Buen viaje

En la explanada del Comité Olímpico Mexicano hay una estatua, supuestamente de bronce, del general Clark Flores. Una estatua extraña: ¿un general sin cachucha? ¿El hacedor de los Juegos Olímpicos del 68? ¿Ese que determinó el punto de partida para el futuro deportivo de nuestros jóvenes?
Estamos, desafortunadamente, en ese mismo punto de origen. Poco ha cambiado. Al menos, en aquellos años previos de los Juegos Olímpicos de México se alentaba una enorme posibilidad: que las nuevas generaciones dieran triunfos mayores al país.
Y salían con todo ese amor a la camiseta, a la bandera nacional para, en el peor de los casos, morir con la cara al sol. Aquellos “fabulosos” treinta, que ahora los seguimos recordando con nostalgia y, desde luego, con desesperación.
Ahora, en 1995, con la saliva tradicional de los máximos dirigentes y hasta del presidente de la República, les dicen a los muchachos que den su máximo esfuerzo, que les vaya bien y que los recibiremos con los brazos abiertos.
Vi en la explanada del Comité Olímpico Mexicano a orgullosos y entusiastas atletas mexicanos. Como siempre.
Sólo que ahora se van a enfrentar a adversarios mejor preparados, instalados en la circunstancia moderna de las ciencias aplicadas al deporte.
Y se les solicitan medallas.
Mario Vázquez Raña, presidente del COM, declinó hablar al respecto.
También los representantes de Estados Unidos. Nada más que esa delegación lleva a una de sus representaciones más poderosas desde que se iniciaron los Juegos: asistirá 85% del potencial deportivo de ese país.
Unas 1,200 personas estarán en las sedes de Mar del Plata y Buenos Aires. Sus dirigentes estuvieron, trimestralmente, estudiando las condiciones climáticas y ambientales, antes de los Juegos. Sus atletas no estarán en la Villa Panamericana, porque reservaron 116 habitaciones de las 224, en Manantiales, uno de los más lujosos hoteles en Mar del Plata. Desde 1993 estuvieron investigando.
Los mexicanos, en cambio, se van a Argentina con la bendición del COM y del presidente Zedillo. Volarán gracias a dos charters, porque no hay de otra.
Por ello dice Mario Vázquez Raña:
–Hay la ilusión de hacer un buen papel…
Ojalá.