Es un dicho popular que al perro más flaco se le cargan las pulgas. A la debacle financiera producida por la egolatría y la irresponsabilidad suprema de Carlos Salinas de Gortari, empeñado en disimular la sobrevaluación del peso, el crecimiento de la deuda externa, la quiebra o desaparición de decenas de miles de empresas mexicanas y la disminución del poder adquisitivo de los consumidores nacionales, ahora se suma la caída del dólar respecto a las monedas de los países desarrollados que compiten con él en el mercado internacional. Por lo pronto, el peso mexicano sigue en picada y, al escribir estas notas, 9 de marzo de 1995, el dólar costaba ya cerca de ocho nuevos pesos.
Cientos de miles de pequeños ahorradores padecen indignados la ruina por la devaluación del peso que hace desaparecer los ahorros de toda su vida porque confiaron en 1994 en las promesas de Zedillo de que la economía del país era firme. Se rebelan ahora contra el gobierno y las medidas económicas que éste anuncia, los ahorradores defraudados y también los comerciantes, ganaderos, agricultores, industriales al borde de la quiebra, porque confiaron en las mil y una declaraciones de Carlos Salinas y de los funcionarios de su gobierno, apoyadas hasta la ignominia por la televisión privada y oficial, con programas especiales en las últimas semanas de su mandato, entrevistado por apologistas de “su talento económico y político” esforzados en hacerlo aparecer como un estadista genial que terminaba su gestión a tambor batiente, viento en popa rumbo a posiciones de dirección en organizaciones internacionales como la Mundial de Comercio. Mexicanos engañados por una publicidad a través de la radio y gran parte de la prensa escrita que hizo aparecer a Carlos Salinas como el presidente mexicano más exitoso, más popular de los últimos 50 años, un presidente impulsado internacionalmente por los dirigentes de las naciones más desarrolladas que lo llenaron de elogios y lo pusieron como ejemplo de buen gobernante a las naciones en desarrollo de Latinoamérica, que lo llamaron el “artífice del milagro económico mexicano” e hicieron que revistas de prestigio internacional lo designaran “el hombre del año”, y que instituciones de ecologistas, a pesar de la contaminación alarmante que en su gobierno sufrieron los ríos, lagos y mares, los valles y las montañas, la atmósfera y el subsuelo de las ciudades de la república, lo premiaran como gran defensor de los ecosistemas mexicanos. Carlos Salinas recibió también, de manera directa e indirecta, publicidad como forjador de 24 multimillonarios en dólares dignos de figurar en las páginas de la revista Forbes.
Ese individuo, encaramado a los cuernos de la luna por su capacidad de maniobra, por su habilidad política para ascender en la escala sinuosa del bajo mundo palaciego del partido de Estado, tras consumar el escandaloso fraude electoral de 1988 que lo llevó a la Presidencia, se adueñó no sólo del Poder Ejecutivo sino que revivió los tiempos de mayor poder del dictador Porfirio Díaz y logró nombrar personalmente, con sólo su voto, a la mitad de los gobernadores de los estados de la república. Cabildeó en México a diputados, senadores, asambleístas. Engañó a amigos, enemigos y a todo el que se atravesó en su camino para aprovecharlos en su beneficio. Amasó enorme fortuna y dispensó favores y beneficios a todos quienes se plegaron a sus designios. Ningún presidente mexicano logró el beneplácito de los mandatarios extranjeros como él. Los gobernantes de la izquierda, del centro y la derecha. Lo mismo Cuba que Gran Bretaña, China que la URSS y después Rusia, Francia y Japón. Consiguió el elogio de todos y se ganó la confianza de todos.
Y a todos engaño.
Carlos Salinas maniobró hasta el último minuto de su gestión para mantener el poder en sus manos y, sabedor como ninguno de las condiciones económicas que vivía el país, maquilló, con la complicidad de Córdoba Montoya, Aspe Armella, Serra Puche, Gurría Treviño y Mancera Aguayo, los números que revelaban las condiciones económicas del país. La trampa de los Tesobonos no fue algo que no se cocinara en equipo. Todo mundo sabía que esa deuda en pesos pagadera a su vencimiento, de acuerdo con la paridad del peso frente al el dólar, resultaba a la postre una deuda externa. Se dejó así al nuevo gobierno una deuda de 29,000 millones de dólares en Tesobonos que había que pagar en 1995; esto es, la deuda externa del sector oficial crecía, abruptamente, 30% respecto a la reconocida oficialmente. También se sabe que la deuda externa del sector privado acaba siendo, fatalmente, absorbida por el gobierno. Así es desde los tiempos de Agustín de Iturbide. La última amarga experiencia se tiene en el gobierno de José López Portillo, cuando las deudas de las grandes empresas fueron absorbidas en dólares por el gobierno. También es el caso de los bancos. ¿Quién saca la cara por los bancos en quiebra o al borde de la misma?
Carlos Salinas es de esos personajes de novela que desde la cuna tuvo todo. Nació en casa de poderosos y se crió entre poderosos. Todo al alcance de la mano. Nada imposible. Juguetes, diversiones, viajes. Fue preparado junto con sus hermanos para hacerse del poder. Y con Raúl hizo pareja. Cuando escaló posiciones se valió de todo y de todos. Al consumar el fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, la prensa recogió lo dicho a su padre, Raúl Salinas Lozano: “al fin llegamos, padre”, o cosa por el estilo. Y en efecto, llegaron.
Salinas llegó para quedarse. Supo bien que para ello había que pertrecharse económicamente. Así lo escribí aquí, en Proceso, reiteradas veces al inicio de su gestión. Tejió una intrincada red de complicidades económicas, de negocios, que ahora deberá desentrañar el procurador Lozano Gracia apoyado por Zedillo si quieren ganar credibilidad. ¿Cuál es la fortuna de Carlos Salinas de Gortari? ¿Cuál, la de Raúl? No es aceptable que se investigue la de Mario Ruiz Massieu y no la de los Salinas. Nadie puede creer que un empleado de gobierno, por alta que sea su posición, tenga una fortuna de 7 millones de dólares, como se dice que tiene el exsubprocurador. Menos aún que ésta haya sido depositada en Texas en el mes de noviembre.
La farsa que montó Salinas con su huelga de hambre ofendió al pueblo de México porque fue a hacerla en una casa humilde en Nuevo León. ¿Por qué no la hizo en su “pobre” casa? Pidió al gobierno que lo exonerara de toda culpabilidad en el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, y el procurador, presto, emitió un boletín precisando que no había indicios de que Salinas hubiera entorpecido la investigación. ¿Ahí queda la investigación?
Pregunto al procurador Lozano Gracia si es lógico que el lugar de un crimen sea limpiado de inmediato en vez de ser preservado tanto como sea posible para poder detectar cualquier indicio dejado por la mano criminal. ¿Por qué las autoridades que prosiguieron la investigación no averiguaron la razón de la premura de las primeras autoridades que intervinieron para borrar todo vestigio de los antecedentes físicos de la escena del crimen?
La participación de Carlos Salinas no terminó el día del asesinato. Prosiguió con los nombramientos de los fiscales especiales. Se incurre en responsabilidad por comisión o por omisión. Salinas parece omiso en su preocupación por esclarecer el crimen de Luis Donaldo Colosio. Al menos. La investigación debe proseguir. Y un elemento importante es determinar el monto de la fortuna del expresidente.
Carlos Salinas pidió que Zedillo reconociera su responsabilidad en la crisis económica que vive el país por la devaluación de la moneda y la quiebra o desaparición de decenas de miles de medianas, pequeñas y microempresas. Cuando levantó su ayuno de 44 horas, dijo que el gobierno había explicado que la responsabilidad de la crisis había sido del actual gobierno por la forma en que se había dado y anunciado la devaluación. Sin embargo, en el Congreso de la Unión, la responsabilidad se expresa claramente en el decreto donde el PRI y el PAN autorizan a Zedillo –el PRD votó en contra– para que en “1995 contrate créditos o emita valores en el exterior”. Se dice en las consideraciones generales que “México padece una de las crisis económicas más severas de su historia reciente” y que ella se debe a “una política económica que… presenta… fallas estructurales que hay que corregir, como el desequilibrio comercial creciente con el exterior, insuficiente ahorro interno, una excesiva dependencia del financiamiento externo a muy corto plazo, prácticamente a la vista… A esto se aunó la notable elevación de las tasas de interés en Estados Unidos, la cual retuvo y atrajo capitales que fluían hacia las llamadas economías emergentes”. Se menciona también, sin mencionarlo por su nombre, el conflicto en Chiapas y se dice que “no podrá haber programa que funcione correctamente sin que se recobre el clima de tranquilidad y paz social que caracterizó por tanto tiempo al país”. Pero en el punto tres de las consideraciones se hace una crítica expresa a la gestión de Salinas cuando se afirma: “ahora se hace más evidente que debieron haberse prevenido acciones, e incluso tomado decisiones que hubieran permitido reducir el impacto negativo que, por lo descrito en los dos puntos anteriores, se hizo inaguantable en diciembre. Este es el caso del tipo de cambio, de la rápida y cuantiosa emisión de Tesobonos, de la excesiva liquidez que provocó la intermediación financiera oficial, y de medidas para proteger a nuestros productores de la competencia desleal de los países con que tenemos tratos comerciales…”.
Las medidas económicas que se anuncian son contrarias a los intereses de la mayoría de la población. No sólo van contra los trabajadores del campo y de la ciudad, contra los empleados públicos y privados sino contra los empresarios, quienes ya empiezan a expresar su malestar, como lo hicieron en Monterrey los militantes de la Coparmex. Se anuncian alza de impuestos y un raquítico incremento a los salarios. Los poderosos seguirán disfrutando de privilegios. Los ricos empresarios, los más grandes en estas épocas de crisis, se benefician. Ajustan, despiden. Son los pobres que sufren. Pobres de los pobres.








