Perla Alcoceriana

Señor director:

Muy difícil resulta permanecer sensatamente muda ante la perla alcoceriana referida a Marcos: “… el síndrome de nuestro Robin Hood autóctono –Chucho el Roto– sigue presente en el imaginario colectivo…” (Proceso 955, página 52).
A ese síndrome, me permito oponer otro síndrome: el del armiño manchado. Personaje animalesco que, como en las películas de Juan Orol, cambia de traje –o se mancha– aunque la escena, siendo la misma, no lo justifique: cuestión de tiempos en las filmaciones…
Comunista de coñac, “representante popular” plurinominalmente usufructuario de “dietas” millonarias, traidor de decisiones partidistas (sí a Heberto, no a Cárdenas, PMS, noviembre de 1987); luego, incondicional de Cárdenas, y despuecito detractor del PRD y asesor del pobre asesinado priísta Colosio. Este armiño sí se mancha por donde pasa, porque nació… ¿Cómo nacen estos armiños?
Francamente, en estos casos, la descalificación ad homine y la polarización resultan inevitables (¿quién les manda a esos armiños andar abriendo la boca?): ¡Viva el imaginario colectivo! ¡Bienvenidos los Robin Chuchos que tanta falta nos hacen!
Una ciudadana apartidista (gracias a esos síndromes maléficos):

Atentamente
Lucero Enríquez.