El comité organizador del Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN) consideró la presencia de 1,111 integrantes del EZLN en la capital del país como “todo un éxito”, pero reconoció que los indígenas se mantienen en la clandestinidad, pues la “intransigencia” del gobierno, que se niega a cumplir con los acuerdos de San Andrés, los obliga a no deponer las armas.
Así lo expresa Javier Elorriaga, quien, en nombre de la nueva organización, acusa también al gobierno de haber cancelado la posibilidad de que el EZLN se sumara a la naciente fuerza política, pues “a través de palabras quiso acabar con el conflicto”.
No obstante, dice que la marcha de los zapatistas a la Ciudad de México representó un triunfo, pues dejó en claro que no se han cumplido los acuerdos de San Andrés Larráinzar, que su lucha es justa y que se ha acentuado la militarización en todo el país.
Por separado, Rogelio Mercado, en una evaluación de la Segunda Asamblea del Congreso Nacional Indígena (CNI), que coincidió con las reuniones para crear formalmente el FZLN, sostiene que la iniciativa sobre la ley de derechos y cultura indígenas será el primer reto de importancia que enfrentará la nueva Cámara de Diputados.
Y asegura que la fuerza manifestada por el movimiento indígena en las jornadas de la semana pasada, proporciona a la iniciativa de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) el respaldo social necesario para enfrentar la oposición del gobierno a cumplir con los acuerdos de San Andrés, que incluyen la expedición de esa ley.
Tanto el Frente como el CNI fueron los anfitriones de la delegación del EZLN en la Ciudad de México –del 13 al 18 de septiembre–, y ambos organismos subrayan que su presencia obligó a las autoridades a romper el largo silencio que mantenían sobre el conflicto de Chiapas –no mencionado siquiera en el tercer informe de gobierno del presidente Zedillo–, al grado de que las negociaciones con los zapatistas y la cuestión indígena volvieron a colocarse en el punto número uno de la agenda nacional.
Sin embargo, en declaraciones por separado, el presidente Ernesto Zedillo, el secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, y el delegado gubernamental para las negociaciones, Pedro Joaquín Codwell, reconocieron que debe reanudarse el diálogo, pero advirtieron que no se cederá en cuestiones que vayan contra la unidad y la cohesión nacional, lo que incluye la autonomía de las zonas indígenas, por lo que sería necesario replantear lo establecido en la iniciativa de la Cocopa, lo que, desde un principio, ha sido rechazado por el EZLN. También señalaron que la desmilitarización de Chiapas se logrará después de que los zapatistas cancelen su declaración de guerra al Ejército Mexicano.
Lo que falta
Convocado desde hace más de un año por los zapatistas, encabezados por el subcomandante Marcos, el FZLN surgió como organización formal el lunes 15.
“Ahora –dice Elorriaga– falta verlo caminar, porque es muy fácil juntarnos todos y gritar vivas, pero hay que ver en la práctica lo que va ser.”
Aclara que el Frente está formado por ciudadanos y grupos civiles de toda la República, y que de ninguna manera significa que sea la expresión política del EZLN, pues, de acuerdo con los resultados del congreso constitutivo, se “declara independiente ideológica, política y económicamente de los partidos políticos, de las Iglesias, del Estado Mexicano y de cualquier otro Estado en el mundo”.
En su Declaración de Principios se establece que “no aspira a la toma del poder. Su razón de ser es la construcción de estructuras organizativas en el seno del pueblo para que éste pueda tomar colectivamente las decisiones políticas que respondan a sus intereses y ejerza su soberanía sobre el desarrollo económico, político y social”.
Explica Elorriaga que quien quiera integrarse al FZLN debe hacerlo de manera individual y no corporativa, “pues la unidad debe construirse desde las bases, pese a que quizás éste sea un proceso muy lento”.
Asimismo, por mayoría de votos se decidió no aceptar la llamada “doble militancia”, o sea, pertenecer al mismo tiempo al Frente y a un partido político, lo cual, aclara, no significa que el FZLN “vaya a estar cerrado a todo tipo de alianzas”.
La “Exposición de motivos” del acta constitutiva del FZLN señala que en México existen dos proyectos de nación que luchan entre sí para definir el futuro del país:
“Uno, el del poder, es el de la inmovilidad. Implica la destrucción de la nación mexicana, niega nuestra historia y raíces, vende la soberanía, hace de la traición y el crimen los fundamentos de la moderna política, y de la simulación y la mentira escaleras de éxito político; impone un programa económico que sólo consigue ganancias en la desestabilización y la inseguridad de todos los ciudadanos, y utiliza la represión y la intolerancia como argumentos de gobierno.
“El otro proyecto, el de los mexicanos y mexicanas con o sin organización, es el del movimiento. Implica la reconstrucción de la nación de la única forma posible, es decir, de abajo hacia arriba; recupera historia y raíz de nuestro pueblo; defiende la soberanía; lucha por una transición a la democracia que no simule un cambio, sino que se haga proyecto de reconstrucción; lucha por un país que tenga la verdad y el mandar obedeciendo como norma del quehacer político; por que la democracia, la libertad y la justicia sean patrimonio nacional; por que el diálogo, la tolerancia y la inclusión construyan una nueva forma de hacer política.”
Se explica que el alzamiento zapatista de 1994 no sólo evidenció la crisis dentro del sistema de partido de Estado y el olvido al que se pretendía condenar a los indígenas, “sino que también mostró la necesidad y posibilidad de una nueva forma de hacer política, sin aspirar a la toma del poder y sin posiciones vanguardistas, además de que reconoció y estableció puentes con un movimiento civil y pacífico, no partidario y heterogéneo, emergente: la sociedad civil”.
También señala que “la sociedad civil, organizada o espontáneamente, ha ido llenando los grandes vacíos que dejan los partidos políticos y, en los últimos años y en oleadas cada vez más importantes, ha conseguido los logros más significativos del México moderno; se ha convertido, con el acompañamiento de algunas fuerzas, en la principal impulsora de la transición a la democracia y en la constructora esencial de una nueva sociedad plural, tolerante, incluyente, democrática, justa y libre, que sólo es posible hoy en una patria nueva”.
Considera que ya es tiempo de que se haga valer lo establecido en el artículo 39 de la Constitución: “La soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Y esto, afirma el FZLN, “es la base para la construcción de un nuevo país”.
–¿Y cuál es el futuro del Frente? –se le pregunta a Elorriaga.
–Pues que va a ser a toda madre, es como si le preguntaras a un padre sobre su hijo. Tenemos muchas esperanzas en él, aunque a veces la realidad es muy cruel.
“Creo que el proyecto es válido; cómo lo llevemos a la práctica es otra cosa. En el Frente nadie delega su responsabilidad en otro. Sólo falta que a través de las votaciones emitidas en el Congreso se defina la estructura.”
Aparte de que se cumplan los acuerdos de San Andrés, una de las principales exigencias al gobierno de la recién integrada fuerza política es que los soldados regresen a sus cuarteles en todo el país. “Yo no sé si los zapatistas dejen o no las armas, pero nuestra posición es esa”.
–¿Aun habiendo guerra?
–Sí, porque es fomentada por el gobierno; si éste retira a los soldados, guardias blancas y policías, mejoraría mucho la situación. Las armas de los zapatistas y tantas más que hay en el país no son problema de la gente, sino de las provocaciones del gobierno. Cuando vea que el camino es el diálogo, va a tener muchos menos problemas con los grupos armados.
De hecho, dice Javier Elorriaga, “al gobierno no le hacen falta más soldados, sino más políticos. Y acatar la voluntad del pueblo”.
Pero, acusa, “quería salir del problema chiapaneco gratis, diciendo que el conflicto se acabó sin haber cumplido nada, que el EZLN desaparecía y se transformaba en fuerza política. En eso radicó su reciente campaña”.
Tras de lamentar el enésimo robo a las oficinas del Frente –ahora se llevaron teléfonos, un fax y regalos para niños indígenas de La Realidad–, Elorriaga afirma que el FZLN es una fuerza más que pretende abrir caminos, que los resultados no son automáticos y que su solidaridad no es sólo con Chiapas, sino que abarca la problemática nacional.
La autonomía
El lunes 15 y el martes 16, “como los ríos que se juntan viniendo de todas las montañas”, representantes indígenas de todo el país lamentaron, al lado de la delegación del EZLN, “la sinrazón de quienes se dicen ejecutores de las decisiones del pueblo”, “la intolerancia que no permite la democracia” y que “los gobiernos sigan mirándonos sin vernos y escuchándonos sin entendernos”.
En la Segunda Asamblea del Consejo Nacional Indígena, exigieron ser tomados en cuenta como sujetos políticos plenos, denunciaron que la respuesta del gobierno a sus “legítimas” demandas sigue siendo el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, rechazaron la militarización de sus regiones y advirtieron que ha llegado “la hora de los pueblos indios”.
Tras de reafirmar su deseo de autonomía, explicaron: “No queremos, como lo asegura el gobierno, separarnos de este México que tanto amamos, que ha sido construido sobre las espaldas de nuestros vivos y los huesos de nuestros muertos”.
Pidieron el reconocimiento de sus territorios, sistemas normativos, diferencias y capacidad para gobernarse.
Dijeron que “ya no pueden esperar”, anunciaron que del 8 al 12 de octubre próximo regresarán a la capital del país para realizar su tercera asamblea y amenazaron con tomar pacíficamente la Cámara de Diputados para que los acuerdos de San Andrés se incorporen a la Constitución.








