FEG-UdeG: trasiego infame

El crimen múltiple que sacudió a Guadalajara en vísperas de las fiestas de fin de año se difumina. No parece operar la natural misericordia que vuelve la vista a otro lado para no lacerar más la herida. Tampoco parece obedecer a la inercia de lo que ya se ve rutinario y que anestesia el buen sentido. Más bien despierta la suspicacia de querer hacerlo pronto olvidadizo por no destapar cloacas que implicarían a mucha gente conocida. La FEG de nuevo envuelta en vendajes mortuorios incriminatorios. 

Sus nexos conllevan ligas que deberían estar rotas pero aparecieron de nuevo, tensas e intactas. Ciertamente los adolescentes muertos encontrados en el predio deportivo de la FEG estudiaban en una preparatoria de la UdeG, pero el caso no implicaba por fuerza que hubiera sido un crimen dentro del seno universitario y por asuntos de la casa de estudios. Al conocerse el hecho de sangre, quienes más obligados estaban a montar vallas para impedir que se involucrara a la universidad eran sus funcionarios administrativos, los rectores y sus gabinetes. Tenían que haberse deslindado inteligentemente, en parte por conveniencia propia, pues su propio pasado les incrimina. De esa FEG ominosa provienen todos ellos: Raúl, Trino, Tonatiuh, Marcos, más los que se quiera agregar. Sobre todo porque tienen el encargo de velar por el prestigio de la institución educativa que cuidan, o de la que medran.

Algún día hay que establecer un báratro entre la vieja historia porril y las tareas universitarias presentes. El actual era un momento muy oportuno para haber dado tal paso al frente. Pero no. Dieron la cara y atrajeron el caso de manera casi oficiosa, manchándose a sí mismos y salpicando, de paso, a toda la comunidad universitaria. Revivieron una vieja dolencia. El sentir popular retomó renovado el viejo sambenito de una casa de estudios donde los matones impunes y los mafiosos encubiertos poseen madriguera propia y defensores de pleno derecho. ¡Qué brutos!

La UdeG no merece tales directivos. No encuentran éstos la forma de poner distancia de su torvo pasado por haber formado parte de él. Por más baños de pureza que se den ahora y que busquen refulgir como la purísima, su pasado los condena. El subconsciente los traiciona. Apenas supura pus su vieja madriguera, están prestos a darse por aludidos. Como en los experimentos de Pavlov, ensalivan el bolo. ¿No excomulgaron a la FEG como organización representativa hace 20 años y la sustituyeron por una FEU modosita y obediente? ¿A qué viene entonces eso de inmiscuir la vida universitaria en hechos criminales ajenos? ¿O fue ficticia la expulsión?

Lo que debe ocupar a los directivos universitarios no tiene que ver con la propiciación de víctimas cada que ocurran hechos de sangre, así sean chicos inscritos en sus aulas. No tiene la UdeG obligación de impetrar sacrificios ante el altar de la patria, sino de asimilar el mundo de conocimientos que se produce, adecuarlo a nuestra realidad particular, reproducirlo y trasmitirlo a sus educandos. Este cuidado primero, y luego, a partir de tales ejercicios, la creación de coordenadas propias, la elaboración de conocimientos de catadura endógena, es su labor prima. La persecución de delincuentes y su castigo están reservados a instancias distintas, como las policiacas y las de la procuración de justicia.

Pero su viejo pasado se les reaparece como fantasma arraigado y mantiene paralizada a esta casa de estudios, al grado de no dejarla despegar. No halla cómo hacerlo, atenazada por los viejos vicios de su pistolerismo académico. Dicen los cirqueros que “chango viejo no aprende a echar maromas”. Tal vez de ahí provenga su parálisis académica y científica, a pesar de recibir emolumentos a manos llenas. Pocas instituciones amplían con tanta generosidad su presupuesto como la UdeG. Pero haber sido gemela de facinerosos, como fue el cuerpo gangsteril de la FEG, o haber apoyado su crecimiento en tal columna, la deformó al grado que aún ahora, cuando se supone que ya debería haber sepultado tan incómodo pasado, su rémora fejosa la sigue lastrando y pesa en su conciencia. Si así reaccionan tales directivos, será tal vez porque nunca han dejado de pertenecer secretamente a la FEG; siguen adictos al pistolerismo práctico vergonzante.

Según los números artificiales con que suele elaborarse el ranking de las universidades, los momios de la UdeG no son de presunción, como nos suelen repetir. Siempre se dice que es la segunda universidad del país. Pero en 2010 el ranking web de universidades del mundo, Webometrics, calificó a las universidades mexicanas con parámetros distintos: 1- UNAM 58, 2- ITESM 443, 3- UDG 641, 4- UAM 655 y 5- IPN 855. Del tercer lugar, El Universal la baja al séptimo sitio (Mejores universidades 2009, 19 de abril de 2010) y el Reader’s Digest, en su Guía Universitaria 2009, la desploma al noveno lugar.

En el ranking de producción científica mexicana, sus índices a la baja son más drásticos. Para el periodo 2003-2009, la UNAM es la institución de educación superior con mayor cantidad de artículos publicados en revistas indexadas: 23 mil 132. La UdeG ocupa el quinto lugar, con apenas 2 mil 72 artículos. De acuerdo con el número de citas en el mismo periodo, la UNAM encabeza el registro con 137 mil 433; la UdeG se desploma al lugar noveno, con sólo 6 mil 341. En el rubro de mayor número de citas por documento, la UNAM baja al segundo lugar con un promedio de 5.94, pero la UdeG desaparece de la lista de entre las primeras 20 universidades. En el porcentaje de documentos citados, aunque la UNAM se desploma al sexto lugar, con 67.96%, la UdeG otra vez se esfuma de la lista. En artículos publicados en colaboración internacional, la UNAM desciende al lugar 13, con 40.71%; pero la UdeG vuelve a brillar por su ausencia. Finalmente, en el porcentaje de artículos en el primer cuartil, la UNAM recupera el primer lugar con 48.78, en tanto que la UdeG apenas alcanza el vigésimo lugar, con 36.20 (FCCyT, con base en estadísticas de SCIMAGO Research Group).

Mucho bien le harían a la juventud estudiosa y a toda la comunidad del estado estos fejosos dirigentes universitarios, tan mostrencos, en olvidar ya su pasado rijoso, para no estarlo invocando a cada provocación. Deberían ponerse a hacer la tarea para la que usurpan la plaza y por la que les paga el erario demasiado bien. Y si no saben hacerlo, como queda mostrado, que ahuequen el ala y no estorben el paso a quienes sí saben de qué se tratan los trabajos en las instancias universitarias. Calidad hay, lo que procede es remover los estorbos. ¿No será tiempo ya entonces de iniciar una verdadera limpia a fondo en la UdeG?