Otto Granados. Promotor comercial de Aguascalientes y cancerbero de la imagen salinista

AGUASCALIENTES, AGS.- Salinista “puro”, Otto Granados Roldán impulsa en esta entidad el plan económico que instrumentó nacionalmente el expresidente Salinas, mismo que, como sucedió con aquél, comenzó a hacer agua y a mostrar sus debilidades e insuficiencias.
Principal promotor comercial del estado que gobierna, Granados Roldán aún disfruta la bonanza económica que, gracias al cobijo de su amigo Carlos Salinas, pudo impulsar aquí.
Empeñado en destacar sus logros como promotor de inversiones –particularmente extranjeras–, Granados Roldán “se esmera en aprender frases en japonés” y distribuye a dirigentes partidistas locales un “catálogo” de publicaciones que documentan los éxitos en materia económica de su gestión.
En lo político, por lo pronto, se avizora ya la posibilidad de que, por primera vez en la historia de la entidad, se quiebre el dominio hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

SINGAPUR EN LA MIRA

“Nos gustaría llegar a ser una especie de Singapur de América Latina”, dice de su estado el gobernador Granados Roldán en una cita contenida en un artículo de Geri Smith, publicado el 12 de septiembre de 1994 en el semanario Business Week. El texto refiere que “el gobernador Otto Granados Roldán se esmera en aprender frases en japonés antes de emprender cualquiera de sus constantes viajes al Lejano Oriente”.
En efecto, Granados Roldán viaja al extranjero en busca de inversiones para su estado. En declaraciones a Alan Robinson, de World Link Magazine, el gobernador afirmó que “Aguascalientes tiene un récord importante en cuanto a relaciones industriales (…) No se ha presentado una sola huelga en 26 años”.
Esas y otras referencias a sus empeños como promotor comercial fueron compiladas por Granados Roldán en un “catálogo” que su gobierno distribuyó entre los principales dirigentes estatales de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD).
“Es un gobernador que ha tratado de cuidar su imagen como lo hizo Salinas”, dice a Proceso Jorge Humberto Zamarripa, dirigente estatal del PAN. Sin embargo, agrega, “el balance económico de su administración es desfavorable”.
Con base en datos proporcionados por el Instituto Mexicano del Seguro Social de la entidad, en diciembre de 1994 había 134,093 asegurados permanentes. La cifra, sin embargo, disminuyó rápidamente en sólo un mes, al registrarse 131,783 afiliados en enero de 1995.
A raíz de la crisis económica, según explicó el 10 de febrero el procurador estatal, Luis Flores Vázquez, los índices delictivos tuvieron también un crecimiento notable.
Del 29 al 31 de enero de este año, el gobernador, miembro de la organización Global Leader for Tomorrow, viajó a Davós, Suiza, para participar en la XXV Reunión Anual del Foro Económico Mundial, con el propósito de fomentar las inversiones “con nuestros principales socios comerciales”.

CANCERBERO DE LA IMAGEN SALINISTA

“No olvide que Salinas es una persona muy estimada por el gobernador”, dijo la tarde del martes 21 de febrero Rogelio Ramírez Soto, subsecretario de Gobierno, al dirigente estatal del PRD, Daniel Carlos García Gómez, al enterarse que el perredista promovía la participación de sus correligionarios en la consulta ciudadana del pasado 26 de febrero, hecho que disgustó a Granados Roldán.
El gobernador es uno de los personajes más cercanos al expresidente Salinas, y nadie soslaya aquí que continúa cuidando la imagen del expresidente, como cuando fue su director de Comunicación Social.
Aún se recuerda cómo el propio Granados Roldán empleó su poder para entorpecer las actividades proselitistas de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano cuando visitó la capital del estado como candidato a la Presidencia por el PRD.
El domingo 30 de mayo de 1994, Cárdenas Solórzano denunció dichas maniobras.
Desde la plaza pública exigió respeto a sus derechos y arremetió: “desde la entrevista que tuve por la mañana en Radio Universidad, el gobernador empezó a mostrar su nerviosismo, preocupado por los avances del PRD y el movimiento ciudadano en la entidad. Lo que afirmo es que este gobernador teme por sus intereses, que son los mismos que representan Carlos Salinas, José Córdoba y la parte, por decirlo así, más regresiva del gobierno actual”.
Al respecto, la Dirección de Comunicación Social del gobierno del estado envió a las redacciones de los periódicos locales un comunicado en que se deslindó de cualquier intento del boicoteo al perredista. En el texto se decía: “si no recibió ninguna llamada telefónica, es porque acudió a una estación de muy escaso auditorio, a las 8:10 de la mañana, en domingo, cuando prácticamente nadie escucha radio a esas horas, y menos cambiaría una hora de sueño más por una entrevista con el señor Cárdenas Solórzano”.

EL “QUINAZO” DE OTTO

Como su amigo el expresidente de la República, Granados Roldán ejerció aquí el poder abusivamente en los inicios de su gobierno.
Su designación como candidato priísta “de unidad” provocó resentimiento e inconformidad de prominentes militantes del PRI estatal, situación que se interpretó como un relevo de las corrientes predominantes en el interior del partido oficial.
Augusto Gómez Villanueva, Héctor Hugo Olivares Ventura, Jorge Rodríguez León y Roberto Casillas fueron desplazados por el poder presidencial que se inclinó en favor de Granados Roldán.
El poder del gobernador pudo verse con toda claridad cuando su encono hacia la vieja clase priísta se manifestó el lunes 8 de febrero de 1993 con la orden de aprehensión contra Vicente Ventura Trinidad, tío de Héctor Hugo Olivares Ventura y en ese entonces presidente municipal de San José de Gracia. Dicha captura –que fue calificada aquí como “el Quinazo de Otto”– incluyó también a Felipe Ventura Rodríguez, quien se desempeñaba como director de Obras Públicas de ese municipio.
La responsabilidad de esa acción recayó en el propio gobernador: la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) le “recomendó” poner inmediatamente en libertad a los dos detenidos, al determinar que fueron arrestados “sin que existiera flagrancia ni notoria urgencia”.
De inmediato sobrevino una virulenta reacción de los colaboradores más cercanos del gobernador contra dicha recomendación: el procurador de Protección Ciudadana, José Silva Badillo, la calificó de “anticonstitucional” y Efrén González Cuéllar, secretario general de Gobierno, de plano dijo que no se atendería, ya que la CNDH había rebasado sus atribuciones.
Sin embargo, poco después, el gobernador dio marcha atrás, y el 1º de abril de 1993 el juez de Distrito, Juan Manuel Vélez, resolvió suspender la acción de la justicia contra los Ventura.
Otto Granados Roldán enfrentó también un conato de rebeldía del sector obrero estatal. El 11 de enero de este año, minutos antes de que el senador y dirigente cetemista Jorge Rodríguez León entrara en el despacho del gobernador, sus colaboradores más cercanos aseguraron a los reporteros que no habría cambios en su estrategia de emplazar a huelga a por lo menos 60 empresas para el día siguiente.
Sin embargo, de última hora la prensa fue citada a la oficina del gobernador para atestiguar el desistimiento de la dirigencia cetemista. Apenas un día antes, el líder cetemista había anunciado que la base para negociar partiría de un aumento salarial de 70%.

TRES IMPORTANTES PERSONAS

El viernes 10 de febrero, en los principales diarios capitalinos, Granados Roldán insertó un desplegado en apoyo de las acciones del presidente Zedillo, relacionadas con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. “Aguascalientes apoya al Presidente de la República”, se tituló ese desplegado, firmado por el gobernador; por Roberto Macías Macías, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, y Enrique Pasillas Escobedo, presidente del Congreso estatal.
Sin embargo, el supuesto “respaldo de los aguascalentenses” a las medidas adoptadas por Zedillo provocó una manifestación organizada por Acción para la Democracia, y en un desplegado titulado “Que opine Aguascalientes” –publicado el 12 de febrero en diarios locales– los organizadores de la marcha consignaron que el pueblo no había “sido consultado acerca de si quiere o no la guerra en México”, y consignaba que “tres personas (por importantes que sean) no representan el sentir y pensar de toda una comunidad”.
En respuesta, cinco días después, el gobierno estatal reprodujo el desplegado del 10 de febrero, y abajo de las tres firmas añadió una réplica: “Avalan esta publicación el amplio y contundente mandato popular obtenido en las elecciones del 2 de agosto de 1992 y lo dispuesto por la Constitución Política del Estado”.
No obstante, la oposición aquí, representada fundamentalmente por el PAN y el PRD –segunda y tercera fuerzas políticas, respectivamente–, reconoce un relativo clima de apertura política.
En opinión de Antonio Ortega Martínez, exdirigente del Comité Estatal y actual secretario de Organización del PRD, “no puede decirse que el gobierno de Granados Roldán represente el caciquismo viejo”. Pero afirma que en el próximo proceso electoral del 6 de agosto se dará un juicio político en las urnas a la política neoliberal “a ultranza” que ha implantado Granados Roldán, así como a los beneficios que obtuvo amparado por la cercanía presidencial.
“Vamos a empezar a ver al auténtico Granados Roldán: Zedillo, de alguna manera, le ha dicho que ha perdido los metros de ventana que tenía en relación con otros gobernadores. La relación personal de Granados Roldán con Salinas le daba ventajas de información y estratégica frente a otros mandatarios estatales”, señala.
Ortega Martínez asegura que el tradicional modelo corporativo priísta ya está agotado en la entidad. Consciente de que el PAN representa en la entidad la “oposición histórica”, anticipa la posibilidad de que el panismo rompa la hegemonía electoral en el estado.
A su vez, el dirigente estatal panista, Jorge Humberto Zamarripa Díaz, reconoce el avance logrado con la reforma de la legislación electoral; sin embargo, se queja de la insuficiencia de sus alcances: “tiene ciertos candados que impiden una vida democrática plena”.
Asimismo, reprocha la persistencia de la simbiosis PRI-gobierno, que fue evidente, dice, en el proceso electoral federal de agosto pasado. Y ejemplifica con el caso de Luis Fernando Muñoz, quien se desempeñó como secretario particular de Granados Roldán desde que éste inició su mandato hasta noviembre último, cuando fue nombrado dirigente estatal del PRI.