El 28 de febrero por la tarde, México entero se sacudió con la noticia: el hermano mayor del expresidente Carlos Salinas de Gortari, Raúl, era el probable autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y había sido arrestado y trasladado de inmediato al penal de Almoloya de Juárez, en el Estado de México.
Su vinculación con el desaparecido, y quizá también asesinado, Manuel Muñoz Rocha había sido comprobada por el subprocurador Pablo Chapa Bezanilla, según dijo, con recibos telefónicos de dos llamadas de Muñoz Rocha a Raúl Salinas y a Esther Durán, hechas el 29 de septiembre de 1994, un día después del crimen. La segunda sirve al subprocurador para establecer la relación reciente, por la declaración de Esther Durán al Ministerio Público, diciendo que había acompañado a Muñoz Rocha a depositar dos días antes del asesinato 243,000 nuevos pesos en una caja de seguridad, que le habían sido entregados, según declaración del secretario particular de Muñoz Rocha, por Raúl Salinas como gratificación por su participación en el crimen.
Trascendió que el expresidente Salinas de Gortari fue informado de la aprehensión de su hermano precisamente cuando ésta se llevaba a cabo y que intentó impedirla enviando a su escolta para ello. Fue disuadido, se dijo en un diario, porque se produciría un enfrentamiento con la Policía Judicial Federal. A las 14:30 horas, Raúl Salinas fue aprehendido.
Pocos minutos después, a las 14:50, Carlos Salinas llamaba por teléfono al noticiario 24 horas, pero no para referirse a la captura de su hermano sino para leer una declaración pretendiendo deslindarse de la responsabilidad sobre la crisis económica que vive el país, atribuyéndola a errores de la actual administración. Dijo no estar de acuerdo en que el gobierno de Zedillo reconozca en el exterior el error en el manejo de la devaluación de diciembre 21 y en cambio dentro del país no haga lo mismo y se permita que se atribuya a la administración salinista la responsabilidad de la crisis. Para Salinas, el error se originó la noche del 19 de diciembre cuando Jaime Serra Puche, Miguel Mancera Aguayo y Santiago Oñate Laborde convocaron a una reunión del Pacto para anunciar a los sectores obrero y patronal lo inevitable de una devaluación. Los representantes empresariales se opusieron a la medida y pidieron y obtuvieron tiempo para consultar, por lo cual la reunión se prolongó hasta las cuatro de la madrugada del 20 de diciembre, lográndose que se ampliara la banda de flotación en 15%. Pero los salinistas dicen, y ése es el argumento toral de Carlos Salinas, que durante dos días hubo pánico en los inversionistas que se llevaron del país 15,000 millones de dólares, 11,000 de los cuales fueron cubiertos con emisión de Tesobonos. Ese es el error de Zedillo, no de Salinas.
Eso dijo, palabras más, palabras menos, a través de Televisa el expresidente, dolido porque se había violado la impunidad de su hermano, se había destruido el sacrosanto principio priísta vigente en el país desde hace más de 50 años: “tapaos los unos a los otros”.
La crítica de Carlos Salinas, insólita por venir de un expresidente, es el obvio inicio de una lucha de un expresidente y su grupo contra el presidente Zedillo. Rompe Salinas así otra regla no escrita, la de que los presidentes salientes no critican la administración de sus sucesores. Estas dos reglas rotas, la de “no tocar a los miembros en primer grado de la familia de los expresidentes” y que los expresidentes no critican al presidente son, quizá, lo más importante que ha sucedido en el país en los últimos años.
Puede ocurrir que los cargos contra Raúl Salinas no resulten fundados y en el juicio pueda defenderse y obtener su libertad al demostrar su plena inocencia, lo cual no parece. Pero se ha roto el tabú que establecía que era imposible enjuiciar a un familiar tan cercano de un expresidente. Ahora será más difícil violar la ley con impunidad. Se puede pensar que es posible llevar a juicio a cualquier ciudadano cualquiera que sea su posición política.
Tal vez Carlos Salinas no pueda demostrar que su administración no es culpable de la actual crítica situación económica de México y que los más de 600,000 mexicanos que pedimos se le enjuicie estamos equivocados, pues se trata de un mexicano honorable a carta cabal y no un pillo por todos los costados, como muchos creemos. Pero lo importante de su intervención en la televisión después de la detención de su hermano está no en sus argumentos para criticar el gobierno de Zedillo y para defender “su honor y dignidad” sino en que ha roto el tabú y los expresidentes pueden actuar como todos los mexicanos ejerciendo sus derechos ciudadanos sin cortapisas, pero también sin privilegio alguno.
Respecto a que la administración de Salinas no es responsable de la crisis porque su gobierno terminó el 30 de noviembre, hay que decir a Salinas que nada hay más falso que su afirmación. Los actos de gobierno no terminan sus efectos el día en que termina el período de gobierno. Eso nadie lo cree. Y él menos que nadie. Salinas dejó una situación económica insostenible. Ya el presidente Ernesto Zedillo lo dijo al informar sobre la devaluación del 21 de diciembre: los capitales especulativos fueron aumentando su participación en el país en los últimos tiempos. En 1988 constituían 1.5% del producto interno bruto, mientras que en 1994 alcanzaron 8%, crecieron más de cinco veces en términos relativos al PIB. Esos capitales se van tan fácilmente como llegan, vuelan como los patos en un estanque al estampido de un escopetazo.
Además, el déficit en cuenta corriente en los últimos tres años de Salinas fue de 25,000 millones de dólares en 1992, de 23,000 millones en 1993 y de 28,000 millones en 1994. El déficit acumulado era de 76,000 millones de dólares. Resulta evidente que la deuda externa tenía que crecer o que la inversión extranjera tenía que suplir tan enormes déficit. Pero la deuda externa se disfrazaba con Salinas. Los Tesobonos no eran deuda externa sino interna. Sólo después de la devaluación supimos que debíamos 29,000 millones de dólares en Tesobonos y que había que convertir esa deuda interna en externa.
El problema existía entonces en la administración de Carlos Salinas. Pero sabía maquillar los números y esconder los problemas. Dejó las cosas de tal manera que hicieran crisis al dejar él la presidencia. Le falló el cálculo por unos meses. Si la bomba estalla un poco más tarde, hubiera alcanzado la presidencia de la Organización Mundial de Comercio. Ahora se revuelve de ira porque el escenario que fabricó y que dejó prendido con alfileres se viene abajo. Y el pueblo de México sabe que él es el responsable y exige que se le llame a cuentas.
Molesta a Salinas que la voz del pueblo lo involucre en el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y exige a la Procuraduría General de la República que se aclare su situación. Coincidimos con él. Debe ser investigado a fondo. En su tiempo, siendo presidente, le recordamos desde esta tribuna que para evitar que se le mencionara como el autor intelectual del crimen debería poner la investigación en manos de los amigos de Colosio Murrieta. No quiso hacerlo. Puso a Miguel Montes como fiscal especial sólo para que saliera con su batea de babas afirmando que se trataba de un asesino solitario. Luego actuó Olga Islas, para concluir lo mismo.
La administración de Zedillo ha actuado de manera distinta; el procurador Antonio Lozano Gracia y el subprocurador Pablo Chapa Bezanilla han demostrado que hubo otros actores en el crimen. Muy grave es la denuncia que hizo Lozano Gracia al señalar que la escena del crimen en Lomas Taurinas fue alterada para confundir a los investigadores. Se puso una bala en un charco de la sangre derramada por Luis Donaldo Colosio y se hicieron falsas declaraciones. Está preso un segundo autor material del crimen. No puede descartarse la responsabilidad de las autoridades superiores de aquellos tiempos, en especial de Carlos Salinas. Haber limpiado de inmediato la escena del crimen parece obedecer a un plan premeditado. La lógica elemental en la investigación criminal establece que deben preservarse todas las condiciones posibles en el lugar del crimen. En Lomas Taurinas se actuó expresamente de manera contraria, buscando borrar todas las huellas que pudieran haber quedado. El trato mismo que se dio al asesino aprehendido en el lugar fue inusitado. Lo primero que se hizo fue bañarlo y pelarlo. La intención que se trasluce de esos hechos es muy clara: había instrucciones superiores de borrar toda huella. Límpiese todo lo que se encuentre, que nada quede como estaba.
La pugna en la clase política dominante está a la vista. Es a muerte, no de ahora sino de hace un año. Pueden ocurrir más asesinatos. Los privilegios de los enriquecidos desde el poder están en peligro. La enorme fortuna acumulada por la familia Salinas está a la vista. Investigar su origen, sus nexos con que se hicieron supermillonarios en los últimos años, dará pistas para aclarar los crímenes de Posadas Ocampo, Colosio Murrieta y Ruiz Massieu.
Establecer el imperio de la ley como norma en todas las relaciones sociales, económicas y políticas es el camino único que tenemos los mexicanos para abrir los caminos a una vida republicana democrática.
Los enfrentamientos dentro del sistema vendrán necesariamente. Los militantes de la oposición tendremos que actuar lúcidamente defendiendo los principios y condenando los privilegios y las discriminaciones.
Aclarar los crímenes de Posadas Ocampo, Colosio Murrieta y Ruiz Massieu es condición necesaria para superar la crisis que vive México. Pero no suficiente. Hace falta también la democracia. En todos los órdenes.








