Ninguna similitud con el conflicto Calles-Cárdenas; se replantea el presidencialismo desde 1940. El de Salinas-Zedillo, “un enfrentamiento, pero no una liquidación de cuentas”: Arnaldo Córdova

Arnaldo Córdova pide serenidad: “no hagamos del enfrentamiento Zedillo-Salinas un símil con lo que pasó con Plutarco Elías Calles, el Jefe Máximo, y el general Lázaro Cárdenas”.
Si aquí y ahora hubiera “una liquidación de cuentas, ya estaríamos en una guerra civil”, dice el politólogo.
Córdova explica que la pugna Calles-Cárdenas de los años treinta “fue un proceso político de naturaleza totalmente diferente” de lo que ahora está ocurriendo a raíz de la detención de Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente de la República, y de la defensa que hizo éste, en televisión, rechazando la responsabilidad de la crisis económica y financiera que se desató con la devaluación de diciembre.
En entrevista telefónica, el autor de La ideología de la Revolución Mexicana sostiene que, en primer lugar, el general Plutarco Elías Calles tenía una posición política muy diferente de la que tiene hoy Salinas de Gortari: no era expresidente inmediato, era un jefe político en un mundo político de muy débil institucionalidad y no era un caudillo:
“Pero era lo que en su misma época se llamaba un hombre fuerte, un hombre que tenía poder detrás o por encima del trono, de ahí que a ese período se le denominara maximato.”
Abunda: “Calles no se enfrentó realmente a los presidentes del período (Abelardo Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio, Emilio Portes Gil): se enfrentó al presidente Cárdenas en una situación en que su poder estaba declinando.
“No es la situación que se presenta en todos los sexenios posteriores a Cárdenas, en el sentido de que éstos se han sucedido sin interrupciones y en que los presidentes que se retiran de la escena dejan que su sucesor decida todo.”
Militante del Partido de la Revolución Democrática, Córdova dice que el maximato fue un régimen durante el cual aún se estaban fundando las instituciones, y que, por tanto, el poder personal era muy importante; ese poder lo representaba y lo ejercía el general Calles, “pero no había los marcos de institucionalidad que justamente se dieron con la Presidencia de Lázaro Cárdenas”.
Sustenta: “después de Cárdenas y después de que desapareció de la escena el poder personal, representado en Calles –la última forma de poder personal después de la de los caudillos–, se estableció un sistema de relaciones en que la estabilidad del poder era lo primero que contaba”.
A partir de entonces, explica, la institucionalidad se traduce en sucesiones pacíficas del mando presidencial; se afianza también la idea de que el presidente es el máximo responsable de la política nacional, y de que debe conducir a la nación sin interferencias, además de que su cargo debe ser respetado por todos a partir del que deja de ser presidente.
Enfatizando, Arnaldo Córdova asevera que los hechos de entonces y los de ahora “son dos cosas diferentes: nada tienen que ver una cosa con la otra”.
Lo que está pasando ahora, dice, es una situación inédita: “estamos viendo un momento que registra grandes transformaciones, mucho más rápidas que en los pasados 15 años”.
Diputado por el Partido Socialista Unificado de México en la LII Legislatura, Córdova sostiene que desde un punto de vista económico, se presenta una situación grave que está forzando a aclaraciones de posiciones políticas que no solamente son las de los grupos en el poder sino, en general, de todos los grupos políticos y sociales que hoy cuentan en la vida de la nación.
“A todo mundo –expresa– ha extrañado la reacción del expresidente Salinas, pero en el fondo no creo que siquiera se trate de una liquidación de cuentas.”
–¿De qué, entonces?
–Se trata de un enfrentamiento que tiene diversos orígenes: por un lado, es una aclaración de responsabilidades en un momento que todos los actores de la política representan su papel desde posiciones muy débiles. No es solamente el presidente quien tiene que resolver problemas gravísimos en muchos frentes sino también los antecesores.
“Si hubiera una liquidación de cuentas, ya estaríamos en una guerra civil; lo que ahora sucede es una confrontación de fuerzas que se han venido mostrando cada vez más claramente a la luz pública con posiciones que tienen que ver con un punto: se avanza o no se avanza en el proceso de reforma en los campos político, económico o social.”
–¿Qué repercusión tiene en el sistema político mexicano?
–Algo que ha ocurrido por vez primera en la historia: el enfrentamiento interno en el gobierno y en el partido oficial de las mismas fuerzas que quieren avanzar o que no quieren avanzar.
“Para conocer a fondo todo esto, debiéramos ser lo más serenos que podamos: sacar conclusiones como que esto significa el derrumbe del sistema, pues es una barbaridad… realmente no da para tanto.
“Es una situación complicada de enfrentamientos, desde luego, pero vámonos con pies de plomo: no se trata de una guerra interna; además, ciertas normas del presidencialismo todavía prevalecen. El presidente tiene un poder tal, que puede permitirse todavía muchas cosas; entre otras, enfrentar la demanda muy exigida de la sociedad en torno de una petición de justicia, de esclarecimiento de crímenes que ocurrieron en el sexenio pasado.”
Córdova dice que espera que Zedillo haya llegado a la conclusión de que tiene que fortalecer y legitimar su gobierno precisamente haciendo justicia: “a nivel demostrativo, la aprehensión de un personaje tan oscuro, tan discutido como Raúl Salinas, es una cosa buena.
“Lo que ahora tenemos –argumenta– es un juego de intereses que incluso están rebasando las normas y los parámetros de lo que ha sido el presidencialismo desde 1940 hasta la fecha.
“Se trata de un momento en que el presidencialismo está dejando de ejercer poderes extralegales para limitarse cada vez más al cumplimiento de la ley; suena hasta natural que Salinas responda a responsabilidades que se le imputan: qué bueno que lo haga, y qué bueno que se discutiera eso entre todos…”