“La polarización entre fuerzas sociales de Chiapas, no la de intelectuales, es lo grave y se agrava”: Carlos Montemayor

Por encima de la división que ha generado el conflicto en Chiapas entre los intelectuales mexicanos, lo importante es la solución real del problema, que “tiene que ver con la transformación política de ese estado y del país”, dice el escritor Carlos Montemayor.
“No creo que podamos hablar de polémicas entre intelectuales sino de la posible aportación de éstos a una solución real del conflicto. Eso sería lo más importante”, agrega.
En su casa de la colonia Candelaria-Coyoacán, Montemayor habla de una polarización entre las fuerzas sociales del estado –”no entre intelectuales–, que “es lo más grave de un conflicto que se ha ido agravando”.
Y aclara: “la solución de que hablo tiene que ver con la solución de los problemas políticos, agrarios y sociales, no con los problemas de opinión”.
Explica:
“La división fundamental se está dando en todo el estado de Chiapas. Hay una polarización terrible entre ganaderos, políticos, finqueros, priístas y clase media, por un lado, y grupos indígenas y de izquierda, por otro.”
–¿Hay división entre los intelectuales?
–No sé. Supongo que en Chiapas la polarización es muy grande también entre los intelectuales. Pero Juan Bañuelos y Oscar Oliva, por ejemplo, están trabajando activamente en la Comisión Nacional de Intermediación. Creo que también fue un detonante sorpresivo la incorporación de Eraclio Zepeda, como secretario de Gobierno de Robledo Rincón. Esto provocó una situación inédita en el estado.
–¿Ve usted alguna diferencia en el modo de abordar el problema entre intelectuales y escritores?
–Veo que la única solución es política, en los términos que acabo de exponer.
Autor de Guerra en el paraíso, una novela sobre la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero, Montemayor insiste: lo importante es analizar un conflicto que se ha ido complicando, cuya solución exige el análisis de la complejidad social, política, económica y militar”.
Advierte:
“El riesgo más inmediato es el de la posible atomización del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en un número indefinido de comandos guerrilleros, que puedan ser muy difíciles de controlar, de localizar y, por supuesto, de convencer sobre la necesidad de un diálogo que conduzca a una solución pacífica.
“No se trata de que los miembros del EZLN se sienten a negociar con las fuerzas políticas de la federación. La polarización social en Chiapas ha llegado a grado tal, que será necesario entablar negociaciones con todos los sectores chiapanecos: oficiales, privados, económicos, étnicos, que requieren una recomposición casi total del propio estado.
“No se puede reducir el conflicto en Chiapas sólo a la insurrección o a la negociación con el EZLN. Se necesita convocar a mayor número de fuerzas políticas en el estado y que haya una muy clara voluntad de transformación política a nivel nacional, entre todas las fuerzas políticas.”
El conflicto, agrega, tampoco puede reducirse a la firma de un armisticio con los miembros de la insurrección armada.
“Es necesario tener claro que se requiere una transformación profunda, que afectará notablemente la vida del país. Principalmente, debemos reconocer los problemas agrarios y los rezagos que hay al respecto en la entidad. Después, dar un giro completo a la procuración de justicia, vía agentes del Ministerio Público y jueces, para que haya una efectiva respuesta de justicia a las innumerables peticiones, demandas o necesidades de los pueblos indígenas.”
Abunda:
“Se trata de una procuración de justicia que, en este momento, quizá podríamos considerarla casi nula, en caso de que los demandantes sean indígenas. Otro aspecto importante sería la apertura política, que permita a las zonas indígenas una autonomía formal como municipio y que garantice una participación mayor de esos mismos grupos étnicos en la aplicación y el ejercicio de los recursos regionales, estatales o federales, que teóricamente están a punto de aplicarse, a través de una derrama al parecer importante en la zona del conflicto.
“Pero, fundamentalmente, se necesita un cambio de mentalidad sobre los derechos, la dignidad, la autonomía y la cultura del pueblo chiapaneco. Esto quizá sea uno de los graves obstáculos que tiene el estado, como un enclave extremo de discriminación racial contra el indígena. Este es quizá el lugar donde se agudiza más la discriminación, lo cual forma parte de la vida diaria, represiva, que hay en todo México contra las zonas indígenas.”
Para Montemayor, el cambio “implicaría reactivar de inmediato los programas que quedaron suspendidos el año pasado, a través de la Comisión de Justicia para los Pueblos Indios, y emprender decisivamente, desde la Secretaría de Educación Pública, un replanteamiento efectivo y a fondo de la educación indígena en el país”.
–Usted ha cuestionado la versión oficial sobre el conflicto, que insiste en proponer al país una visión reducidísima del mismo.
–Hay una larga tradición para descalificar a todo grupo insurrecto, no sólo en México sino en el mundo entero. Todo grupo que se levanta en armas reclamando justicia es considerado inmediatamente como delincuente. En esto no veo ninguna novedad.
A su juicio, no sólo el gobierno del presidente Ernesto Zedillo sino todos los mexicanos “debemos darnos cuenta que la solución del conflicto no puede darse sólo por el posible diálogo o la posible amnistía de los miembros del EZLN. La solución tiene que ver con una transformación política del estado y del país.
“Tiene que ver –sigue– con un cambio de mentalidad en la cultura, la vitalidad y los idiomas de las comunidades indígenas. No es un problema militar sino uno de grandes dimensiones políticas, económicas, administrativas, educativas y de procuración de justicia. Enfrentar esto con valentía y responsabilidad sería el único camino de una solución real y a fondo del problema.”
Añade que ésa es la responsabilidad del gobierno zedillista, que se ha dedicado sólo a hacer declaraciones al respecto, y en ello figuran iniciativas de ley generadas por Eduardo Robledo Rincón mismo, durante su vertiginoso paso por la gubernatura de Chiapas.
Montemayor trabaja actualmente en una colección de literatura contemporánea en lenguas indígenas de Chiapas, en la cual participan jóvenes escritores indígenas de la Asociación Mayas-Zoques.
–¿Qué ha generado Chiapas? –se le pregunta por último.
–Un despertar en la conciencia política de México, que es innegable. Chiapas nos ha obligado a los mexicanos a reconocernos como una sociedad todavía injusta, desequilibrada y reñida en su propia raíz indígena. Nos ha obligado a entender que debemos recomenzar a fondo… Y que el país democrático y de justicia que todos queremos todavía está por hacerse.