GUADALAJARA, JAL.- Ernesto Ruffo Appel, gobernador panista de Baja California, a quien el expresidente Carlos Salinas de Gortari paró en seco cuando quiso encabezar las investigaciones del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, mientras nombraban conjuntamente a un fiscal especial supervisado por el Congreso de la Unión, cree que pronto se aclarará el crimen y que sus repercusiones podrían ser insospechadas.
Entrevistado por Proceso en esta ciudad, a la cual se trasladó para asistir a la toma de posesión del gobernador panista Alberto Cárdenas Jiménez, ratificó sus afirmaciones iniciales en el sentido de que las autoridades locales encabezadas por él no pudieron avanzar en la investigación del asesinato del candidato priísta, porque 30 minutos después de ocurrido el presidente Salinas de Gortari ordenó ejercer el derecho de atracción.
Sin embargo, Ruffo Appel ha sostenido una sola hipótesis: hubo dos armas y dos tiradores simultáneos.
–¿Han cambiado sus conceptos iniciales sobre los orígenes de la muerte de Colosio Murrieta?
–Simplemente he expresado opiniones que van en el sentido de algunas evidencias. Creo que hoy se han tomado en cuenta y empiezan a ser más congruentes una serie de evidencias tendentes, como decía, a formar parte de todo el rompecabezas. Hacen falta más piezas, y creo que el subprocurador Chapa Bezanilla va a seguir armándolo para que finalmente tengamos una nítida interpretación de los hechos y podamos saber la verdad.
–¿Qué piezas harían falta?
–Sólo a él compete determinarlo. Me refería a cosas muy concretas, a los asuntos inmediatos que no cuadraban, porque inicialmente a nosotros correspondió llevar la investigación, aunque sólo fue durante media hora; pero en ese lapso pudimos tener algunos elementos que tenían que ser congruentes, y si bien aún falta pulirlos, la averiguación general ya los está incorporando y pueden precisarse todavía más con las investigaciones que realiza Chapa Bezanilla.
–Se señala ahora, con mayor insistencia, que el presidente Salinas de Gortari entorpeció las investigaciones, ¿apuntan hacia allá los indicios?
–Eso ya es especular demasiado. Pienso que el crimen se aclarará y de ahí se derivarán las relaciones o implicaciones de todos los involucrados. Es un asunto muy delicado y tendría un enorme impacto nacional si se llega a la conclusión de que altos funcionarios están involucrados en el asunto.
–¿Hasta dónde llegaron ustedes en la investigación que realizaron en esa media hora?
–Pues sólo a los asuntos básicos: realizar la prueba del radizonato a los sospechosos; tener los partes municipales de las actuaciones que se hicieron en ese momento por parte del Grupo Táctico Especial de la Policía Municipal, así como recabar testimonios de los policías estatales que estaban presentes.
–Usted puso en duda que sólo fuera un individuo el que había disparado…
–Siempre dije que la ojiva encontrada no estaba en el lugar lógico, lo cual me hizo sospechar, pero ya no me correspondía a mí investigar. Ese fue uno de los asuntos que encargué a Federico Benítez López –director de la policía estatal asesinado un mes después, el 28 de abril–, así como que indagara el porqué un policía municipal que estaba franco y que trabajaba con el grupo Tucán, había recogido la bala. Benítez López era un policía comprometido y cumplía su deber cuando fue asesinado.
–Asesinato que no parece haber sido casual…
–Pudo tener relación con el caso Colosio, pero eso no lo vamos a saber hasta que no se llegue a una conclusión que arme todo el rompecabezas, porque puede ser que el homicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta y de Federico Benítez López tengan alguna conexión. Aunque no hay que descartar que la actitud intransigente de Federico Benítez respecto de los narcotraficantes lo convirtió en blanco de su venganza. No lo sabemos, eso está por verse.
El viernes 3, en la ciudad de México, Ruffo Appel amplió la información referente a la responsabilidad que tuvo en los primeros minutos después del crimen. En la casa de la cultura “Jesús Reyes Heroles”, de Coyoacán, el gobernador declaró que jamás encabezó “una investigación paralela” del homicidio, y que, al enterarse del crimen, habló al presidente “para decirle que me haría cargo de la investigación”. Pero Salinas de Gortari le indicó que el procurador Diego Valadés se haría cargo de ella.
En conferencia de prensa, expuso que uno de los hechos que debe investigarse a fondo es la llamada que el 28 de marzo –cinco días después del crimen– hizo el fiscal asignado, Miguel Montes, para enterarlo de que había una bomba en el aeropuerto de Tijuana.
“Señor gobernador, no sé por qué a mí me mandan este anónimo, pero es en Tijuana: hay una bomba en el aeropuerto de allá”, le dijo Montes.
Dos horas después de esa llamada, recuerda Ruffo Appel, Federico Benítez López fue asesinado.
Aunque por órdenes del gobernador, la autoridad estatal se movilizó de inmediato, no se halló ningún artefacto explosivo, hecho que, en opinión del gobernador, pudo deberse al propósito de que Benítez López saliera de sus oficinas para ser ejecutado.
“Siempre me ha llamado la atención por qué la amenaza se hizo llegar al fiscal en la ciudad de México, cuando se trataba de un supuesto atentado en Tijuana. Lo que parece decirnos que de esa forma se le estaba haciendo conocer que tal vez era peligrosa la investigación que estaba llevando a cabo.”
Ruffo Appel aseguró que no ha sido amenazado: “más bien, creo que esos rumores se originan en gente preocupada por mí”.
Se le preguntó también sobre el rompimiento entre Salinas de Gortari y Zedillo, a lo cual respondió que siempre, en todo inicio de sexenio, se habla de que quien llega debe romper con el que sale. “Creo que debemos dejar de ver las cosas de esa manera. Pienso que nuestro sistema político ha ido cambiando muy rápidamente en estos años. Mi opinión es en el sentido de que cada presidente debe gobernar para los mexicanos y no para sus intereses de poder o de grupo. Pudo haber presidentes anteriores que trabajaran con todo interés por los mexicanos, pero a la luz de lo que hemos visto recientemente, es claro que las motivaciones detrás de muchas decisiones presidenciales no han sido precisamente en beneficio de los mexicanos. Por eso tanta devaluación, tanto crédito y deuda externos, de manera que lo que sucedió tiene que ver con que las reglas pasadas ya no funcionan y se están buscando las nuevas”.
–¿Errores de diciembre?
–Eso es discutible. Recuerdo que en 1992 dije a Pedro Aspe Armella (entonces secretario de Hacienda y Crédito Público) que el peso estaba sobrevaluado, que los artículos extranjeros eran más baratos en Estados Unidos; que las colas para cruzar hacia allá eran cada vez más largas, y siempre me contestó con tecnicismos económicos que eso no era el reflejo real de la economía… ahora veo que no tenía razón.
Ruffo Appel señala que Carlos Salinas y su equipo deliberadamente “mantuvieron el peso sobrevaluado para halagar a los estadunidenses y lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio”, y agrega que al aprobarse el TLC se dio “una ventaja excelente para que el peso tomara un valor adecuado, pero creo que también aprovecharon el momento para nombrar al candidato del PRI –Luis Donaldo Colosio Murrieta– en plena euforia, cuando decían que ya éramos ricos y quisieron prolongarla, pero se les atravesó Marcos el 1 de enero de 1994 y entonces el peso sufrió una presión real, que sólo pudo sostenerse por medio de flujos de capital externo y de ahí para adelante. No lo devaluaron posteriormente por el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y luego para mantener en buen clima la campaña política. No devaluaron cuando la economía lo pedía, pues lo que les interesaba era mantener el poder político, y no les convenía la devaluación”.








