar a la grande en la certidumbre del sí se puede lanzar al PRI de Los Pinos.
Para alcanzar esa meta tendrá que poner “toda la carne en el asador”, montar una organización eficaz, crear una mística ganadora, apoyar a sus candidatos mediante la importación de activistas fogueados en la intemperie y hacedores de victorias obtenidas en la geografía nacional, plantear un programa de gobierno que atraiga y seduzca a los votantes, y, de paso, restarle espacios y dimensión a la grilla, a las soluciones de café, a la frivolidad de los discursos, para concentrar talento, imaginación, creatividad para tejer una victoria que ensanche los caminos que conduzca a sus candidatos a la integración mayoritaria del Congreso y a ganar la Presidencia de la República en las elecciones del 2000.
Inmediatamente después de las elecciones en el Estado de México, se abre, en serio, el proceso para la elección de candidato a la Presidencia de la República. Para entonces quedarán despejados polémica y debate y sobre las alternativas para la selección del candidato a la titularidad del Poder Ejecutivo, que puede ser propio, fruto de una alianza opositora, ajeno a la militancia partidaria en la novedosa, sugestiva y polémica proposición de Diego Fernández de Cevallos. Lo que es hoy debate que transita sobre la pasión, el encono, la discrepancia, visiones oportunistas, análisis nutridos en la buena fe y esperanza, para entonces será realidad irreversible, y el PAN deberá estar preparado para la mejor opción, la voluntad irrefrenable de ganar, la sustitución del grito populista: “le rajo la cara a cualquiera” por la organización eficaz, vigorosa, de dimensión nacional, que captura en mayoría abrumadora la simpatía del votante expresada en la urna electoral.
Toda primicia, toda aurora, aviva los fuegos de la esperanza, de los deseos, de las intenciones. Un cumpleaños, un año nuevo, un inicio de sexenio, la presidencia en un partido, renuevan en primicia los buenos deseos e intenciones. Hoy el PAN estrena nuevo liderazgo y, con el estreno, los buenos propósitos de transformar lo que hoy es aurora en medio día constelado de luz y de fértil cosecha.