Un día cualquiera

A alguien en la Universidad Nacional Autónoma de México se le ocurrió la idea de realizar funciones de teatro a mediodía las sábados y los domingos, no para niños, como pudiera pensarse, sino para adultos, lo que ha resultado un acertado cambio de hábitos teatrales.
Ahora, en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz se presenta Un día cualquiera, de Franca Rame y Darío Fo, con Lucero Trejo y Carlos Cobos, en una puesta en escena del joven director Miguel Angel Rivera.
Un día cualquiera, una mujer decide suicidarse, pero antes prepara un video, a manera de carta póstuma, dirigido a su esposo, con el cual no vive desde hace tiempo; pero a su departamento llegan diversas llamadas de otras mujeres, igualmente desesperadas, quienes la confunden con una psicoanalista.
A partir de la primera llamada se desencadena una serie de situaciones cómicas, grotescas y trágicas que obligan a la protagonista a verse en el espejo deformado de las otras mujeres, lo que la hace cambiar de decisión; aunque quizá, demasiado tarde, porque el poder público, representado por la policía, irrumpirá en su hogar, ya que su conducta a través de palabras e ideas no parece lógica ni normal a los oídos de los vigilantes del orden.
Esta mujer está sola, como solos están quienes habitan las grandes ciudades, rodeada de aparatos, cámaras de video, contestador telefónico, interfón, sensores contra humo y alcohol, objetos todos que contribuyen a hacer más palpable la soledad.
No se trata ahora de otra obra más de Darío Fo y Franca Rame sobre la condición de la mujer, ni sobre la corrupción del poder público. Es una historia sobre la soledad. Si se cambiara el sexo de la protagonista podría ser también la historia de un hombre solo, un día cualquiera. A través de esta farsa es posible hacer una reflexión sobre los fantasmas de nuestro tiempo y nuestra realidad, que no son otros que la alineación, la incomunicación y la soledad, visto por sus creadores con una mirada de piedad.
Lucero Trejo merece ser la protagonista de esta obra. Actriz de larga carrera profesional ha estado en múltiples foros, trabajando con disciplina y profesionalismo con los más importantes directores de México, en la Universidad Veracruzana, en el añorado Centro de Experimentación teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes, y en la UNAM.
Actriz de compañías de repertorio, el público la ha visto en su excelente desempeño actoral en María Santísima, Grande y pequeño, El balcón, Máquina de coser, Casa llena, Lances de Amor y Fortuna, montajes de grato recuerdo.
Es una mujer eléctrica especialmente dotada para la farsa. Tiene esa energía, esa gestualidad, esa sensibilidad, esa delgadez fina, esa expresión, esos movimientos más rápidos que la vista, que se requieren para transmitir toda suerte de emociones y sentimientos.
Completa el reducido elenco, Carlos Cobos, actor nacido para la comedia, quien aparece en la segunda parte de la obra, en el momento justo para apuntalar el ritmo y acelerar el desenlace. Este carismático actor es el mismo empresario japonés de El hijo de Sushi que se presenta en el Foro Shakespeare.
Hay tal parecido en la sociedad italiana y en la mexicana, que no resulta difícil establecer la equivalencia entre una mujer de allá y una de acá, y entre personajes de sociedades semejantes en su problemática, por lo que la adaptación a este país resulta congruente, posible y verosímil.
Miguel Angel Rivera dirige un espectáculo teatral limpio, sobrio, eficaz. Ha hecho algunos ajustes al texto, quizá por razones de producción y presupuestos. Los dos asaltantes del texto original fueron convertidos en uno solo y ha introducido a un predicador que no aparece en el texto italiano; ha suprimido las voces provenientes de los departamentos vecinos, pero ha conservado la tesis original, subrayando la soledad y la incomunicación de esta comunicadora que se dedica a la publicidad. Nunca como hoy habíamos estado tan comunicados, y sin embargo tan solo, ha sido la premisa de Rivera en este montaje.
Con una muy bien resuelta escenografía de Arturo Nava, Un día cualquiera es un producto digno del espacio en el que se encuentra, que revela a un director joven, poco conocido y que muestra a una actriz espléndida, en plena madurez de facultades.