Con el estruendo de la ruptura todavía en los oídos, el historiador Fernando Benítez observa: “ésta es la señal de que, ahora sí, habrá una verdadera lucha de partidos”.
Decía Alfonso Reyes, comenta el autor de Los indios de México, que “siempre llegamos tarde al banquete de la civilización. Yo añadiría que llegamos tarde al sistema de partidos políticos”.
Al respecto, relata una plática con Carlos Tello: “le dije que nunca he votado porque el presidente se toma la molestia de votar por mí”.
No obstante, considera que la “ruptura total”, entre el presidente Ernesto Zedillo y Carlos Salinas de Gortari, “es un principio de democracia que se afianzará con el tiempo”. Por lo pronto, señala, “se acabaron los intocables”.
Al referirse al expresidente, Fernando Benítez subraya que le guarda gratitud, que “hizo muchas cosas bien”, pero también advierte que Salinas “no devaluó a tiempo, y ése fue el problema”.
Sobre el futuro del PRI, al que califica de “moribundo”, el exembajador manifiesta que el Revolucionario Institucional “no debe acabarse, pero sí volverse independiente del gobierno”.
LA AGONIA
Para el historiador Enrique Krauze, autor de Biografías del poder, entre las cuales figuran las de Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, la ruptura podría convertirse en una nueva oportunidad:
“El sistema político mexicano, tal y como lo conocemos, empezó hace ya 60 años con una ruptura entre un presidente y un expresidente todopoderoso, como era para efectos prácticos Plutarco Elías Calles.
“Estamos presenciando el fin del sistema. Está agonizando y lo hace, significativamente, con otra ruptura, según parece.
“Lázaro Cárdenas, a partir de esa ruptura, construyó el sistema político mexicano: de integración corporativa, un sistema total.
“El mayor error en que podría incurrir el presidente Zedillo sería el de intentar recomponerlo. Es su oportunidad de dar el golpe de gracia al sistema para abrir y democratizar la vida política en México.”








