Estimado Julio:
Nuevamente me refiero al artículo de Elías Chávez que apareció en Proceso el pasado 20 de febrero y ahora al que se publica el día 27 sobre el mismo tema.
En relación con la réplica del reportero, afirmo que en ningún momento dije que las reuniones que mencionó no tuvieran lugar. Yo no lo sé. En lo que insisto es en que no he asistido a reunión alguna y que el licenciado Manuel Camacho no se reúne conmigo, sin que ello quiera decir que rechace la amistad que me dispensa.
El apoyarse en que la información de las reuniones proviene de fuentes confiables que el reportero no puede mencionar “por la reserva que debe a sus informantes” implica que esas fuentes han obrado con ligereza, porque quizá puedan probar que esas reuniones tienen lugar, pero lo que no pueden probar es que asisto a ellas. Y decir que mi respuesta fortalece la validez de su información me parece un argumento deleznable.
También hay que aclarar qué se entiende por la promoción que se me atribuye del licenciado Manuel Camacho entre hombres de negocios, antes del destape del licenciado Colosio.
Agradeciéndote de nuevo hacer la aclaración que corresponda, te saludo muy cordialmente.
Atentamente
Lorenzo Servitje.
Respuesta del reportero
Señor director:
A Lorenzo Servitje se une ahora su yerno, Fernando Lerdo de Tejada, para renegar de su relación con Manuel Camacho.
En cuanto a Servitje, en el tercer párrafo de su primera carta, la semana pasada, afirmaba, en referencia a las reuniones de Manuel Camacho con algunos de sus amigos y seguidores: “l anterior no es cierto”.
Ahora, Servitje rectifica: “yo no lo sé”.
Lo sepa o no, es argumento deleznable afirmar que esas reuniones no se efectuaron, simplemente porque ellos, suegro y yerno, no asistieron.
En su segunda carta, Servitje reconoce, ahora sí, su amistad con el exregente, pero pide aclarar “que se entiende por la promoción que se me atribuye del licenciado Manuel Camacho entre hombres de negocios, antes del destape del licenciado Colosio”. Con gusto se hace la aclaración:
En su calidad de empresario, Servitje promovió reuniones y acciones para impulsar las aspiraciones presidenciales de Camacho. Una de esas acciones: la construcción del Museo del Niño, cuya dirección quedó a cargo de su hija, Marinela Servitje, esposa del entonces diputado camachista y ahora procurador de la Defensa del Consumidor, Fernando Lerdo de Tejada.
La comisión ejecutiva del patronato del museo era presidida por otro camachista, Juan Enríquez, quien en ese tiempo era director de Servicios Metropolitanos del DDF y amigo de Lerdo de Tejada.
Y cuando Camacho era comisionado para la Paz en Chiapas, su amigo Servitje formó –el 10 de marzo del año pasado–, junto con 40 industriales, el Consejo Empresarial de Inversión y Desarrollo del Sureste, cuya finalidad era “dinamizar el desarrollo de la región”.
Si los salinistas tardaron menos de tres meses para renegar de Carlos Salinas, con mayor razón reniegan ahora los seguidores de Camacho, en desgracia política desde que se enfrentó al autoritarismo presidencial.
Así reniega Lerdo de Tejada al afirmar, en su carta, que sus relaciones con Camacho “fueron públicas e institucionales”. Efectivamente: “institucionales” se autodefinen quienes lo mismo sirven a un jefe o a otro, haga lo que haga, llámese como se llame.
En 1988, Luis Donaldo Colosio incorporó a Lerdo de Tejada al Grupo de Estrategia de Campaña del entonces candidato presidencial, Carlos Salinas.
Al término de la campaña, el “institucional” Lerdo de Tejada abandonó a Colosio y buscó la protección de Manuel Camacho, quien lo hizo asambleísta, diputado y líder del PRI capitalino.
Lerdo de Tejada no es de los priístas que critican o se inconforman. Es inimaginable, un exceso de fantasía, suponer tal cosa. El es “institucional”: sirve a quien tiene poder, llámese Luis Donaldo Colosio, Manuel Camacho, Carlos Salinas o Ernesto Zedillo.
Atentamente
Elías Chávez.








