Algunas propiedades residenciales del primogénito de la familia Salinas de Gortari

La familia Salinas de Gortari departió, a mediados de diciembre, en la casa número 159 de la calle Súchil, colonia La Candelaria, delegación de Coyoacán.
Carlos Salinas apenas dejaba las riendas del país en manos de Ernesto Zedillo, y Raúl Salinas Lozano ofrecía una comida en honor del expresidente, en la residencia familiar.
Por el portón de lámina, pintado de color café oscuro, entraban y salían vehículos oficiales y privados, recuerdan aún los vecinos. Fue la última vez que la familia Salinas de Gortari –Adriana Margarita, Enrique, Sergio, Raúl y Carlos– fue vista, junta, en la casa paterna o “El Terreno”, como le decían.
En esa propiedad, tras una barda de piedra volcánica de más de dos metros de altura, cada uno de los hijos de Salinas Lozano tiene sus propias cabañas. Fueron construidas hace años, antes de que Carlos llegara a la Presidencia de la República.
En la casa principal, tipo chalet, reside el padre del expresidente. Quienes han tenido oportunidad de estar ahí, cuentan que la casa dispone de una sala de billar, una línea de boliche y una sala de cine, con equipo de proyección profesional.
Esta casa funcionó, en los años ochenta, como sede del grupo de teatro El Galpón. Adriana Margarita lo cedió a la compañía uruguaya, integrada por exiliados, para que ensayaran y presentaran sus obras.
Hasta hace algunos años, el predio tenía también alberca, caballerizas y amplios jardines. En un terreno adjunto al paterno, separado sólo por una barda de concreto, los hermanos Salinas construyeron un condominio horizontal. La vivienda más amplia, localizada al fondo del terreno, pertenece a Raúl.
Con excepción de la de Raúl, que fue ocupada por su primera esposa, Ana Pasalagua, y por los hijos de ambos, Mariana y Juan, el resto de las casas fueron alquiladas o prestadas mientras Carlos Salinas ocupó la Presidencia.
Raúl, actualmente en prisión, acusado de coautoría intelectual en la muerte de José Francisco Ruiz Massieu, adquirió una residencia de dos plantas en la 1a. Cerrada del Pedregal número 80, en el Pedregal de San Angel. La mansión, tipo colonial, está ocupada hoy día por su segunda esposa, Gladys Corte. Enrique compró la casa vecina, 82-bis, donde vive a la fecha.
Otra residencia, ésta situada frente al convento-hospital-asilo San Vicente, que dejó Raúl hace poco más de dos años, tiene una entrada por Privada Juárez número 34, en el corazón de la zona colonial de Coyoacán. La puerta de acceso colinda con un terreno baldío, el único de la privada que antes de urbanizarse era una huerta.
Raúl Salinas intentó apropiarse de ese predio abandonado, pero desistió cuando se enteró de que pertenecía a Joaquín Hernández Galicia, La Quina. Hoy, paradójicamente, Raúl está detenido en el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez y el exdirigente petrolero está próximo a abandonar el Reclusorio Oriente.
Sin embargo, Raúl Salinas no desistió en su empeño de incrementar su patrimonio, y adquirió la casa adyacente. Cuentan los vecinos que esa residencia iba a ser “para visitantes distinguidos”. Se sabe que ambas casas están interconectadas y cuentan con una piscina común.
Pedro Pérez Segura, uno de los más antiguos vecinos de la privada, relata que, mientras Raúl Salinas vivió ahí, si bien no los ayudó, tampoco los perjudicó. “Siempre cumplió sus cuotas”, dice.
Recuerda también que acostumbraba correr en los Viveros de Coyoacán, siempre en compañía de su escolta, y que el acceso de la Privada de Juárez era su preferido para entrar en su casa y salir de ella.
Cuando Carlos Salinas asumió la Presidencia de la República, miembros del Estado Mayor recorrieron cada una de las casas de la privada para conocer quiénes eran los vecinos del hermano del presidente.
Menos afortunados fueron los residentes de Cerrada del Pedregal. Sin precisar fechas, mencionan que hubo una ocasión en que los miembros del Estado Mayor Presidencial asaltaron literalmente sus viviendas porque se había perpetrado un atentado contra Raúl. No dejaban entrar ni salir a nadie. Los vecinos supieron posteriormente que en la acción habían perdido la vida dos miembros de la escolta de Raúl Salinas. A raíz del incidente, la guardia que había en la casa 82 fue despedida, y la vigilancia auxiliar quedó sujeta a intensos interrogatorios.
Poco tiempo después de que Raúl dejó su residencia de Coyoacán para irse a vivir a Lomas de Chapultepec, Enrique Salinas compró la casa de Privada de Juárez número 27. Una residencia de anchas puertas de madera, que ocupó como oficinas privadas.
A raíz de la detención de Raúl, el 28 de febrero pasado, la casa no ha vuelto a abrir sus puertas y los empleados dejaron de asistir, cuentan los vecinos. “Estamos sorprendidos por lo que pasó”, expresa el señor Parra Segura, quien funge como representante vecinal de esa calle que desemboca en Francisco Sosa.
Cuando el nombre del presidente Salinas era referencia constante en los foros mundiales por los supuestos éxitos económicos del país, Raúl sumó a su cuenta otras propiedades en la ciudad de México: la de Lomas de Chapultepec y otra en Bosques de las Lomas. Esta última la puso a nombre de sus hijos, quienes residen en el extranjero desde hace un par de años.
En el número 1765 de Paseo de la Reforma, Raúl vivía y tenía sus oficinas hasta antes de ser detenido. Las altas bardas de concreto, cubiertas con hiedra en la parte trasera, impiden ver la inmensa residencia, que semeja una fortaleza y que tiene tres accesos para vehículos en la parte delantera y uno en la frontal.
Fuera de la capital, se le conocen otras propiedades al primogénito del matrimonio formado por Raúl Salinas Lozano y Margarita de Gortari Carvajal.
En Monterrey, su ciudad natal, adquirió, en 1992, dos residencias: una, en Barrio Antiguo y, la otra, en la colonia Obispado, según consta en el Registro Público de la Propiedad. La primera fue acondicionada como oficina particular. Posteriormente, la alquiló al gobierno del estado en 15,000 nuevos pesos mensuales. Es la sede de la Subsecretaría de Cultura.
Ambas propiedades fueron adquiridas y remodeladas mediante préstamos otorgados por Bancomer y Serfín, por 7,500 y 1,738 millones de nuevos pesos, respectivamente. Los presidentes de las instituciones financieras que concedieron los créditos a Raúl Salinas son parte de la élite empresarial regiomontana más favorecida durante el sexenio salinista.
Sin que aparezca en documentos oficiales como dueño, el nombre de Raúl Salinas surge, en cambio, en boca de los lugareños como propietario del rancho Las Mendocinas, situado a unos 12 kilómetros de San Martín Texmelucan, en el estado de Puebla. (Proceso 942.)
“Es de Raúl Salinas, el hermano del presidente”, declaró al reportero de este semanario, Francisco Ortiz Pinchetti, el fruticultor Ramón Jiménez, en noviembre de 1994, días antes del cambio de gobierno.
En 1987, los herederos de Carlos Ovando vendieron el rancho de 176 hectáreas a la sociedad de responsabilidad limitada y capital variable Agropecuaria Mendocinas. Como responsable de ésta aparece Juan Manuel Gómez Gutiérrez, quien por lo menos hasta 1994 había sido comisario de la empresa constructora Eguía y Asociados, propiedad de los hermanos Carlos, Raúl y Enrique Salinas de Gortari.
Sin contar la casa principal y la casa de la hacienda, el rancho tiene el casco de una hacienda del siglo XVIII, caballerizas, campo de práctica de equitación, dos lagos, helipuerto, arroyos, seis canchas de tenis, un lienzo techado y dos chalets.
Hoy, el paraíso construido por Raúl Salinas está abandonado.