A pesar de la crisis en la que vive desde hace años, la danza en Cuba sigue siendo una actividad privilegiada.
Miguel Iglesias, director durante la última década de la compañía oficial Danza Contemporánea de Cuba, vino a México para participar en la Asamblea General de la Alianza Mundial de la Danza, Centro de las Aaméricas que se efectuó en el Centro Nacional de las Artes del 8 al 12 de marzo.
La suya es la principal compañía en un país donde la danza se ha convertido en la expresión nacional por excelencia. En la isla todos bailan, y bailan bien. Iglesias así lo dice:
“A mí no me gusta hablar de esas cosas porque me sale el chauvinismo, pero mira, nunca va ser peor que antes, siempre va haber más desarrollo, porque si no, nosotros mismos negaríamos lo que aprendimos y seguimos desarrollando.”
Iglesias tiene razón. Como si fueran deportistas, los bailarines cubanos cada vez bailan mejor, poseen una línea estética mucho más alargada y su capacidad física e interpretativa ha ido aumentando de manera exponencial.
“Creo que son mejores bailarines más completos porque el estilo del tiempo es distinto también”. Explica además: “antes yo tenía 50 bailarines y escogía un negro para bailar lo negro, un blanco para bailar lo blanco y un chino para bailar lo chino. Ahora mis bailarines tienen una composición étnica mezclada, mestizada, su diapasón interpretativo va desde un extremo a otro”.
Considerada como una compañía que puede alternar lo tradicional de la danza, de la moderna, de la de vanguardia, Danza Contemporánea de Cuba posee cerca de 30 bailarines, en su mayoría muy jóvenes, capaces de dominar diferentes estilos de movimiento de manera sencilla y en ocasiones asombrosa.
Su técnica de entrenamiento –la oficial en todas las escuelas de danza– deviene de la capacidad de los cubanos para sintetizar los conocimientos de Martha Graham, José Limón, la raíz africana de movimiento, y una buena parte de influencia de la danza moderna de México que encabezara Waldeen, Elena Noriega y Manuel Hiram.
De gran eficacia, como lo es en sí misma la técnica cubana de ballet, la de danza moderna es en la actualidad artículo de exportación, lo que de alguna manera ha ayudado económicamente al grupo que realiza anualmente cursos especializados para artistas de todo el mundo. Su éxito es de gran notoriedad.
Sin embargo, como sucede en una buena parte de los países latinoamericanos –en México de manera notoria–, el gran auge de la danza contemporánea cubana no está en la Danza Contemporánea de Cuba sino en los grupos independientes que proliferan en ciudades como Camagüey, Santiago, Matanzas y en la misma Habana. Los coreógrafos jóvenes empiezan a hacer carrera y en una buena parte de los casos manifiestan una enorme posibilidad de revolucionar las tradicionales concepciones coreográficas cubanas.
La diferencia del movimiento independiente cubano con el de México reside en que en Cuba los artistas de la danza siguen teniendo un estatus profesional de gran nivel, sus ingresos son de lo más alto del país y tienen garantizado servicios médicos, jubilaciones y todo tipo de seguridad social.
Más organizados y capaces de optimizar en grado sumo debido al período especial en el que viven, los bailarines isleños sostienen su danza contra viento y marea, ahora sí que por el puro amor al arte.
Mientras admira asombrado las instalaciones del Centro Nacional de las Artes, Iglesias subraya: “antes derrochábamos mucho, ahora somos más austeros y más eficientes”.








