Los empresarios que pagaron alrededor de 100 mil pesos por una licencia para elaborar y vender sus productos antes y durante la justa deportiva, acusan al Comité Organizador de los Juegos Panamericanos de incumplimiento y lo demandarán. Varios de los afectados enumeran las irregularidades, que van desde funcionarios que hicieron su propio negocio hasta otorgamiento de varias licencias de un mismo rubro, cobro indebido de comisiones y obstáculos para la venta de artículos en las instalaciones deportivas.
La negligencia de los directivos del Comité Organizador de los Juegos Panamericanos (Copag) y la ambición de algunos de sus funcionarios que vendieron ellos mismos artículos deportivos, causaron fuertes pérdidas económicas a los empresarios que pagaron por una licencia para poder elaborar y vender souvenirs alusivos al evento continental, aunque no se les permitió ofertarlas en los estadios y taquillas.
Los afectados insisten en que el Copag cometió varias irregularidades, pues dio licencias a tontas y a locas, incluso anunció que grandes empresas iban a comprarles su producto, lo cual nunca ocurrió; además, no respetaron la exclusividad, pues metieron varias licencias con los mismos productos.
Lo más grave es que mientras ellos batallaban para vender su producto, funcionarios ligados a la institución, como Luis Covarrubias Varela, sí obtuvieron buenos dividendos. Él fungió, dicen, como gerente de productos de consumo del Copag y hasta la segunda quincena de junio de 2011, cuando renunció, cobraba 24 mil 577 pesos cada quincena.
De acuerdo con el portal comerciomexico.com, desde 2007 Covarrubias Varela aparece como titular de la marca Futola, que comercializó productos oficiales de los Panamericanos, como banderas, banderines, calcomanías, dijes de celulares, imanes, llaveros, mandiles, plumas jumbo, pulseras, pines, tarros y tazas.
En los registros del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) consultados por el reportero, se observa que Luis Covarrubias Varela presentó el trámite de inscripción de su firma el 20 de marzo de 2007, según el expediente 843335. La concesión se le otorgó el 25 de abril de ese mismo año y él quedó como titular de Futola.
Según el documento, la firma está autorizada para la “comercialización de bicicletas, motocicletas, playeras, chamarras, pantalones, shorts, tenis, maletas, mochilas, gorras, sombreros, llaveros, tasas, vasos, toallas, relojes, pulseras, banderas, sandalias, muñecos de peluche, cojines, posters, postales, pines, paraguas, bufandas, ropa de cama y mesa, lentes, guantes, pelotas, palos de golf, espinilleras, cascos, pants, zapatos, juguetes”.
En su sitio en internet Futola ofrece souvenirs de los Panamericanos, así como de equipos de futbol América, Atlas, Chivas, Estudiantes, Tigres, Toluca y Vaqueros de La Laguna.
El 24 de abril de 2009, el IMPI aprobó la cesión de marca a Álvaro Partida Morales, pero licenciatarios consultados por Proceso Jalisco sostienen que Covarrubias Varela sigue teniendo intereses en la empresa aunque su nombre no aparezca.
Renuente a proporcionar su identidad “por protección”, uno de los entrevistados comenta: “Si bien la ley no prohíbe a Covarrubias Varela vender los productos, su actuación carece de ética, pues como funcionario del Copag tuvo ventaja y entró al mercado desde finales de 2010; y cuando nosotros (los locatarios) íbamos a vender a tiendas de conveniencia o a Deportes Martí, los propietarios nos decían que ya tenían productos de Futola”.
El reportero obtuvo información del Copag mediante la Ley de Transparencia, según la cual una de las empresas licenciatarias –Skill Sport, otra de las denominaciones de Futola– pagó 109 mil 860 pesos por la licencia, así como 10% de regalías por cada artículo vendido.
Las irregularidades
Uno de los afectados por las bajas ventas, Ricardo Covarrubias, del Grupo Gafas, S.A. de C.V., dice que se quedó con la mitad de su producción y adelanta que presentará una demanda contra los directivos del Copag “por daños y perjuicios”, sobre todo porque “les pagamos regalías por adelantado y más de 100 mil pesos por una licencia”, indica.
La empresa de Covarrubias ofrece lentes solares, pero durante la justa deportiva las autoridades no sólo no lo dejaron ofrecer su producto en los estadios –“ahí es donde se venden”, asegura –, sino que otorgaron otra licencia a la trasnacional Oakley, que también vende lentes, aunque más caros, pues se cotizan hasta en 4 mil pesos, mientras que los de él cuestan sólo 250 pesos.
“El Copag manejó todo con las patas y nos trató muy mal. Yo he manejado otras licencias y todo se hace de forma muy seria y profesional; tenemos amplia experiencia. Pero nunca había tenido un sabor de boca tan amargo como con el comité”, sostiene.
Su colega Carlos Arturo Bañuelos Rizo, de la empresa Chapulín Sport, de Tlaquepaque, especializada en la producción de mangas protectoras para el sol, fue otro de los perjudicados, aun cuando pagó 36 mil pesos por una licencia:
“Con el Copag ya no tuve acercamiento después de que se me otorgó la licencia. Yo aposté por las Fiestas de Octubre, aprovechando un espacio que nos ofreció la Seproe (Secretaría de Promoción Económica). De ellos no tengo queja… Yo no tenía personal para ir a los estadios, somos pequeños. Esa fue una decisión mala, pues no me fue bien”, declara.
Juan Alberto Márquez Barbosa, de la firma Tierrero Jalisco es México, señala que a él sí le fue bien con la venta de tazas, aunque considera que el Copag otorgó licencias de manera indiscriminada.
“Desgraciadamente –dice– algunos mintieron y no tenían canales de distribución, por eso se vieron afectados, pues no pudieron venderle (su producción) al operador oficial Martí. Es cierto que muchos salimos bien porque ya teníamos clientes importantes, pero los más pequeños fueron los afectados.”
Al respecto, Ricardo Covarrubias aclara: “(Deportes) Martí no es culpable de nada. Es válido que Martí tenga sus políticas de compra; no les reprocho. La culpa es del Copag: nos prometieron miles y miles de turistas; nos prometieron muchos puntos de venta y no cumplieron; nos dijeron que nos iban a comprar Walmart, Soriana, Superama, tiendas que sí entraron, pero ya al final”.
Y aun cuando Laura Ordorica Torres, subgerente de licencias del Copag, asegura que el comité fue responsable de “la planeación, ejecución y seguimiento del programa de licencias de los juegos”, Covarrubias y otros locatarios reiteran que nunca hubo tal seguimiento.
“Si no hubiera sido por la Seproe, no sé qué habría pasado. Ellos abrieron una tienda para todos los licenciatarios en Paseo Chapultepec, lo que le salvó la vida a muchos; también consiguieron un camión itinerante con el empresario Benjamín Soria y nos abrieron un espacio en las Fiestas de Octubre. Hicieron lo que el Copag nunca hizo”, añade Covarrubias.
Competencia desleal
Los productos oficiales de los XVI Juegos Panamericanos inundaron las tiendas de conveniencia, departamentales y supermercados durante octubre y noviembre.
Esos espacios se saturaron de peluches, tazas, llaveros, pantuflas, toallas, lentes, dulces, paletas, chocolates, sandalias, cubos mágicos, sombreros; todos adornados con el logotipo oficial de los juegos o con las mascotas Gavo, Huichi y Leo: un agave tequilero, un venado wixárika y el león del escudo de la ciudad, respectivamente.
Documentos obtenidos mediante la Ley de Transparencia revelan que el Copag obtuvo 6 millones 437 mil 682 pesos por expedir 42 licencias, 35 de las cuales fueron para empresarios jaliscienses, con una vigencia de 15 meses, que caducó el 31 de diciembre último.
En la respuesta entregada al reportero, Ordorica Torres destaca que aún no se cuenta con los reportes de venta de los licenciatarios, pues apenas están cerrando números con sus canales de distribución: “El Copag se encuentra en espera de que licenciatarios envíen dicha información para poder revisar si hubo o no existencia de regalías por ventas excedentes. Del total de regalías, aún no se tiene conocimiento”, apunta la funcionaria.
Y aclara que el dinero obtenido por las licencias es manejado por el área administrativa del comité, pues “el departamento de licencias se mantiene al margen del destino final de esos ingresos”. Detalla también los criterios básicos sobre los cuales se comercializaron las licencias a terceros.
Según la funcionaria, el comité incluyó, entre otros: la disponibilidad de la categoría y el producto solicitado en licencia al momento del acercamiento por parte de la empresa y que ésta contara con canales de distribución naturales, independientemente de la negociación que se lograra con el operador de las tiendas oficiales.
No obstante, los licenciatarios la desmienten. Aseguran que nunca les pidieron fianza ni les preguntaron si compraban o producían; tampoco se cercioraban si eran intermediarios ni les pidieron los requisitos fundamentales: como tener tres años mínimo de afiliación a una cámara de comercio, o presentar una lista de clientes con más de cinco años de antigüedad para verificar que tenían o no canales de distribución.
Narran también que cuando iniciaron el trámite ante el Copag, los funcionarios que los atendieron les dijeron que miles de atletas, periodistas internacionales, así como turistas de todo el mundo lucirían sus productos.
“Algunos trajeron contenedores de tiliches para ponerles el sello y el holograma oficial, que costaba 35 centavos y tuvimos que comprar a una empresa contratada por el Copag. Y cuando faltaban dos meses para los juegos no se había vendido nada; tampoco nos llamaban los de Deportes Martí, ni los de Walmart… Comenzamos a alarmamos, dice uno de los empresarios afectados.
Los licenciatarios se reunieron el 14 de julio en el Club de Industriales con representantes de la Seproe. La representante de la empresa América y China, Adriana Camacho, se quejó por las bajas ventas y manifestó su temor a perder parte de los 39 millones de pesos invertidos en la elaboración de monos de peluche.
Otros compañeros suyos se lanzaron contra las grandes cadenas comerciales porque, arguyeron, no se interesaban en sus productos; dijeron que Sam’s Club incluso realizó un estudio al respecto, pero ni así les compró sus artículos; Walmart se negó con el argumento de que “el producto panamericano es regional”.
La Seproe, que fungió como promotor del plan de licencias, decidió apoyar con 5.7 millones de pesos a varios empresarios para que pudieran pagar la mitad de las licencias. La dependencia convocó a los involucrados a otra reunión en septiembre.
“Ahí vimos que varios teníamos los mismos souvenirs, lo que provocó el recelo. A partir de entonces ya nadie quiso compartir clientes ni tips; nos dimos cuenta que teníamos que rascarnos con nuestras uñas… Todos comenzaron a odiar al Copag. ¿Para qué pagar las licencias si no nos dejan vender el producto?”, relata uno de los entrevistados.
Arreglos de última hora
Entre los documentos obtenidos por el reportero hay licencias repetidas, como las de llaveros, que se otorgaron a las empresas Skill Sport; Promo Souvenir; Ciudad Natal, con sede en la ciudad de León, Guanajuato, y a la Cámara de la Joyería de Jalisco.
Asimismo, se autorizó la elaboración de tazas a las firmas Skill Sport, Tuflas de México, Tierrero Jalisco es México y Sólo Tazas.
Otros ejemplos: los chocolates los elaboraron Tuflas de México y Rey Amargo, S.A. de C.V.; la producción de bufandas recayó en las empresas Macro World y en la de Guadalupe González; la de vasos tequileros fue para Promo Souvenirs y Tierrero; la de lentes, a Grupo Gafas y a Oakley de México; la de tarros, a Promo Souvenirs, Tierrero y Sólo Tazas; las playeras, polos o camisetas, quedaron en manos de Nike; Tequileros, S.A. de C.V., e IluminaT.
Las figuras de las mascotas oficiales: Gavo, Huichi y Leo también proliferaron, lo que provocó confusión entre los consumidores. Lo mismo hubo peluches de América y China (que aparecieron durante las premiaciones), que cabezones de Apolo Arte; hubo también figuras de madera de la empresa leonesa Ciudad Natal, y de barro, elaboradas por la cooperativa Comunarte; así como alcancías de foami, diseñadas por María Cristina Gutiérrez, y las de la compañía Ressikla, que eran de metal reciclado.
Los licenciatarios jaliscienses se quejaron también porque, dicen, mientras que ellos tuvieron que pagar 10% de sus ventas con base en su precio de mayoreo, los grandes grupos no pagaron esa cuota. Son los casos de Nike de México, Comercializadora La Hurracarrana, Arena Continental, Optical Securities, Luxxotica de México y Eurochain Sport International, a cuyos propietarios sólo se les exigió un pago de regalías de entre 6% y 15% por artículo vendido.
Según los entrevistados, en septiembre la Seproe logró que Walmart y Superama compraran sus productos; lo mismo hizo con Farmacias Guadalajara, que tomó algunos artículos a consignación. Por lo que respecta a los locales de Oxxo y Seven Eleven, ya estaba Futola, “pero algunos logramos entrar; mientras que otros lograron venderle a Martí”, comenta uno de los licenciatarios.
Pero las ventas no repuntaron. Sólo durante la inauguración, cuando todo mundo se volvió loco y comenzó a comprar souvenirs panamericanos. Y aunque Seproe los ayudó con el Paseo Chapultepec y las Fiestas de Octubre, seguían sin recuperar su inversión, por lo que presionaron al Copag.
La última semana de octubre, los directivos cedieron y los dejaron trabajar en los estadios y en las calles aledañas, como vendedores ambulantes. ¿Para qué pagar licencias entonces? No podemos hacer todo: o produces, vendes o haces ambulantaje”, suelta uno de los licenciatarios.
Al final, algunos vendieron toda su producción, entre ellos Araceli Reyes, de cojines Little Detail, y Cooperativa Comunarte de Tonalá, que aglutina a 27 familias, aunque tuvieron que lidiar con los productos pirata.








