Diego Valadés defiende su posición: los testigos han cambiado su declaración, “y la han cambiado recientemente”

El giro que han tomado las investigaciones y los hallazgos en el caso Colosio, la consignación de cómplices hasta ahora desconocidos y las nuevas evidencias desenterradas ponen en tela de juicio la actuación de la Procuraduría General de la República y de los subprocuradores especiales, Miguel Montes y Olga Islas, expresamente nombrados para hacerse cargo del caso.
El licenciado Diego Valadés era el procurador general en el momento del asesinato y fue el primer encargado de la investigación. Consignó a Mario Aburto Martínez y a Tranquilino Sánchez Venegas y los trasladó al penal de Almoloya. A él se le atribuye la tesis del asesino solitario, a partir de sus primeras declaraciones en Tijuana. El licenciado Valadés accedió a recibir a Proceso en su casa y a dar su versión de los hechos.
–Licenciado, a usted se atribuye, en los inicios de la investigación, la afirmación del asesino único.
–Tuve conocimiento del atentado apenas unos minutos después de que ocurrió. Estaba en el despacho del secretario de Gobernación. Momentos después, me fui al aeropuerto y salí para Tijuana. Llegué en la noche del 23 de marzo. En la noche del 23 al 24, recibí los informes de los peritos en criminalística y en balística. Por ellos conocí las características del atentado, entre ellos la identificación de una bala encontrada en el lugar de los hechos que, entonces se me dijo, había salido de la misma pistola que había perforado el abdomen.
“Con esos elementos, en la mañana del 24, hice una declaración a los medios nacionales y extranjeros: Aburto fue quien privó de la vida al licenciado Colosio. Jamás dije que había sido el único participante en ese hecho. Declaré también –aquí está la copia de mis declaraciones– que ésos eran los datos de que disponíamos en ese momento, pero que la investigación tendría que continuar.
“Regresé a la ciudad de México el mismo 24. Esa noche, el presidente anunció la designación del licenciado Miguel Montes como subprocurador especial. Estuve al frente de la investigación, virtualmente, el tiempo que estuve en Tijuana, para dar los elementos que luego difundí. Todavía bajo mis órdenes, los funcionarios de la procuraduría trabajaron todo el 24 y hasta el 28, cuando el licenciado Montes asumió formalmente su gestión como subprocurador especial.
“Teníamos una preocupación. En un video que filmaron dos agentes de la delegación de la PGR en Tijuana aparecía una persona de chamarra y cachucha que, al parecer, se había interpuesto entre personas de la comitiva de Colosio y el autor material de homicidio. Se dio la orden de continuar la búsqueda. No sabíamos quién era. Fue identificado el sábado 26 y responde al nombre de Tranquilino Sánchez Venegas.
“Cuando fui informado de la detención de Tranquilino, el sábado, envié nuevamente al director general de Averiguaciones Previas a Tijuana para que condujera la averiguación. Se trasladó a Tranquilino a México el domingo 27 de marzo. Fue consignado entre el domingo en la noche y la madrugada del lunes 28. Con este motivo, el propio subprocurador Montes declaró que, cuando él asumió formalmente el cargo, el 28, ya la procuraduría había optado por la hipótesis de un crimen concertado. Dijo textualmente, y así lo consigna en su informe oficial escrito y publicado: `el 28 de marzo de 1994, cuando asumí este cargo, la Procuraduría General de la República ya había optado por la presunción de la acción concertada, lo que se expresa en que, en esa misma fecha, se había ejercido acción penal en contra de Tranquilino Sánchez Venegas’.
“Así pues, mi convicción, en ese momento y con los elementos que se tenían, era que había habido un solo homicida material. Ahora parece que esto ha cambiado, y celebro que se haya dado este avance en la averiguación. Pero yo estaba convencido de que había sido Aburto el que había privado de la vida a Luis Donaldo Colosio.
“En todo caso, si no fue él solo, sí fue él quien lo privó de la vida, porque la bala que disparó –y está probado– fue la que atravesó el cráneo. También estaba yo convencido de que había otros que le ayudaron en la comisión de ese delito, y por eso fue consignado Tranquilino. El propio 28, con motivo de esta consignación, el subprocurador René González de la Vega declaró a la prensa que no se descartaba la existencia de copartícipes, de cómplices o de encubridores en el homicidio de Colosio.”
–Proceso publicó, el 28 de noviembre del 94, que dos informes entregados al presidente Salinas, uno de la subprocuradora Olga Islas, otro firmado por Francisco Acuña Priego, Agustín Santa María, Jesús Zamora Pierce y Sergio García Ramírez, aseguran que Aburto fue interrogado, durante dos horas, fuera de las oficinas de la delegación de la PGR, antes de su traslado de Tijuana a México. Se atribuye ese interrogatorio al gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones.
–No había ningún impedimento legal para que el gobernador Beltrones estuviera presente, porque la figura de la coadyuvancia es una garantía constitucional. El no fue en términos de coadyuvante sino en términos de un cercano amigo del licenciado Colosio que, al día siguiente, el 24 de marzo, tenía planeado ir a Sonora. Llegó Beltrones porque el presidente Salinas le solicitó que fuera a Tijuana para conocer de cerca lo que la procuraduría estaba realizando. Me pareció prudente y conveniente que la investigación se realizara sin ningún ocultamiento.
“Las versiones de que el licenciado Beltrones interrogó a Aburto –o sus colaboradores–, de manera irregular, son infundadas. Lo cierto es que esa noche, del 23 al 24, cuando salíamos de la delegación de la procuraduría, el licenciado Beltrones y yo teníamos curiosidad de conocer a Aburto y bajamos juntos a verlo. El llegó unos minutos antes, porque me entretuve para dar instrucciones a algunos funcionarios de la procuraduría. Pero aún: en esos breves momentos en que él estuvo con Aburto e, incluso, en los que yo también estuve con Aburto, estuvieron presentes varios funcionarios de la procuraduría, que son testigos.
“Es evidente que no se podía dejar solo a Aburto, ni a solas con alguna otra persona. Y nunca lo estuvo. También es evidente que no podíamos exponer al gobernador dejándolo a solas con un presunto delincuente. La versión de estos hechos se fue modificando, y por eso es bueno aclarar lo que realmente sucedió.”
–Aburto estuvo en Tijuana muy poco tiempo, antes de ser trasladado al penal de Almoloya, siendo que el plazo normal que tiene la procuraduría para integrar su investigación y consignar al supuesto delincuente es de 48 horas. Aburto duró mucho menos.
–Aburto estuvo en Tijuana, antes de ser trasladado a Almoloya, sólo 17 horas, cuando se permite un plazo normal de 48 y aun de 96, en casos especiales, cuando se plantea la posibilidad de una organización delictiva.
“En esas primeras 48 horas nosotros no teníamos la posibilidad de descartar el acto organizado ni de afirmar que fuera responsabilidad sola de Aburto. Si yo hubiera consignado después de las 48 horas, hubiera tenido que sustentar ante el juez que se trataba de un delito organizado, y no tenía los elementos para ello.
“Por otra parte, en esas 48 horas tuvimos la confesión de Aburto, plenamente válida, porque la hizo ante su defensor y en presencia del presidente del Colegio de Abogados de Tijuana y del presidente de la Comisión de Derechos Humanos del estado. En ella reconocía su responsabilidad. Había múltiples testimonios que señalaban lo mismo, y estaban todos los elementos periciales que corroboraban las afirmaciones. No había duda en cuanto a la responsabilidad de Aburto y no era necesario tomar más tiempo del que se tomó para realizar la consignación. Tan no era necesario recabar más, que éstos fueron los elementos por los que Aburto resultó condenado a 45 años de prisión.”
–Los peritajes no parecen concordar. Hoy se ponen en duda los de entonces.
–El peritaje señaló que el licenciado Colosio recibió dos impactos de bala; que, con motivo del primero, hizo un giro de 90 grados. Aburto se desplazó, a su vez, y volvió a dispararle al licenciado Colosio en la región abdominal. Este fue el peritaje que a mí me rindieron en la madrugada del 24.
“La idoneidad técnica de los peritos de la PGR ha quedado acreditada, en éstas y en otras muchas circunstancias, por su profesionalismo. Incluso, ese mismo peritaje fue confirmado después por otros distinguidos y eminentes especialistas que colaboraron tanto con el subprocurador Montes cuanto con la subprocuradora Islas. Lo cual no quiere decir que los peritos sean infalibles.
“Ahora se sustenta otra tesis, y seguramente tendrá también fundamento pericial convincente, en el sentido de que no era posible ese giro y de que se confirma que hubo un segundo individuo que disparó. Creo que este aspecto tendrá que ser ventilado estrictamente en términos técnicos. No me atrevería a expresar ninguna opinión al respecto. Tendrán que ser los propios peritos quienes resuelvan el problema.”
–Por lo que parece, no funcionó la investigación realizada en el sexenio de Salinas. El procurador Lozano hizo en un puñado de días lo que los otros no pudieron hacer en un año.
–Lo que entendí por las declaraciones del procurador Lozano es que han aparecido nuevos elementos que no existieron, al menos en los días en que a mí me tocó. Por ejemplo, se habla de que hay un nuevo video que no había sido mencionado nunca y quién sabe quién lo tendría. Pero no sólo eso sino que varias de las personas que declararon en un sentido, en la tarde y en la noche y en el día del 23 y del 24 de marzo, han cambiado sus declaraciones. Los que dijeron haber visto girar el cuerpo y los que dijeron haber visto a Aburto accionar la pistola en dos ocasiones han cambiado su declaración, y la han cambiado recientemente.
“Por tanto, no es exigible que conociéramos entonces lo que se mantuvo oculto hasta ahora ni que previéramos la modificación de las declaraciones. Estoy seguro, además, que en el curso de las investigaciones tendrán que ir apareciendo nuevos elementos. Tampoco será de extrañar que se conozcan en días o semanas cosas que no se conocen hoy o que no se conocieron ayer. Eso sucede con todas las investigaciones. Es perfectamente natural que así suceda.
“Quiero subrayar que, para mí, era clave en aquel momento preservar la integridad física de Aburto y traerlo sano y salvo hasta Almoloya. Cualquier percance que hubiese llevado a la desaparición de Aburto en el trayecto de Tijuana a México hubiera resultado absolutamente inexplicable para la opinión pública, y habría impedido por completo el esclarecimiento de este crimen. Mi función central y mi preocupación medular durante el tiempo en que estuve en Tijuana y luego en el trayecto a México fueron que Aburto llegara, como llegó, sano y salvo a Almoloya.”