Del 16 de febrero al 13 de marzo el Polyfórum Cultural Siqueiros presentó Historias recuperadas: aspectos del arte en Chile desde 1982, exposición que había hecho el siguiente recorrido: Jane Woorhees Zimmerli Art Museum de Rutgers en New Jersey, Lehigh University Art Galleries de Bethlehem en Pennsylvania, Museo de Arte de Puerto Rico en San Juan, Kenkeleba Gallery en Nueva York, Rhode Island School of Design en Providence, y Contemporary Art Museum de la University of Southern Florida en Tampa. México no había sido considerado en el itinerario; pero fue una feliz idea del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la División de Cultura del Ministerio de Educación de la República de Chile abrir las cajas aquí, ya en camino de regreso a su tierra, donde será presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago.
La curaduría de la muestra estuvo a cargo del Centro Latino de Arte y Cultura Rutgers de la Universidad del Estado de New Jersey, dirigido por Isabel Nazario; para ejecutarla se contrató a la curadora Julia H. Herzberg, y se contó con la colaboración de Ana María Palma, agregada cultural de la Misión Permanente de Chile ante las Naciones Unidas, de quien partió la propuesta para una empresa artística enfocada primordialmente hacia el público estadunidense. Se contó también con el apoyo de la Fundación Rockefeller, la Corporación Chilena del Cobre y American Airlines. Las partes comprometidas coincidieron en resaltar, a través del arte, la recuperación del pensamiento y las expresiones estéticas democráticas, que encontraron manera de concretarse, aunque veladamente, desde los años de la dictadura pinochetista, que se instauró proscribiendo partidos políticos, sindicatos, organizaciones comunales, agrupamientos sociales; que reprimió y mató a quienes rechazaban el régimen militar; que confiscó medios de comunicación, intervino universidades, anuló organizaciones académicas y censuró al arte.
El desarrollo económico neoliberal del pinochetismo fue en franco ascenso hasta 1981; pero al entrar por varios años en grave crisis de insolvencia, hizo que las calles fueran ganadas por protestas pacíficas o violentas que empujaron para lograr espacios de apertura y de alianzas contra el régimen. Historias recuperadas presentó imágenes en técnicas mixtas, instalaciones, pinturas, fotografías, estampas, videos y esculturas que sintetizan el período que va de las primeras aperturas surgidas a causa de la crisis económica y el descontento bastante generalizado, a la concertación de amplios acuerdos nacionales que acabaron con el gobierno militar y dieron paso a una reconstrucción democrática.
“El mundo de la cultura –escribió para el catálogo la socióloga. Sol Serrano, profesora de la Universidad de Valparaíso y de la Pontificia Universidad Católica–, tan fuertemente diezmando en el período autoritario, había recorrido también su propio camino de renovación. La separación tajante y excluyente entre una cultura de élite que ocupaba los espacios oficiales, y una cultura contestataria que luchaba por sobrevivir en los intersticios de un mundo que le era hostil, logró recuperar circuitos más amplios de expresión prescindiendo del Estado, que había sido su soporte tradicional, y vinculándo más al mercado. (…)
Quizá uno de los fenómenos más interesantes del periodo es que el mundo del arte no sólo sobrevivió al autoritarismo, sino que se fortaleció en la adversidad y profundizó su propio lenguaje. El arte distó de ser solo un fenómeno contestatario. Los artistas desempeñaron un papel destacado en la recuperación democrática, paro ya no se trataba del “arte comprometido”, sino de actores autónomos en un proceso político que era, fundamentalmente, un proceso cultural.”
Se seleccionaron obras de doce artistas: Roser Bru (la mayor, nacida en Barcelona en 1923”, Francisco Brugnoli, Juan Pablo Langlois Vicuña, Nancy Gewóld, Eduardo Garreaud, Lotty dio Bertoni, Gonzalo Días, Carlos Altamirano, Enrique Zamudio y Alberto Duclos (el más joven, 1959). Cada uno con sus propias propuestas visuales a partir de las aportaciones del arte conceptual, y algunos de ellos bien conocidos en México. Gaspar Galaz, historiador del arte y escultor, describe en el catálogo, con buen trazo, el ambiente artistico en el que actualmente producen:
“Terminadas –por ahora– las pugnas entre los distintos planteamientos de las artes visuales, se pueden decir que se ha alcanzado un equilibrio cuyo pacto es tácito y donde, al parecer, `todo se vale`: desde las instalaciones hasta la pintura realista, desde el video-arte hasta el cuadro de paisaje, pasando por las distintas prácticas del grabado, del dibujo o la escultura. Lo cierto es que se ha producido una convivencia pacifica entre todas las formas de hacer arte”.
Entre lo más sobresaliente de las Historias recuperadas, según la museografía del Polyforum: la instalación Paisaje II (1983) de francisco Brugnoli: Frente a un telón de tela plática cuelgan ocho focos desnudos que iluminan un bulto cobierto con tela plástica, que parece esconder trozos de cuerpo mutilados. Cabe apuntar que Brugnoli comenzó a hacer instalaciones en 1966-1967. La composición cuadriculada Miss Chile no. 1 (las onas), 19990, de Langlois Vicuña, combinación de fotocopias, segmentos de cuerpos modelados en plastilina y otros objetos , cuestiona el sentido de la belleza femenina impuesto por sistemas publicitarios occidentales. Los diez paneles en técnica mixta de Altamirano, reunidos bajo el titulo común de Pintor de domingo (1989-1990), político que cuestiona los prestigios tradicionales de la pintura. Las tres grandes reproducciones de fotografías históricas (Pedro Aguirre Cerda entrando en el Valle Central de Chile, el Hotel Bristol y El Dr. Allende), impresas en tela, combinadas con serigrafía y óleo, trabajadas sucesivamente en 1988, 1989 y 1990 por Enrique Zamudio, y que dan por resultado imágenes marcadas por el tiempo y resignificadas. Espectacular y plena de significados la instalación de Nancy Gewóld Entregue la oreja (1993), armada con telas, fotocopias del retrato de la autora, rindas con agua teñida, luces, alambre y fotocopiadora, que compromete al espectador con la situación padecida por los judíos por los nazis. Bien dice Gaspar Galaz: “El acto de simulación ,mediante la fotocopia de la oreja de todos aquellos que entren en esta obra, activa el sentidos que tiene la instalación. Se convierte así la fotocopia en un acto litúrgico, de rememoración, para reponer una y otra vez el registro de la oreja como dato que permite catalogar al ser humano.
Con Historia recuperadas demostró Chile el alto nivel del arte experimental en ese país.








