Pedro y el Lobo

Desde hace no mucho tiempo los grupos independientes de danza se han decidido a incursionar en un terreno desconocido: la creación de espectáculos infantiles.
Plazas, teatros y todo tipo de foros han sido inundados por montajes escénicos donde robots, personajes circenses, seres de otros mundos, pájaros y muñecos intentan sensibilizar al público infantil y hacerse de uno cautivo de padres de familia que siempre andan en búsqueda de eventos para entretener y divertir a sus hijos.
Uno de los proyectos infalibles, al cual se ha recurrido desde Walt Disney hasta Cachirulo es Pedro y el Lobo, a partir de la partitura de Sergei Prokofiev. En esta ocasión la idea se repite pero en terrenos de la danza, bajo el montaje coreográfico del Ballet de la Ciudad de México y dirección de Isabel Avalos.
Reconocida por ser una excelente maestra de ballet y haber dado asesoría a buena parte de las escuelas de excelencia en este arte en México, Isabel Avalos es una de las pocas atrevidas que ha logrado sacar adelante el hecho de tener una compañía de ballet clásico independiente.
Con altibajos y sin un subsidio que le permita mantener a un grupo que tiene obligatoriamente que competir con la Compañía Nacional de Danza y el Ballet de Monterrey, la meta artística de Avalos pareciera en ocasiones una empresa suicida.
Sus montajes artísticos, desde la fundación de la compañía en 1991, han fluctuado entre el triunfo y el fracaso. Ser una artista independiente le ha generado buen número de obstáculos a pesar de su gran experiencia.
Con una producción de primera, didáctico y sin mayores pretensiones, Pedro y el lobo es un acierto pocas veces visto dentro del ambiente de la danza para niños.
Estructurado a partir de un simpático director de orquesta que les explica a los pequeños por medio de diapositivas quién fue Prokofiev y cómo cada personaje de la obra está representado por una melodía, instrumento musical y estilo de danza específico, el montaje busca la participación activa del público y lo logra.
La incorporación de ballet, danza contemporánea, jazz y danza de carácter es reforzada por el estupendo diseño de vestuario de Sara Salomón y la escenografía de Carlos Trejo. Sin ser bailarines de gran virtuosismo, pero en clara evidencia de profesionalismo, los integrantes del grupo –en especial el Lobo–, hacen su mayor esfuerzo, recompensado por el entusiasmo infantil que abarrota el Teatro de la Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes todos los fines de semana.
Hay un solo pero: el uso de textos equívocos, que más que apoyar la acción dramática devienen en el lugar común de la televisión comercial. En búsqueda de la sonrisa infantil, se recurre a las frases del gansito marinela para que los niños “recuerden” a los personajes, lo que por supuesto genera risitas y un abaratamiento innecesario.
A pesar de ello, los niños logran pasar un buen rato y sus padres salen satisfechos de haberles dado la oportunidad de ver un espectáculo infantil diferente a los que atiborran la cartelera teatral, y que en una buena parte de los casos sólo sirven para reproducir los enajenantes recursos del marketin de la televisión comercial al estilo de Televisa.