De los tiempos idos:
Carlos Salinas de Gortari era “gran presidente, patriota”, según dijo en Tapachula, Chiapas, el jueves 5 de mayo de 1994, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, Ernesto Zedillo.
El 7 de noviembre, Salinas de Gortari devolvió el elogio a su amigo: “el doctor Ernesto Zedillo mostró ser un candidato formidable, con una capacidad extraordinaria de aprender rápidamente y también con un valor y un patriotismo a toda prueba”, dijo el todavía presidente Salinas de Gortari, en una entrevista con la revista Epoca.
Las alabanzas mutuas no fueron mera cortesía protocolaria. Los dos las ratificaron: Salinas de Gortari durante sus últimos días como presidente, en plena campaña de autopromoción de fin de sexenio. Zedillo en su toma de posesión.
El 10 de noviembre, Salinas de Gortari añadió: “estoy seguro que el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León, por su enorme patriotismo, su capacidad excepcional y su valor, será, sin duda, un gran presidente de México”, dijo luego que lo felicitó por haber sido declarado presidente electo por la Cámara de Diputados.
Y cinco días más tarde, en otra entrevista publicitaria con Excélsior, ratificó: “mi opinión sobre él es que tengo un gran reconocimiento por su enorme capacidad, su valentía y, sobre todo, su profundo amor a México. Estoy convencido de que será un gran presidente de la República”.
El 1 de diciembre, en el tercer párrafo de su discurso de toma de posesión, el presidente Zedillo dijo:
“Sucedo, en esta investidura, a un presidente que gobernó con visión; que con inteligencia y patriotismo concibió grandes transformaciones y supo llevarlas a cabo con determinación. Le expreso mi respeto y mi reconocimiento.”
Luego habló en nombre de todos los mexicanos: “estoy seguro de que Carlos Salinas de Gortari tendrá siempre la gratitud y el aprecio del pueblo de México”.
Un día antes, en el último acto de su sexenio en el Valle de Chalco, “cuna de Solidaridad” –opacado ya periodísticamente por el que iba a empezar al conocerse los nombres de los integrantes del nuevo gabinete–, los reporteros preguntaron a Salinas de Gortari:
–¿No hay nostalgia, señor presidente?
–Nostalgia siempre he tenido… pero del futuro –respondió el entonces presidente, con una carcajada poco convincente, relató el reportero Carlos Acosta Córdova.
LA NOSTALGIA DEL FUTURO
En su toma de posesión, Zedillo no se atrevió a la crítica. Y la descripción del país que recibía la matizó con el halago. No habló de lo que no se hizo sino de lo que se tendría que hacer. En todo caso, la responsabilidad era de la historia, no del sexenio pasado. No cuando México era ya parte del primer mundo, miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, ejemplo para todas esas economías que andan por ahí dando tumbos, milagro y orgullo del “liberalismo social”.
Pese a ello, dijo que en su futuro estaba la lucha contra la pobreza y la marginación, ante la “oportunidad, sin precedente, para conseguir el crecimiento económico que demanda la población”; la solución del irresuelto conflicto en Chiapas; la promesa de la restauración del Estado de derecho combatiendo la impunidad, “porque nadie puede estar por encima de la ley”, y las “instrucciones precisas” al nuevo procurador general de la República (PGR) para intensificar las investigaciones de “los brutales asesinatos de figuras destacadas de la vida pública del país (que) han lastimado hondamente a la ciudadanía, han sembrado inquietud y duda sobre algunas instituciones y han dividido a los mexicanos. Hasta ahora las investigaciones no han satisfecho plenamente a la sociedad. Los mexicanos queremos estar seguros de que conocemos toda la verdad”.
Al término de la ceremonia, ya en la calle, Zedillo y Salinas de Gortari se despidieron con un abrazo. El presidente se fue a Palacio Nacional. El expresidente, a Coyoacán, a visitar la tumba de su madre y más tarde, a su antecesor Miguel de la Madrid, con quien estuvo, a solas, unos minutos.
Semanas antes, en la entrevista con Epoca, Salinas de Gortari habló de su porvenir: “a partir del 1 de diciembre tengo varias y diversas posibilidades. Una es la posibilidad de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que dependerá de los consensos que se construyan. Tengo invitaciones de varias de las universidades más prestigiadas del mundo para formar parte de su cuerpo de maestros e investigadores. Igualmente, tengo múltiples invitaciones para dar conferencias y participar en organismos de la sociedad civil a nivel internacional, de gran prestigio y seriedad. Aprecio mucho que se me hayan presentado estas opciones y estoy considerando diversas de ellas”. Eso sí, afirmó que ninguna responsabilidad es comparable con “la de servir, aunque sea un minuto, como presidente de los mexicanos”.
Y EL FUTURO LOS ALCANZO
De inmediato, Salinas de Gortari comenzó su campaña por la presidencia de la OMC, con el apoyo político del gobierno de Estados Unidos. “El candidato del sur”, promocionaba el gobierno de William Clinton.
El 7 de diciembre, en Washington, Salinas de Gortari recibió el premio “Francis Boyer”, del American Enterprise Institute, y ante empresarios estadunidenses habló de los éxitos económicos de México en su gobierno, por supuesto. Confiado dijo: “we are going to win” (vamos a ganar).
El 9 de diciembre estuvo en la India; el 12, en Sudáfrica; el 19, en Marruecos…
El 19 de diciembre, el futuro alcanzó a Zedillo y a Salinas de Gortari. Esa noche, en la ciudad de México, el gobierno de Zedillo decidió devaluar el peso en 15%, bajo el eufemismo de “ampliar el límite superior de la banda de fluctuación”. Ante el desquiciamiento de los mercados financieros, el encono social y la incertidumbre, la medianoche del 21, al amparo de la expresión “los sectores firmantes del Pacto” (para el Bienestar, la Estabilidad y el Crecimiento), se anunció que el nuevo tipo de cambio lo determinaría libremente el juego de la oferta y la demanda de divisas.
El peso se devaluó casi 80%… y el milagro económico del salinismo se esfumó.
Entonces, aunque de manera prudente, el nuevo presidente comenzó a deslindarse de su antecesor. Ante un grupo de economistas, asistentes a la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Economía “Juan F. Noyola” 1994, ausente el todavía secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Jaime Serra Puche –eficaz y ponderado secretario de Comercio y Fomento Industrial, negociador del Tratado de Libre Comercio, en el sexenio salinista–, Zedillo dijo:
“Los cambios en las condiciones externas –señaladamente la escasez de capitales en los mercados internacionales, reflejada en un alza substancial en las tasas de interés–, así como la aparición de circunstancias internas hasta hace un año inexistentes, dieron una dimensión distinta a los desequilibrios acumulados, que no eran causa de preocupación seria hasta 1993.
“Ustedes saben que entre estos factores internos sobresalen la zozobra causada en la población por los brutales asesinatos de figuras destacadas de nuestra vida política y, asimismo, el conflicto en el estado de Chiapas.
“La tensión de las últimas semanas –agregó– alteró drásticamente la percepción prevaleciente en los mercados financieros, propiciando muy fuertes presiones sobre el mercado cambiario. Esto hizo indispensable actuar en ese ámbito. No haberlo hecho habría significado cancelar, en el corto y mediano plazos, las posibilidades de recuperación económica de nuestro país.”
En resumen, la medida de devaluar el peso debió haberse asumido antes: en el sexenio pasado.
Pese a las medidas anunciadas, la turbulencia financiera mexicana continuó.
El 29 de diciembre, Serra Puche, a quien se le atribuyó haberse equivocado en la instrumentación de la ampliación de la banda de flotación, lo cual aceptó en su carta de renuncia, dejó la SHCP.
Ese día, al anunciar un Programa Económico de Emergencia, Zedillo atacó, aunque sin dar nombres, el pasado: Salinas de Gortari le había dejado una economía “muy vulnerable”.
Dijo: “el tamaño del déficit de la cuenta corriente y la volatibilidad de los flujos de capital con que se financió hicieron muy vulnerable nuestra economía”.
Remarcó: “el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos llegó a ser tan grande durante los últimos años, que dadas las circunstancias internas y externas, era insostenible. Es preciso reconocer que hubo una subestimación del problema, y esta subestimación fue sumamente grave”.
El 1 de enero de 1995, Salinas de Gortari apareció en Brasil. Asistió a la toma de posesión del nuevo presidente de aquel país. Para entonces ya no era el autor del milagro mexicano. El diario Folha de Sao Paulo lo calificó como “el patito feo” de la ceremonia, afirmando que nadie quería acercarse “al responsable de la quiebra de México”.
El expresidente siguió con su campaña en pos de la dirección de la OMC. El 4 de enero estuvo en El Cairo, Egipto, y al día siguiente, en Tel Aviv, Israel. En México, el escándalo –solicitudes de juicio político por la oposición y una demanda penal contra él presentada por el Partido de la Revolución Democrática– y la ira crecían. En Tel Aviv, el diario mexicano Reforma intentó una entrevista con Salinas de Gortari sobre la crisis económica. Lacónico, respondió: “sin comentarios”.
REGRESO A LA REALIDAD
Mientras, Ernesto Zedillo seguía sin pronunciar el nombre de Carlos Salinas de Gortari, pero reconocía ya el colapso del país. El martes 3 de enero, desde Los Pinos, en un mensaje a la nación, dijo:
“El desarrollo de México exige reconocer, con todo realismo, que no constituimos un país rico sino una nación de graves necesidades y carencias. Debemos asumir que es indispensable esmerarnos todos para hacer lo mucho que todavía nos falta en la construcción de una sociedad de progreso y equidad.”
El globo salinista ya estaba desinflado.
Entonces, el presidente Zedillo sostuvo: “presido un gobierno que hablará siempre con la verdad, por dura que ésta sea; un gobierno que velará por el interés general sobre cualquier interés general de persona o de grupo; un gobierno para servir a los mexicanos”.
Agregó:
“Antes que la imagen presidencial y antes que el renombre de funcionarios públicos, mi compromiso es actuar responsablemente, sin eludir ni tratar de ocultar la realidad”. Y llamó “lastre” a la herencia de un tipo de cambio sobrevaluado, por la decisión de su antecesor de no devaluar el peso.
A partir de ahí, en México la crisis se profundizó y hubo que solicitar la ayuda urgente del gobierno de Estados Unidos. Pero ni el decidido apoyo de William Clinton restauró la confianza en la economía mexicana. La crisis económica consumió enero. El anuncio de la llegada de cerca de 50,000 millones de dólares, decisión personal de Clinton y del Fondo Monetario Internacional, tampoco logró la estabilidad de la economía y sí provocó críticas reacciones internas, por las condiciones en que fue otorgado.
Para entonces, la candidatura de Salinas de Gortari para la OMC era ya un fracaso y, en México, su impopularidad y el encono social crecían.
El 5 de febrero, Zedillo decidió dar un vuelco a la atención nacional. Sin abandonar sus ya frecuentes críticas al sexenio pasado –”las condiciones económicas y políticas del país son las más complejas con que en varias décadas haya debido comenzar un gobierno” y “enfrentamos una emergencia económica cuya gravedad pudo haberse evitado con la adopción oportuna de medidas para corregir los desequilibrios que se acumulaban peligrosamente”–, en su discurso conmemorativo del aniversario de la Constitución, privilegió la solución de otro problema heredado: el irresuelto conflicto de Chiapas. Ofreció nuevo diálogo y negociación a los insurrectos para llegar a un fin definitivo de las beligerancias.
Cuatro días después, el gobierno zedillista dio un golpe espectacular. El presidente anunció la identificación y órdenes de aprehensión contra los líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, incluido el subcomandante Marcos.
El martes 14 de febrero, Zedillo anunció que “es muy satisfactorio que en menos de 72 horas (de actividades del ejército y de la Policía Judicial Federal en Chiapas) se haya restablecido pacíficamente la presencia gubernamental en la zona del estado de Chiapas, en la que casi durante 14 meses estuvo ausente la autoridad federal”. De esos 14 meses, 11 corresponden al gobierno salinista.
El 19 de febrero, el Día del Ejército, se convirtió –en otra dura crítica, aunque sin nombres– en el día de la recuperación de la soberanía nacional. Dijo Zedillo ante los militares mexicanos: “ningún mexicano ni el gobierno, y menos el presidente de la República, puede abdicar de la preservación de la soberanía en todo el territorio nacional… la plena soberanía es el sustento geográfico, histórico, político y moral de nuestra unidad, renunciar a ella aunque sea parcialmente es atentar contra el valor de nuestra independencia. Suponer que en su defensa caben concesiones o titubeos es ignorar el espíritu que ha forjado la nacionalidad mexicana”.
Mientras, oficialmente Salinas de Gortari seguía siendo candidato a la presidencia de la OMC, aunque sus posibilidades eran ya absolutamente nulas.
El caso Chiapas se amorcilló. Sin embargo, la noche del 24 de febrero se suscitó otro estremecimiento nacional. La PGR informó que había identificado y aprehendido a un segundo presunto asesino material de Luis Donaldo Colosio Murrieta. El anuncio se interpretó como una descalificación al trabajo de los dos subprocuradores especiales para el caso nombrados por Salinas de Gortari –Miguel Montes García y Olga Islas de González Mariscal–, quienes sin cerrar el caso privilegiaron la hipótesis del asesino solitario (Mario Aburto Martínez), aun cuando contradictoriamente la fiscalía solicitó sentencia contra Tranquilino Sánchez Venegas, también consignado por el crimen, y en espera de sentencia siguen presos Vicente y Rodolfo Mayoral.
La actuación del gobierno de Salinas de Gortari estaba, otra vez, en juicio público.
EL TOMA Y DACA
En Estados Unidos, el 26 de febrero, The New York Times, citando a “un alto funcionario del gobierno” mexicano, quien por supuesto pidió no ser identificado, sostuvo que en el caso Colosio “las cosas fueron encubiertas durante el gobierno anterior. Hubo cosas que fueron oscurecidas y cosas que fueron escondidas”. Ocho días antes, el mismo periódico, también citando a presuntos “funcionarios económicos” mexicanos, publicó otra nota en la cual se “informó” que los “errores de diciembre” –del gobierno zedillista– fueron las causas reales de la debacle económica mexicana.
Al parecer, esas dos notas fueron las que provocaron la reacción del expresidente Salinas de Gortari contra el gobierno de su sucesor.
Sorpresivamente, el martes 28, Salinas de Gortari se comunicó telefónicamente a Televisa, al programa 24 horas de la tarde, para dar a conocer una declaración. Salinas de Gortari tronó contra el gobierno de Zedillo, en lo que fue interpretado como una ruptura histórica y una violación de las reglas no escritas del sistema político mexicano para los expresidentes de República.
Dijo que estaba luchando por su dignidad y su honor. Citó a medios de información extranjeros en los que –señaló– funcionarios mexicanos han reconocido los “errores de diciembre” en la conducción económica, pero en los cuales también “autoridades gubernamentales” mexicanas han dicho o insinuado que el gobierno anterior encubrió la investigación del asesinato de Colosio Murrieta. Exigió que el gobierno de Zedillo reconozca, en México, que la crisis económica fue provocada por el nuevo gobierno y que la PGR aclare, “sin ambigüedad, que no hubo encubrimiento de mi parte, que precise mi apoyo absoluto a la investigación”.
Dijo también: “reafirmo mi respeto y lealtad al presidente de la República; como ciudadano voté para elegirlo y él nos representa”.
Un día antes, el presidente Zedillo había reiterado su promesa de esclarecer los asesinatos de Posadas Ocampo, Colosio Murrieta y Ruiz Massieu, hasta encontrar a quienes los fraguaron. “Los mexicanos no tememos a la verdad, queremos conocerla y tenemos absoluto derecho a ella. La verdad es indispensable para la justicia plena, y la justicia es esencial para vivir en un Estado de derecho fortalecido, donde no hay lugar para la impunidad”.
La llamada de Carlos Salinas de Gortari a Televisa fue hecha unos 20 minutos después de que agentes judiciales detuvieron, a las 14:30 horas, a su hermano Raúl, como presunto autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Sin embargo, este hecho no era del conocimiento público, ya que la PGR lo informó hasta cerca de las 15:30 horas y lo explicó, en conferencia de prensa del subprocurador Pablo Chapa Bezanilla, dos horas y media después.
Por la noche, ya preso su hermano Raúl, el expresidente llamó al noticiario Hechos, de Televisión Azteca. Negó que su declaración de la tarde tuviera que ver con la acusación de Raúl, pero agregó: “tengo plena confianza en la inocencia de mi hermano”.
Ese mismo día, la PGR anunció que había sido detenido y consignado Jaime de la Mora, subsecretario de Desarrollo Rural, acusado de peculado, cometido durante su gestión como director del Banco Nacional de Crédito Rural durante el sexenio de Salinas de Gortari. De la Mora es amigo de Raúl Salinas de Gortari.
A la mañana siguiente, el fiscal Chapa Bezanilla concedió un entrevista al noticiario Monitor, de Radio Red, sobre el arresto de Raúl Salinas de Gortari, en la cual dijo que los motivos del asesinato de Ruiz Massieu eran políticos y personales. Ante la insistencia de José Gutiérrez Vivó, Chapa Bezanilla dijo que Ruiz Massieu podría haber estorbado “en algunos proyectos, como lo llamaban algunas personas, el proyecto salinista. Así lo llamaban”. Aclaró que los testigos no se referían específicamente a Carlos o Raúl Salinas de Gortari “sino al salinismo”.
De inmediato, el expresidente llamó a la estación y calificó de “absurdo” e “inverosímil” el móvil esgrimido por Chapa Bezanilla. Dijo que Ruiz Massieu era parte del salinismo, “modernizador dentro del programa de modernización que yo impulsaba”. Afirmó que lo apoyó en su gobierno en Guerrero, donde se realizó la mayor obra de su sexenio –la Autopista del Sol– y que lo promovió e impulsó para llegar a la secretaría general del PRI. Minutos después volvió a llamar a Televisa, al programa Al despertar, e hizo iguales declaraciones. Salinas de Gortari luchaba contra el gobierno que lo sucedió, priísta como él.
Poco después, Sergio Salinas de Gortari presentó su renuncia como asesor del gobernador de Morelos, Jorge Carrillo Olea.
Horas más tarde, a través de un boletín de prensa, la PGR enmendó la plana al fiscal Chapa Bezanilla y afirmó que el móvil del crimen contra Ruiz Massieu se conocería hasta el final del proceso judicial.
En la noche del miércoles 1, Salinas de Gortari anunció el retiro de su candidatura a la presidencia de la OMC.
Ante la embestida, el presidente Zedillo actuó en privado. En la mañana se reunió cerca de dos horas con el gabinete ampliado durante. No hubo información oficial de lo tratado, pero se pudo saber que el presidente llamó a sus colaboradores a “cerrar filas”, porque –según dijo– en su gobierno no hay “grupos”. En la noche, también en privado, se reunió con los expresidentes nacionales del PRI y nada trascendió. Y más tarde asistió a una cena con 14 gobernadores priístas en la casa de Rubén Figueroa Alcocer. A ella asistieron destacados salinistas como Otto Granados Roldán, de Aguascalientes; Patricio Chirinos Calero, Veracruz; Manuel Cavazos Lerma, Tamaulipas; Rogelio Montemayor, Coahuila; Sócrates Rizzo García, Nuevo León; Emilio Chuayffet Chemor, Estado de México, y Diódoro Carrasco, Oaxaca, entre otros.
Las reuniones con el gabinete legal y ampliado, con los líderes priístas y con el grupo de gobernadores y el poco eco de los priístas a su antiguo jefe parecían haberlo fortalecido ante los embates.
El jueves 2, Zedillo realizó una gira por Tlaxcala. En su autobús platicó en privado con tres columnistas –Miguel Angel Rivera (La Jornada), Aurora Berdejo (Excélsior) y Félix Fuentes (El Universal)–, de lo cual no hubo información oficial, pero sí “filtraciones” informativas.
Zedillo les dijo que la detención de Raúl Salinas de Gortari no se debía entender como un asunto personal contra el expresidente sino como un asunto de leyes, jurídico, en el cual la PGR tendrá que aportar las pruebas. Y calificó el hecho como una verdadera tragedia familiar. También dijo: “Carlos Salinas de Gortari pasará a la historia como un buen presidente, un presidente renovador”.
El expresidente aprovechó el guiño de Zedillo y por la noche volvió a la carga: llamó por teléfono al noticiario Hechos y anunció su decisión de que, en aras de su honor personal, sostendría un “ayuno permanente” hasta que el gobierno de Ernesto Zedillo aclare públicamente que la devaluación del peso y la consecuente crisis económica fueron producto de los “errores de diciembre” y que, de su parte, no hubo encubrimiento alguno, y sí apoyo, en la investigación del asesinato de Colosio Murrieta.
A pregunta expresa, negó que su huelga de hambre tuviera que ver con el arresto de su hermano Raúl: “no tiene nada que ver, porque eso se está tratando por las instancias judiciales correspondientes. Por ellas seguiré actuando”.
A la medianoche, la PGR emitió un boletín –distribuido originalmente desde la Oficina de Prensa de Los Pinos– en el cual se reitera que cuenta con pruebas contundentes contra Raúl Salinas de Gortari por el asesinato de Ruiz Massieu y, en el séptimo párrafo, señala que “de la información emitida hasta el momento no se desprende imputación alguna en contra del licenciado Carlos Salinas de Gortari”.
En la mañana del viernes 3, Salinas dio amplitud a su chantaje. Difundió sus planes: viajar a Monterrey para ofrecer ahí una conferencia de prensa sobre los motivos de su ayuno. Agencias de información internacionales y periódicos recibieron a hora temprana un fax de la “oficina del expresidente Carlos Salinas de Gortari” con la invitación a la entrevista. Alrededor de las 16 horas, recibió en la capital de Nuevo León a los periodistas para decirles, simplemente, que había posibilidades de “dialogar y negociar”.
Aparentemente, su huelga empezó a obtener resultados. Pocas horas después, la PGR emitió otro boletín de prensa con un enunciado muy semejante a lo que estaba exigiendo el expresidente. Precisaba que “no cuenta con elementos que permitan establecer la existencia de conducta alguna atribuible al licenciado Carlos Salinas de Gortari, encaminada a entorpecer o desviar las investigaciones sobre el homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta”.
Salinas no desperdició las últimas horas del viernes. En avión particular voló de regreso a la capital, fue recibido en Los Pinos por el presidente Zedillo y retornó a Monterrey. Ahí expresó la idea de estar recuperando terreno. “Hay signos alentadores”, dijo.
En la ciudad de México, entre tanto, el anuncio de la huelga de hambre del expresidente provocó, luego del llamado a “cerrar filas”, reacciones airadas de senadores, diputados y líderes priístas, quienes abiertamente criticaron a su exlíder nato y, la tarde del viernes 3, el PRI del Distrito Federal realizó una marcha-mitin que culminó con unas 5,000 personas reunidas en el zócalo en apoyo del presidente Ernesto Zedillo.








