Como una sospecha más de que algo tuvo que ver en el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI, se consideró la licencia otorgada el miércoles 7 de marzo al senador Hugo Andrés Araujo de la Torre al frente de la dirigencia de la Confederación Nacional Campesina (CNC).
Compadre del expresidente Carlos Salinas de Gortari y amigo desde la infancia de su hermano Raúl –declarado formalmente preso por la autoría intelectual del crimen de Ruiz Massieu–, a Hugo Andrés Araujo se le considera pieza destacada del círculo salinista que, primero desde las orillas de la disidencia y luego dentro del núcleo de poder, provocó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Oriundo de Tamaulipas y estudiante de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, junto con Carlos Salinas de Gortari, Hugo Andrés Araujo llegó en los años setenta a la ciudad de Torreón, donde promovió la formación de brigadas de la corriente maoísta denominada Política Popular, que tuvo su origen en el movimiento estudiantil de 1968.
Con ellas penetró el medio urbano de Coahuila. Fundó colonias proletarias como Tierra y Libertad con apoyo de sacerdotes de comunidades eclesiales de base. Extendió su influencia al medio rural cuando más tarde invadió la propiedad Batopilas que convirtió en ejido, no sin que antes el entonces gobernador Oscar Flores Tapia lo mandara a prisión acusado de invasión de tierras…
Siempre con apoyo de los Salinas de Gortari extendió su influencia a la Selva Lacandona de Chiapas donde su grupo, según el jesuita Mardonio Morales, echó la semilla que fructificó en lo que es hoy la insurgencia indígena.
Pero también, al frente de su organización Línea de Masas hizo crecer su poder en sectores obreros y campesinos de la huasteca potosina, Zacatecas y Monclova, Coahuila.
A principios de los años ochenta regresó a la región de la Comarca Lagunera para impulsar tanto el ejido Batopilas como algunos otros proyectos ligados a empresas agropecuarias, con el apoyo abierto de los hermanos Salinas de Gortari.
La mayoría de los cuadros araujistas, reporta el corresponsal Antonio Jáquez, fueron incorporados a establecimientos regionales de la Conasupo, dependencia que controló Raúl Salinas de Gortari, quien, junto con el que sería presidente de la República, hasta casa construyó en el lugar.
Legislador y dirigente de la CNC, Hugo Andrés mucho tuvo que ver con las reformas del artículo 27 constitucional. Fueron, al cambiar el rostro agrario del país con la privatización de las tierras ejidales, sus mejores momentos de gloria.
Sólo que su buena estrella y la de los Salinas de Gortari empezó a decaer por la misma causa con la aparición de grupos campesinos armados en el estado de Chiapas. Luego, al asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta siguió el de José Francisco Ruiz Massieu. Y, junto con el de sus amigos, el poderío de Hugo Andrés Araujo empezó a derrumbarse.
En septiembre del año pasado, el todavía líder de la CNC se deslindó de manera tajante del asesinato y dijo que tocaría a los implicados, entre ellos el diputado Manuel Muñoz Rocha, “responder a las acusaciones”.
A Hugo Andrés Araujo se le achacó su amistad con el inculpado, amigo desde la niñez de él y de Raúl Salinas de Gortari. Sobre todo que se les había visto juntos el mismo día del crimen y que hasta en el sepelio en el Hospital Español se les fotografió.
Aclaró entonces no tener “ninguna relación con los hechos mismos que lamentamos”, y expresó que su organización tenía interés de que la investigación llegara hasta sus últimas consecuencias.
Nervioso en algunos momentos, el cenecista explicó que la presencia en la central de Muñoz Rocha, presunto coautor intelectual del asesinato, obedecía estrictamente a cuestiones de trabajo en el seminario de Capacitación Legislativa que se estaba realizando en la Casa del Agrarista el 28 de septiembre pasado, día en que Ruiz Massieu recibió un tiro mortal de metralleta disparada por un gatillero.
Subrayó que Muñoz Rocha no pertenecía a la CNC, que nunca fue integrante de la Confederación y que, por tanto, la relación que se tuvo con el diputado no significaba complicidad alguna.
“Para nosotros –agregó–, es importante que se conozca que todos nuestros compañeros cenecistas estuvieron y están dispuestos a colaborar en la investigación con objeto de que los hechos se esclarezcan hasta sus últimas consecuencias conforme a derecho.”
Pese a ello, durante la última semana de octubre, el dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática, Porfirio Muñoz Ledo, reveló que el día del asesinato Manuel Muñoz Rocha y Hugo Andrés Araujo “desayunaron”, estuvieron en la Casa del Agrarista y juntos asistieron al Hospital Español donde, antes de que muriera por el atentado, iba a ser atendido de sus heridas el secretario general del PRI. La versión, según el perredista, fue proporcionada por el subprocurador Mario Ruiz Massieu.
El 27 de octubre, Araujo reconoció parte de los hechos, pero argumentó que el encuentro con el presunto autor intelectual del asesinato se debió exclusivamente a relaciones de trabajo. Atacó a Muñoz Ledo por “desvirtuar y escandalizar” y en esa fecha dijo que acudiría a la PGR en caso de que se requiriera su presencia.
El lunes 14 de noviembre, ante las versiones periodísticas de que líderes de la CNC habían sido citados en la PGR, la Dirección de Comunicación de esa central rechazó cualquier información que intentara “buscar complicidad de ese órgano, así como de su dirigente principal, en los hechos donde perdió la vida José Francisco Ruiz Massieu”.
“ASUMO MI RESPONSABILIDAD”: ARAUJO
Interesado en dejar claro que “no tenemos nada que ver con los lamentables acontecimientos”, el senador tamaulipeco pidió la colaboración de los medios de información para no dar “ciertos tintes de espectacularidad o amarillismos” que dañan el prestigio político de los que “acudimos con gusto a dar la información requerida”.
El encuentro del cenecista con los reporteros fue durante la mañana y en la oficina de prensa de la organización. En sus declaraciones, Araujo salió en defensa del presidente del PRI, Ignacio Pichardo Pagaza, y de la entonces secretaria general, María de los Angeles Moreno.
“Somos los priístas los que fuimos golpeados con el asesinato de uno de sus militantes, y somos los priístas quienes estamos interesados de que las investigaciones lleguen hasta sus últimas consecuencias”, reiteró al ser inquirido sobre las acusaciones de la PGR en el sentido de que la dirigencia del PRI “encubrió” a los asesinos.
“Si hay presuntos responsables que militan en nuestra organización, que asuman su responsabilidad individual. No hay razón, creo, para hacer generalizaciones sino que, al contrario, paso a paso la investigación se dé conforme a derecho.”
Pero hoy que su compadre Carlos Salinas de Gortari ha dejado la Presidencia y que su amigo Raúl, de acuerdo con las investigaciones de la PGR, es coautor intelectual del crimen, Hugo Andrés Araujo de la Torre, como antes –en las buenas y en las malas–, acompaña en su desgracia a quienes antes lo llevaron al poder.








