Algunos meses antes de morir, Amado Carrillo Fuentes hizo una proposición al gobierno mexicano porque ya pensaba retirarse de sus actividades, revela Manuel de Jesús Bitar Tafich, compadre de El Señor de los Cielos, quien está bajo arraigo domiciliario por presunto lavado de dinero del Cártel de Juárez y por manejar las inversiones de Amado Carrillo en Chile.
Entrevistado telefónicamente –se encuentra en el hotel Edison de la Ciudad de México–, Bitar Tafich dice que en varias ocasiones le sugirió a Carrillo que se retirara. La última vez lo hizo durante un paseo en Chile, cuando el capo disfrutaba de una apacible estancia en ese país acompañado de su familia.
Recuerda: “Le dije: ‘Ya, compadre, deja eso. ¿A poco no disfrutas a tu familia?’ Aquí tardaba hasta tres o cuatro meses sin verla. Y me respondió: ‘Compadre, ya le pensé y le he pensado mucho. Ya tengo intenciones; inclusive, hice una proposición al gobierno mexicano’. Pero no me explicó en qué sentido”.
De 52 años de edad, Bitar Tafich asegura que conoció a Amado y a Rafael Aguilar Guajardo en Torreón, Coahuila, en 1983, cuando ambos trabajaban en la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Aguilar Guajardo –considerado el primer jefe del Cártel de Juárez, asesinado en 1993 en Cancún– era director regional de la DFS y atendía tres estados: Coahuila, Durango y Chihuahua. Amado Carrillo, quien heredó el mando del grupo, era un simple agente.
Dice que dejó de ver a Carrillo Fuentes un par de años. En 1985 se lo encontró en Ojinaga, y en 1996 se hicieron compadres, “cuando me bautizó a mi hijo, Miguel de Jesús, en México”.
–¿Conocía sus actividades?
–Yo sabía que había sido procesado en 1989, que salió y que ya no tenía ningún problema, ni orden de aprehensión ni nada, ya que andaba bien. De lo contrario, no me le hubiera arrimado.
La historia chilena
Entre marzo y abril de este año, Bitar obtuvo un permiso para instalar en Chile un negocio de compraventa y reparación de automóviles, llamado Hércules, en el que invirtió 60,000 dólares.
“Meses después, una persona allegada a mi compadre me pidió que me hiciera cargo de sus hijos (de Carrillo, tres en total), quienes iban a estudiar en Chile; querían que yo escogiera el lugar, que fuera su tutor y los cuidara.”
Según Bitar, uno de los hijos de Carrillo Fuentes entraría a licenciatura, otro a preparatoria y el más pequeño sería sometido a un examen para determinar qué nivel le correspondía.
–¿Qué hizo al llegar a Chile?
–Me encargué de instalarme y de preparar una casa para que llegaran. Pero cuando Amado llegó a Chile, mi esposa me dijo: “Vámonos, porque esto no estaba en el trato”.
–¿Usted rentó las casas de Amado personalmente?
–Renté cuatro casas, y en total fueron 120,000 dólares por seis meses adelantados. Los coches Mercedes Benz eran de mi negocio; son viejos, modelos 87, 86 y 85. No eran carros de la categoría de los que él usaba. Acepté ir para hacerme cargo de sus hijos. Después apareció Amado, sin avisarme. Fue cuando a mi señora ya no le gustó.
–¿Por qué?
–Ella nunca estuvo de acuerdo con que tuviéramos algún nexo con ellos, directamente, por la situación de él, que era una persona muy perseguida y tenía miedo de que nos involucraran en algo, como nos están involucrando ahorita.
–¿Nunca pensó que esa cercanía era peligrosa?
–Nunca pensé que fuera a estar cerca ni que fuera a ir para allá. Creí que únicamente me iban a mandar a los muchachos. No era ningún delito atender a los hijos de un amigo. Sea cual sea su giro, no es delito en ninguna parte del mundo. Es un acto de humanidad.
–Dice que la intención de Amado era vivir en Chile. ¿Por qué en ese país?
–Por la tranquilidad de su familia. Allí andaba muy a gusto: sin escolta, sin que nadie lo molestara. Hay mucha seguridad.
Ya instalados en Chile, familiares y empleados de Carrillo –de acuerdo con información de la Procuraduría General de la República– hacían efectivos sus cheques en una casa de cambio propiedad de Jaime Ventura Cohen, quien también se encargaba de transferir dinero de Nueva York a Santiago de Chile para la organización del capo.
Cuestionado al respecto, Bitar Tafich dice que no conoce a Ventura Cohen, y explica: “Creo que esa casa de cambio ellos la usaban para cambiar sus cheques cuando yo me negué a cambiárselos… la señora de Amado, su médico de cabecera y su chofer…
“En sus declaraciones, Ventura Cohen dijo que les cambió cheques por 400,000 dólares, pero él no tiene la obligación de investigar a sus clientes. Tú llegas con tu pasaporte, te identificas y te cambian lo que sea. Ese es el único requisito que se necesita.”
Rechaza las acusaciones por lavado de dinero, “porque aquí, en este país, yo no hice ningún ilícito. Se supone que lo cometí en Chile al cambiar los cheques que me dieron”.
–¿Dónde los cambiaba?
–En una casa de cambio muy diferente a la que ellos usaban, que no tenía nada que ver con los Ventura. Cambiaba cheques de mil dólares. Me los llevaba a mi casa un chofer de mi compadre. En total, les cambié como 60,000 dólares.
–¿Conoce a Eduardo González Quirarte, señalado como subjefe del Cártel de Juárez?
–No conozco a nadie de la organización. Es muy lógico que si tú me vas a poner a cuidar a tus hijos, tienes que buscar una persona que esté limpia y que no tenga nada que ver con ningún ilícito. De ahí, por lógica, la autoridad debe entender que no van a escoger a una persona que sea de la organización.
Considera, pues, que no existen elementos para fincarle ninguna responsabilidad penal, aunque sabe que será consignado ante un juzgado federal por lavado de dinero.
Señala que el periódico El Universal publicó la semana pasada una lista de cuentas de cheques “que yo no tengo”, por lo que su familia prepara una denuncia contra ese diario “por inmiscuir a gente que no tiene nada que ver con este asunto”.
Explica: “Mi familia está desligada de mí comercialmente, y mis negocios no tienen nada que ver con los de ellos. Nunca hemos tenido ninguna relación comercial. Cada quien es independiente, y no es correcto que estén embarrando a la familia por una cosa que no es”.
Acepta, sin embargo, que posee tres cuentas bancarias: “Una tiene 2,000 dólares, otra 26,000, de mi señora, y una más en pesos chilenos, que es mía y que no llega ni a 3,000 dólares. ¿Eso es lavado de dinero?”
–¿De donde proviene ese dinero?
–De mi trabajo, del taller. Apenas teníamos un mes trabajando. Me dedicaba a la reparación de automóviles BMW, Porche, Mercedes Benz y Jaguar.
Mientras él sigue bajo arresto domiciliario en el hotel Edison –con todos los gastos pagados por la PGR–, lamenta que su esposa y su chofer Edgardo Jiménez Care, chileno, permanezcan encarcelados en Chile por presunta asociación delictuosa.
Narra que, recién arrestado, las autoridades chilenas le ofrecieron proteger a su esposa, “pero no cumplieron. Lo más grave es que tiene siete meses de embarazo y su estado es riesgoso; no tiene dinero, pues se lo quitaron junto con su coche y, aunque no hay elementos para mantenerla detenida, sigue allá y no la dejan salir”.
Amado y Cuba
Bitar Tafich considera que Amado Carrillo nunca tuvo intenciones de hacer inversiones en Cuba, y que si acaso visitó la isla, habrá sido como turista.
–¿Por qué considera que no invirtió en Cuba?
–Porque es un país que no amerita tener inversiones. No hay seguridad, no hay nada. El gobierno no da facilidades, y las leyes son muy duras para castigar el narcotráfico. Ahí te fusilan. Por eso nadie se va a meter en un negocio de ésos.
–¿Ni siquiera se puede hablar de que estuvo ahí?
–Posiblemente sí haya estado como turista y bajo otro nombre, pero es infantil que piensen eso.
Bitar Tafich señala que la última vez que vio a Carrillo Fuentes fue en los primeros días de junio de este año, cuando lo fue a dejar al aeropuerto de Santiago, donde abordó un avión que lo trasladaría a México.
–¿Iba disfrazado?
–Iba solo. Me dijo que venía a México porque tenía tirado el negocio y necesitaba cobrar algunas cantidades pendientes. Nunca anduvo disfrazado. Aquí en México andaba como Juan por su casa. Yo lo veía hasta en los restaurantes, a donde iba a comer mariscos, y nunca lo vi temeroso.
–¿Sí fue Amado Carrillo el que murió en la clínica Santa Mónica?
–Sí, no hay duda. Lo prueban los exámenes y las cicatrices que mostraron. Y murió por una medicina que cuesta menos de dos pesos, el Dormicum, que se contrapuso con la anestesia. No creo que haya sido un homicidio.
Dice que se enteró en Chile de la muerte de su compadre, pero nunca imaginó que fuera a someterse a una operación, “porque no me lo dijo ni llevaba planes para ello. Quizá lo convencieron aquí en México”.
–¿Dónde están la esposa y los hijos de Amado Carrillo?
–Supe que estuvieron en el entierro. Ahora ignoro dónde estén.








