De modelo a seguir, México pasó a ser ejemplo negativo en la Cumbre de Copenhague

COPENHAGUE.- A lo largo del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en todos los foros internacionales se presentó a México como un modelo a seguir. Era la referencia absoluta cuando se discutía de reestructuración económica. Era el ejemplo que se citaba a los países “en transición” de la extinta URSS y de Europa Central y Oriental.
Se aconsejaba a las naciones latinoamericanas imitar al buen alumno del Fondo Monetario Internacional (FMI). Directivos de las instituciones de Bretton Woods multiplicaban sus halagos al “brillante” equipo económico de Salinas de Gortari, quien se había convertido en la estrella del exclusivo Foro Económico anual de Davós, Suiza.
La Organización para el Cooperación y el Desarrollo Económicos se honraba al recibir en “su club de los ricos” a un país cuya conversión al neoliberalismo era calificada de ejemplar.
En la prensa económica internacional, en los informes internos de los grandes bancos y en los círculos financieros se hablaba del “milagro” mexicano.
Llegó diciembre de 1994. Estalló la crisis mexicana. Tembló el sistema financiero internacional. Cayó el ídolo. Y cambiaron los discursos.
Hoy, México se ha vuelto un espejo al revés, el parangón de lo que debe evitarse, un paradigma negativo.
Ese cambio fue palpable en la Cumbre sobre Desarrollo Social de Copenhague. La delegación mexicana, encabezada hasta el martes 7 de marzo por el secretario de Desarrollo Social, Carlos Rojas Gutiérrez, y desde el jueves 9 de marzo por el secretario de Relaciones Exteriores, José Angel Gurría Treviño, pasó casi inadvertida. Ni siquiera apareció en la lista detallada de las delegaciones publicada por el protocolo de las Naciones Unidas. Los funcionarios de la ONU explicaron: “tenemos entendido que hubo problemas y cambios de último minuto en la conformación de la delegación mexicana, y que eso les impidió hacernos llegar a tiempo la documentación que les habíamos pedido”. Miembros de la delegación mexicana confesaron no haberse dado cuenta del hecho…
El discurso que Carlos Rojas Gutiérrez leyó ante una sala plenaria fue opaco. Además, le tocó hablar después de la intervención de Hillary Clinton y 15 minutos antes de la de Michel Camdessus. La sala se llenó con la esposa del presidente de Estados Unidos, se vació con Rojas Gutiérrez y se volvió a llenar con el directivo del FMI.
Después de recordar que “históricamente el proyecto nacional de México siempre había perseguido el objetivo de conciliar las libertades individuales con la justicia social”, Carlos Rojas Gutiérrez subrayó que, pese a “la difícil situación en que el país se encuentra ahora”, se habían logrado “progresos importantes en los campos de la educación, empleo, vivienda, salud y servicios básicos”.
Explicó que para salir “de la crisis económica de origen financiero” por la que atraviesa el país, “se imponía corregir los desequilibrios, para retomar el camino hacia un crecimiento sostenido”, y que eso “implicaba la adopción de medidas que inevitablemente iban a afectar las condiciones de vida del pueblo mexicano”. Pero afirmó, asimismo, que la prioridad del gobierno de Ernesto Zedillo es combatir la pobreza.
En su intervención, Michel Camdessus ilustró perfectamente el nuevo papel de México en los debates internacionales. Construyó toda su intervención a partir del “caso mexicano”, que utilizó como señal de alarma, parámetro de riesgo y pretexto para reforzar y no cuestionar las medidas impuestas por el FMI.
Camdessus explicó: “la mayor integración internacional de los mercados ya trajo beneficios para el desarrollo social y económico en el mundo. Pero también genera peligros crecientes, a tal punto que gran parte de la opinión pública teme que la globalización de la economía se vuelva sinónimo de crecimiento de la pobreza y de la exclusión. Los peligros son reales y la crisis mexicana es muy ilustrativa en este sentido. En ella podemos ver ya la primera crisis financiera del siglo XXI. Los acontecimientos mexicanos ilustraron sobremanera los efectos del rápido contagio en los mercados financieros integrados más inestables de algunos países. Hay un segundo riesgo menos obvio, pero de igual importancia: la posibilidad de una marginación más acelerada de los países que no logran integrarse a la economía globalizada. Las economías nacionales se han vuelto más vulnerables a los flujos del capital internacional y más estrechamente ligados a ellos. Más que nunca, errores e inconsistencias en política económica pueden rebasar las fronteras nacionales y sus consecuencias sociales pueden resultar costosas”.
Luego advirtió: “tenemos que mirar más allá de México para sacar lecciones de su crisis”. Entre esas enseñanzas destacó: “la necesidad para cada país de consolidar su estabilidad financiera y corregir sus desequilibrios macroeconómicos”. E insistió: “flujos positivos de capitales privados no significan que pueda abandonarse una disciplina macroeconómica interna; en ese nuevo mundo, lo que básicamente se requiere no es una disminución de los esfuerzos de reajustes estructurales sino, al contrario, un esfuerzo permanente de reajustes estructurales”.
Contrastando con la suma discreción de la delegación oficial de México, fue bastante notorio el activismo desbordado de los representantes de varias organizaciones no gubernamentales (ONG) mexicanas.
Por supuesto, tuvieron un acceso limitado a los delegados, tanto mexicanos como de otros países, y no pudieron influir directamente en las discusiones de los grupos de trabajo. Pero fueron muy solicitados por los medios de prensa internacionales y en el Foro Alternativo de las ONG.
Carlos Heredia, representante de Equipo Pueblo, corrió durante seis días de una entrevista a otra, organizó, junto con los otros cuatro representantes de ONG mexicanas, mesas redondas respecto a Chiapas. Ofelia Medina llegó a Copenhague después de haber dado entrevistas en París y antes de participar en una marcha de solidaridad con Chiapas en Barcelona.
El testimonio de la actriz mexicana consiguió la solidaridad de las ONG con los chiapanecos. Lo mismo logró Juan López Luna, el representante maya tzotzil del Frente Independiente de Pueblos Indios, invitado por una ONG danesa, cuyo testimonio conmovió profundamente en el Foro Paralelo sobre la Pobreza.