El domingo próximo tendrá lugar en todo el país la consulta del EZLN sobre los derechos de los pueblos indígenas; para promoverla están ya en camino hacia todos los municipios más de 5 mil indígenas provenientes de las comunidades de apoyo zapatista. El hecho es insólito y se presta –por su fondo y forma, sus tiempos, símbolos y alcances– a varias interpretaciones.
Más allá de lo que esta consulta representa en los posicionamientos políticos de las partes –como ruptura del cerco militar y político del EZLN, pacífico despliegue de la presencia indígena en todo el territorio o revaloración de la propuesta de reformas constitucionales de la Cocopa–, pueden distinguirse al menos tres planos interpretativos del singular evento. El primero es el de las respuestas que den los ciudadanos a las preguntas planteadas, sobre todo a las tres primeras que tienen que ver con la inclusión de los pueblos indígenas en el proyecto nacional, con el reconocimiento de sus derechos en la Constitución conforme a los Acuerdos de San Andrés y a la propuesta de la Cocopa, y con la vía del diálogo para alcanzar la paz y el regreso de los militares a sus cuarteles. Aunque es obvio que la inmensa mayoría de quienes acudan a expresar su opinión contestará afirmativamente a estas cuestiones, el hecho servirá para evidenciar el apoyo ciudadano a las tesis de fondo del levantamiento zapatista, a los Acuerdos de San Andrés y al documento de la Cocopa.
A más de dos años de que el actual gobierno optó por incumplir los acuerdos, descalificar la propuesta de los legisladores avalada por todas las fuerzas políticas del Congreso y lanzar su ofensiva de línea dura contra el zapatismo, el respaldo ciudadano a la posición del EZLN dejará constancia de los fracasos gubernamentales y revivirá la argumentación zapatista.
Algunos escépticos minimizan desde ahora lo que puede lograr la consulta, argumentando que poco significarán las opiniones de uno o dos millones de ciudadanos ante un problema nacional tan complejo. En contraparte, convendría recordar que el gobierno nunca ha logrado, ni con todos los medios de que dispone, organizar un acto mínimamente creíble en el que algunos miles de ciudadanos respalden sus políticas sobre Chiapas; ese sería el justo término de comparación para juzgar sobre el peso político de esta movilización popular, habida cuenta, además, de que el tiempo transcurrido no ha desgastado, como calculaban los estrategas gubernamentales, los apoyos civiles del zapatismo.
En un segundo plano aparece otro importante significado de la consulta: el de la vinculación del EZLN con la sociedad civil, tesis sustentada por el movimiento rebelde desde hace cinco años y cuyo avance no ha estado exento de dificultades. Organizado sin recursos económicos o publicitarios, el evento está poniendo de manifiesto lo que puede hacer la gente sencilla cuando se propone un objetivo; la pobreza misma de los medios empleados contribuye a poner de relieve los valores humanos y cívicos que sostienen este esfuerzo; a base de tiempo voluntario y de calladas generosidades de decenas de miles de simpatizantes, no sólo se apoya la acción zapatista, sino se fortalecen las motivaciones compartidas y las redes de comunicación y acción que dan su fuerza a la sociedad civil.
Desde esta perspectiva, la consulta representará un avance hacia la democracia para el conjunto de la sociedad mexicana y constituirá la mejor repuesta, con hechos, a la cuarta pregunta que reza así: “¿Estás de acuerdo en que el pueblo debe organizarse y exigirle al gobierno que “mande obedeciendo” en todos los aspectos de la vida nacional?” Para nuestra democracia en construcción este despliegue de la capacidad organizativa de los sectores populares es más significativo que muchos resultados electorales.
Los significados del tercer plano, finalmente, se proyectan hacia el futuro próximo: la consulta parece enviar un mensaje a los posibles candidatos presidenciales de que el camino para resolver el conflicto de Chiapas tiene que retomarse ahí donde el presidente Zedillo erróneamente se apartó de él: los Acuerdos de San Andrés. La lección ya no podrá aprenderla este régimen saliente que, aunque quisiera, carece de credibilidad para negociar y continúa su alocado y trágico monólogo; pero deberán escucharla los precandidatos a la Presidencia que en su oferta política tienen que incluir la promesa de resolver este doloroso conflicto que lleva ya cinco años, ha derrotado a dos presidentes, a media docena de secretarios de Gobernación y a otros tantos gobernadores locales. El mensaje es que hay que desconocer las iniciativas unilaterales que este gobierno y algunos partidos políticos asumieron con su habitual arrogancia y regresar a los acuerdos firmados y a la propuesta de la Cocopa ya inicialmente aceptada por el EZLN; la paz negociada, la única posible, se construye a partir de ahí.
El mensaje, debe notarse, no se limita a la sustancia de los acuerdos ni de las reformas constitucionales que intentaron expresarlos, sino también a la forma en que se negociaron. Forma y fondo son aquí inseparables; hay que regresar a una negociación respetuosa en la que participen las comunidades indígenas, con el apoyo de asesores entendidos en los temas que se discuten, y sostener en los hechos la palabra empeñada; sin ello no se recuperará la confianza. En este caso, la forma es toda una concepción de la política.
Muchos otros significados tiene la consulta zapatista en el complejo contexto político del momento. Lo que no se puede es ignorarla; en el fondo se trata de consultarnos a nosotros mismos acerca de lo que queremos ser como país. No acudir al llamado zapatista por antipatía o desprecio es ya dar una contestación; no acudir por escepticismo o indiferencia es también alzarse de hombros respecto del país que debemos construir. Acudir a dar nuestra opinión será, en cambio, hacer la pequeña aportación que está en nuestra mano a favor de un México más justo y más humano; aportación pequeña en términos cuantitativos, pero enormemente importante si procede de un compromiso ético personal.
P.D. Terminado este texto, leo en la prensa que el secretario de Gobernación califica la consulta zapatista como “absurda y amañada”. Cada quién su juicio, lo que me asombra de estas declaraciones es la ligereza con que un presunto precandidato presidencial, con sólo dos palabras, pierde varios millones de votos, por adelantado y nomás porque sí.








