Director de Cinematografía y automáticamente también de la Cineteca Nacional, Mario Aguiñaga tiene sobre todo una obsesión desde el pasado 16 de febrero, fecha en que tomó posesión al frente de esta dependencia de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación: reorientar a la Cineteca hacia una de sus olvidadas tareas sustantivas, la del rescate y restauración de materiales cinematográficos.
“Ese es el proyecto que me interesa muchísimo”, explica en la oficina que antes ocupó Guadalupe Ferrer, ahora directora de TV-UNAM: “que la Cineteca, antes que cualquier otra cosa, es un archivo de películas, es la memoria fílmica del país, aunque es más conocida por la gente –y se le dio durante mucho tiempo esa importancia– como un conjunto de cuatro salas de cine”.
Egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), director del área de cine del Instituto Mexicano del Seguro Social en los años setenta, jefe del Departamento de Programación de la Cineteca de 1980 a 1989 y desde entonces hasta febrero pasado subdirector de Promoción y Eventos Internacionales del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), Aguiñaga subraya al mismo tiempo que la Cineteca, cuyas tareas prioritarias incluyen, además del rescate y preservación de materiales fílmicos, la difusión y la investigación en el campo del cine, “es ante todo un archivo cinematográfico, y ahora ya no sólo de películas sino también de videos”.
Otra tarea urgente es la reactivación de los trabajos en torno al Reglamento de la nueva Ley Cinematográfica, que “en un corto tiempo tendrá que presentarse nuevamente a discusión entre los diferentes sectores del cine”. En la actualidad, dice, el Reglamento “se está trabajando en los departamentos jurídicos del Imcine y de RTC”.
Integrado en la actualidad con 5,500 títulos, el acervo de la Cineteca Nacional, que custodia además alrededor de 70,000 rollos diversos de película, se incrementa en la medida en que la Ley Federal Cinematográfica establece que debe ser depositada en él copia de cada una de las películas que ingresan al país.
Esta legislación, explica Aguiñaga, “se aplica a las películas de prácticamente todas las nacionalidades, con excepción de las estadunidenses”, sujetas a negociación “en base a un sistema establecido de puntajes”, que permite a las autoridades de Cinematografía insistir en aquellas de especial interés, ya que no se trata de que la Cineteca sea la bodega a donde llegue todo. Como es un porcentaje menor de películas estadunidenses el que realmente interesa, se aplicará un criterio selectivo.
Problema similar de espacio sucede con los videos que se van a comercializar, sobre los cuales pesa igualmente la obligación de entregar una copia al acervo.
Inauguradas recientemente, las bóvedas de la Cineteca Nacional ya están funcionando de acuerdo con todas las especificaciones que establece la Federación Internacional de Archivos de Film (FIAF), advierte Aguiñaga. Los nuevos depósitos de películas son cinco, destinados a: materiales en video, materiales iconográficos, y los tres restantes a películas. En ninguna de las bóvedas, asegura, se resguardan materiales cinematográficos en base de nitrato. Estas cintas, que entran en combustión fácilmente, se encuentran en “una bóveda en una parte aislada en la Ciudad Universitaria, donde compartimos el espacio con materiales de la Filmoteca de la UNAM, resguardados también de acuerdo con todas las especificaciones de seguridad establecidas”.
Los casi 70,000 rollos diversos que se encuentran en custodia en las bóvedas de la Cineteca, “no están catalogados todavía por falta de recursos humanos”, explica Aguiñaga, quien reconoce que hay necesidades de personal, “pero por las restricciones del momento no se pueden abrir plazas, entonces tenemos que reubicar personal”.
Hay otros materiales depositados en la Cineteca que implican un rescate que no se ha hecho por la falta de recursos humanos y económicos, entre ellos, por ejemplo, los que entregó la Universidad de Colima, y que están en espera del rescate, y hay colecciones enteras en la misma situación.
Asimismo, acepta el nuevo director que uno de los problemas a enfrentar es el de falta de presupuesto para renovar algunos equipos necesarios para trabajar en el rescate de materiales cinematográficos.
Sin embargo, reitera: “creo que primero tenemos que tomar conciencia de que la Cineteca es un archivo antes que salas de cine, que es también un conjunto de bóvedas, un acervo de películas que hay que resguardar en condiciones adecuadas; hay voluntad para ello, y están prometidos los apoyos para que esto se pueda activar como el punto número uno de atención de esta dirección”.
Pocos son los trabajos de rescate de materiales cinematográficos realizados, pues resultan costosos “porque implican una labor de investigación, de búsqueda, y de capacidad de convocatoria para que la gente que tiene películas en su casa las ponga bajo el resguardo de la Cineteca”.
Como integrante activo de la FIAF, señala que Cineteca debe incrementar esta relación a fin de rescatar materiales también en el extranjero y lograr intercambios con diferentes archivos del mundo, “pensando también en función de la programación de la Cineteca, para que podamos tener novedades”.
En el área de difusión, reconoce igualmente Aguiñaga, “también hay ahora un problema de recursos económicos, ya que se requiere renovar ciertos equipos”. No obstante, advierte, “la difusión se da a través de otros servicios, como la biblioteca, el préstamo de películas, el servicio de consulta documental, la librería y la galería, que constituyen una labor muy importante de la Cineteca”.
Aunque en el área de preservación Aguiñaga buscará incrementar los recursos humanos y canalizar más presupuesto, no descarta la posibilidad de trabajar en colaboración con la Filmoteca de la UNAM y el Imcine.
Al mismo tiempo, la Cineteca debe hacer frente por sus propios medios a sus necesidades económicas, ya que no cuenta con una partida presupuestaria de la Secretaría de Gobernación a través de RTC, sino que depende de un fideicomiso que administra esta dependencia. Es decir, explica Aguiñaga, “aunque la Secretaría de Gobernación se hace cargo de la nómina de la Cineteca, los gastos de operación deben salir de la propia Cineteca, de las taquillas, de la librería, de las dulcerías”.
En este sentido, reflexiona, los proyectos de financiamiento al alcance suelen comprometer el carácter cultural de la institución, “por lo que una de las complicaciones es encontrar fórmulas económicas que empaten con el espíritu cultural de la Cineteca”.
Por lo pronto, concluye, “se está trabajando en la posibilidad de un patronato que apoye financieramente a la Cineteca, preservándola al mismo tiempo como la institución cultural que es”.








