El expresidente va a alejarse, uno a uno, a sus admiradores y amigos

Carlos Salinas de Gortari emprendió su ayuno y, al mismo tiempo, empezó la Cuaresma carente de amigos:
El expresidente sufre el abandono de los aproximadamente 5,000 priístas que de modo activo hacen política e integran el llamado “establecimiento político”: diputados, senadores, presidentes municipales, gobernadores, secretarios de Estado, subsecretarios y funcionarios de primer nivel que hace poco más de tres meses lo endiosaban.
Una de las normas no escritas del “sistema político mexicano”, glosada por el investigador Luis Javier Garrido, establece que el presidente, al dejar de serlo, ha de estar preparado para reconocer que va a ser “traicionado”.
Que será “traicionado” no sólo por el presidente entrante sino por un amplio sector de la burocracia política.
“La lógica del sistema político mexicano –dice Garrido– implica que casi todos los presidentes de la República se arrepientan de la decisión tomada”; es decir, del dedazo mediante el cual designaron candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a quien habría de sucederlos en el poder.
Pero Salinas no acató esa “norma no escrita”. Cómo iba a pensar que sería “traicionado” si hace nueve meses el entonces candidato presidencial del PRI, Ernesto Zedillo, reconocía “el enorme legado de un gobierno priísta conducido con patriotismo, incansable determinación y la visión de estadista excepcional de Carlos Salinas de Gortari”.
En esa misma ocasión –30 de mayo de 1994–, la entonces lideresa de la Cámara de Diputados y ahora presidenta del PRI, María de los Angeles Moreno Uriegas, decía:
“Saludamos desde aquí –el auditorio `Plutarco Elías Calles’, en la sede del PRI– al titular del Poder Ejecutivo federal, licenciado Carlos Salinas de Gortari, quien con serenidad, valor y patriotismo asume su responsabilidad en esta etapa de tanta complejidad. El señor presidente de la República sabe que cuenta con la solidaridad y el apoyo pleno de sus compañeros de partido.”
Más recientemente, el 24 de noviembre, Salinas entregó, en Los Pinos, el premio Mujer del Año a quien fuera su colaboradora en la extinta Secretaría de Programación y después en el gabinete presidencial como secretaria de Pesca. Dijo que la conocía desde hace 35 años.
Al agradecer los elogios del presidente, la entonces secretaria general del PRI declaró: “el afecto y su reconocimiento (de Salinas) para mí, constituyen el mejor premio”.
Pero el jueves de la semana pasada, al estallar el enfrentamiento entre Zedillo y Salinas, la senadora Moreno Uriegas dio la espalda al expresidente y aseguró que los priístas se sienten “inmensamente orgullosos del presidente”, a quien calificó de “firme, sólido, con convicciones y congruente, que cumple su promesa de impartir justicia”.
Para manifestar a Zedillo ese sentimiento de inmenso orgullo, María de los Angeles Moreno Uriegas y el priísmo en pleno programaron, para el sábado 4, aniversario del PRI, una gran ceremonia de apoyo al presidente y de repudio a Salinas.
Invitaron a esa ceremonia a muchos de los que se vieron beneficiados y encumbrados por Salinas, quien les dio acceso al dinero y al poder. Por ejemplo:
Los gobernadores Patricio Chirinos Calero, de Veracruz; Otto Granados Roldán, de Aguascalientes; Diódoro Carrasco, de Oaxaca; Manuel Cavazos Lerma, de Tamaulipas; Rogelio Montemayor, de Coahuila; Sócrates Rizzo García, de Nuevo León; Carlos Salomón Azar, de Campeche; Jorge Carrillo Olea, de Morelos; Jesús Murillo Karam, de Hidalgo; Mario Villanueva Madrid, de Quintana Roo, y Roberto Madrazo Pintado, de Tabasco, entre otros.
Todos los mencionados, excepto uno, reniegan ahora de su benefactor. La excepción: Sócrates Rizzo García, quien al ser interrogado respecto a su amistad con la familia del expresidente, dijo:
“Los amigos no se cambian, son para siempre”, aunque también señaló la necesidad de que “se fortalezca la figura de quien en este momento conduce los destinos del país”.
Contrario a la actitud de Rizzo García, el gobernador de Morelos, Jorge Carrillo Olea, aceptó el miércoles pasado la renuncia de un hermano del expresidente, Sergio Salinas de Gortari, a quien había nombrado asesor en materia de desarrollo regional.
En el gabinete presidencial, “legal y ampliado”, ninguno de los salinistas ha abierto la boca en favor de su jefe anterior.
Permanecen callados Carlos Rojas Gutiérrez, de la Sedesol; Emilio Gamboa Patrón, director de la Lotería Nacional; Arturo Warman, de la Reforma Agraria; Miguel Limón Rojas, de Educación; Angel Gurría Treviño, de Relaciones Exteriores; Santiago Oñate Laborde, secretario del Trabajo, y Silvia Hernández, de Turismo.
Con casi todos los miembros del gabinete –excepto el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz Martínez– se reunió Zedillo el miércoles para tranquilizarlos. Les dijo que había que “cerrar filas” y olvidarse de grupos políticos.
Zedillo también reunió en Los Pinos a Alfonso Martínez Domínguez, Pedro Ojeda Paullada, Genaro Borrego Estrada, Adolfo Lugo Verduzco, Jorge de la Vega Domínguez e Ignacio Pichardo Pagaza, todos expresidentes del PRI.
Al término de esta reunión, Genaro Borrego Estrada –a quien Salinas hizo diputado, gobernador de Zacatecas, líder del PRI, director del Instituto Mexicano del Seguro Social– dijo que “Ernesto Zedillo está cumpliendo su obligación constitucional y el compromiso político de hacer de México un país de leyes en el cual no se permita la impunidad”.
La ingratitud no es exclusiva de los políticos. Empresarios como Carlos Slim Helú, Carlos Abedrop Dávila, Jorge Hank Rohn, Roberto Hernández, Alberto Santos, Emilio Azcárraga, han dado la espalda al Salinas que los enriqueció desorbitadamente.
Hasta Hugo Andrés Araujo, líder del sector campesino del PRI, reniega del expresidente Carlos Salinas:
“Lo fundamental ahora –dijo Araujo el miércoles pasado– es la unidad de los mexicanos en torno del presidente Zedillo.”
Y en cuanto a su relación con Raúl Salinas y con Jaime de la Mora, quien el jueves renunció a la Subsecretaría de Agricultura luego de ser acusado de peculado, Araujo dijo que “se trata de una relación institucional”, no obstante que el primero es su compadre.
Fidel Velázquez Sánchez, líder de otro de los sectores del PRI, el obrero, farfulló: “nosotros ya dejamos el gobierno de Salinas a un lado para apoyar el actual régimen presidido por el doctor Ernesto Zedillo. El período salinista terminó, y con eso culminó su función presidencial”.
Carlos Salinas sufre abandono, también, de los dirigentes de Antorcha Campesina, a quienes tanto ayudaron él y su hermano Raúl, y de los del Partido del Trabajo (PT), que ahora descubren los errores del expresidente:
“Son múltiples las evidencias sobre la errónea política que (Carlos Salinas) llevó dentro de su administración”, acusó –el viernes– el coordinador de la fracción parlamentaria del PT, Francisco González Gómez, quien instó al expresidente a “dedicarse a sus labores familiares”.
Más drástico, el diputado Alejandro Rojas demandó que el PRI expulse de su seno al “grupo de interés que encabeza Carlos Salinas”.
Se trata, añadió, de “un grupo que al amparo del presidente Salinas ramificó su influencia en todos los sectores de la vida nacional e hizo un poder paralelo al del Estado mexicano. Este grupo está dañando el PRI, el gobierno y el país”.
El viernes pasado, María de los Angeles Moreno Uriegas se reunió con su Comité Ejecutivo Nacional, instaló la Comisión para la Reforma del Partido y manifestó “total apoyo a las acciones emprendidas por el presidente Ernesto Zedillo”.
La ocasión fue aprovechada por Gustavo Carvajal Moreno, exlíder del PRI, para acusar a Carlos Salinas de haber roto las reglas no escritas de la política mexicana, por lo cual le pidió reconsiderara su actitud.
Al día siguiente –sábado 4–, Ernesto Zedillo y el priísmo en pleno tenían programado celebrar el sexagesimosexto aniversario del partido en el poder.
La gran fiesta debió celebrarse en el auditorio “Plutarco Elías Calles”, mismo lugar donde hace nueve meses –el 29 de mayo– Ernesto Zedillo y María de los Angeles Moreno Uriegas elogiaban el patriotismo y la “visión de estadista excepcional” de Carlos Salinas.