“Si tomamos en serio el discurso presidencial, no hay soberanía en una parte de Chiapas”: Lorenzo Meyer

La lógica de que el presidente Ernesto Zedillo logró recuperar “la soberanía plena” en los territorios que hasta hace unos días ocupaba el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas le “parece un poco rara” a Lorenzo Meyer:
“Para empezar, si lo que estaba en peligro era la soberanía, resulta que todavía sigue en peligro, porque hay una parte de Chiapas donde está el EZLN, que no es la parte donde estaba antes.”
Precisa: “para propósitos de soberanía, lo mismo da un centímetro cuadrado que mil kilómetros. Hay una parte del territorio mexicano en donde hoy, si tomamos en serio el discurso presidencial, está ausente la soberanía”.
Eso piensa Meyer, politólogo e historiador, quien considera que es muy difícil interpretar el discurso presidencial relativo a la intervención militar en territorio rebelde.
En primer lugar, explica, porque se contradice con los mensajes que había enviado Zedillo al EZLN en sus cartas, “aun ésas que envió antes de la toma de posesión y donde el espíritu que se desprende de esas cartas es uno muy claro: vamos a negociar, vamos a terminar este impasse y vamos a resolver el problema por la vía natural.
“El discurso del 9 de febrero –refiere– y lo que viene después es difícil de entenderlo, porque no se desprende lógicamente de todo lo anterior, en que se insiste en una salida negociada y pacífica.”
Refiere entonces que Zedillo justifica el cambio de posición con base en los arsenales descubiertos. Se dice que el Ejército Zapatista preparaba una ofensiva fuera de Chiapas, pero los arsenales que presenta la procuraduría son realmente pequeñitos: “nadie en su sano juicio pensaría iniciar una ofensiva con las armas que se encontraron ahí; más bien, todo indica que eran armas que tenían como destino Chiapas mismo y el mantenimiento de ese mínimo de fuerzas que les permita la negociación política”.
Juzga: “así que la justificación es bastante absurda: los arsenales no eran arsenales, y más bien salen allí –en su parte más numerosa– libros, casetes, revistas, periódicos, y realmente está difícil ver la lógica de eso”.
Autor, entre otros libros, de La segunda muerte de la Revolución Mexicana, Meyer considera que esa justificación es muy pobre, que da paso también a la segunda y que trae consigo el resultado: la recuperación del terreno y la soberanía.
“Hay, ahora, una parte de la selva que sirve de refugio a la ecología y a esta soberanía arrancada al gobierno y a la nación.
“Así que el discurso tampoco lo entiendo por ahí: ¿a quién se le ocurre decir que la soberanía ha sido recuperada, cuando todavía queda un territorio sin recuperar?: quiere decir, en la lógica estricta, que la tarea no está concluida, y que tiene que enviar el ejército a terminar de recuperar esa parte de la patria en donde la soberanía está ausente…”
La determinación de Zedillo, para Meyer, difícilmente puede ser aceptada empleando la referencia constitucional (artículo 39) relativa a la soberanía nacional.
En su opinión, Zedillo hubiera podido usar un argumento más adecuado: “el de la soberanía es peligroso. Hubiera podido usar otra lógica, no la de la soberanía; ésa yo creo que le falló.
“Las autoridades actuales, y las de 1988, como todas las anteriores, han llegado al poder por la vía de un partido de Estado que no es lo que el espíritu constitucional pide para que nosotros los mexicanos nos sintamos representados por las autoridades y ellas, auténticamente, tengan el derecho de actuar en nombre de nosotros y ejercer en la práctica la soberanía.
“Cómo va a tocar algo que requiere una legitimidad que no tiene: él mismo lo acepta cuando en su discurso señala que es tiempo de separar el partido oficial de la Presidencia. Lo da como una posibilidad futura, no como lo que hay en este momento sino como una tarea hacia el futuro.”
Meyer insiste en que hubo una malísima elección de concepto y justificación: los arsenales y la soberanía. Esas justificaciones, asegura, tienen puntos muy débiles. Debe, en consecuencia, haber habido otra razón.
“Al tomar esta decisión, supongo que lo pensó, lo calibró, y algo superior debió haberlo impulsado para que aceptara el costo de ahondar las diferencias entre los mexicanos.”
Porque para Meyer no hay duda de que “ha polarizado más a los mexicanos políticamente activos, y supongo que inclusive hasta los inactivos.
“Las soluciones por la fuerza inevitablemente van a mantener, en el mejor de los casos, o ahondar las diferencias. Así que ésa es una de las consecuencias.”
–¿Qué legitimidad puede generar esa determinación?
–La legitimidad del hombre fuerte, de esa parte de la sociedad mexicana que tiene nostalgia por la Presidencia fuerte; siempre ha vivido bajo esa forma de autoridad. El grueso de los mexicanos hemos conocido solamente un sistema político: el presidencialismo.