Señor director:
Cuando se abren las páginas de la revista y se leen algunas notas, surge la pregunta si será mentira tanta verdad, o si será verdad tanta mentira.
Las crónicas de la corresponsal Anne Marie Mergier están salpicadas de hechos que no se apegan a lo que realmente ocurre. Paso a la descripción relacionada en el número 956 de 27 de febrero último.
La seguridad de las embajadas o misiones diplomáticas no corresponde al embajador sino al gobierno del país sede. En consecuencia, las decisiones sobre la policía en París no las toma el embajador de México en Francia y, por lo mismo, yo no puedo ordenar que la policía permita o no el paso en calles de París a manifestantes. El ejercicio de sus libertades es un asunto interno que corresponde a las autoridades, en este caso francesas, decidirlo; por lo mismo, tampoco falté a mi palabra ni con los manifestantes ni con los grupos que dicen representar, y menos aún con los medios de comunicación, con los que siempre he buscado mantener una relación respetuosa, abierta y cordial.
A mayor abundamiento, ella preguntó a la policía de quién provenían las órdenes, y la respuesta fue contundente: de la prefectura, no de la embajada.
Por otra parte, siempre será fácil escudarse en el anonimato, arrojar cohetes sobre la residencia de la embajada y lanzar insultos y procacidades, pues estos fenómenos han sido ya muy estudiados desde antes de Elías Canetti. Lo ridículo resulta que en aras de una posición respetable se descontextualice la información y no se cumpla con lo que los lectores realmente esperan: la verdad sin manipulaciones.
Le suplico publicar esta aclaración y de antemano le expreso mi agradecimiento.
Atentamente
Ignacio Morales Lechuga
Embajador de México en Francia.
Respuesta de la reportera
En los párrafos que dediqué a la manifestación de solidaridad con Chiapas, que se llevó a cabo en París el pasado 20 de febrero (Proceso número 956):
1) Constaté, como lo hicieron los manifestantes, que el acceso a la calle que lleva a la embajada de México en París estaba cerrado por Cuerpos Republicanos de Seguridad (CRS). No afirmé en momento alguno que el embajador Morales Lechuga había pedido a la policía francesa cerrarlo, como lo dice en su carta.
2) Recalqué, como lo recalcaron los mismos organizadores de la manifestación, que el embajador no había querido recibir a una comisión de manifestantes.
Si el licenciado Morales Lechuga hubiera deseado realmente atender a los representantes de los partidos, sindicatos y grupos de solidaridad con Chiapas, le hubiera bastado pedir al comisario de policía que coordinaba a los CRS dejar pasar a cinco o seis personas. Este hubiera acatado su decisión sin problema alguno.
El embajador no lo hizo. Se desató la frustración y se multiplicaron los gritos hostiles no sólo a la política del presidente Ernesto Zedillo sino también al mismo embajador.
3) En mi crónica no cuestioné en absoluto el trato del licenciado Morales Lechuga para con los medios de comunicación, como lo insinúa en su carta.
Dejo a los lectores de Proceso juzgar quién manipula los hechos: ¿el embajador Morales Lechuga, quien pretende que la policía francesa, “en el ejercicio de sus libertades”, limitó las suyas y volvió imposible un diálogo con una comisión de manifestantes –diálogo que él mismo se había mostrado dispuesto a sostener ocho días antes–, o la corresponsal, quien plasmó en su crónica la frustración del movimiento galo de solidaridad con Chiapas ante la negativa del representante del gobierno de México en Francia de escucharlo?
Anne Marie Mergier.








