“¿A qué compararé esta generación? Es semejante a esos chiquillos sentados en las plazas que gritan así a los otros: `Os hemos tocado la flauta y no habéis danzado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan, que no come ni bebe, dicen: `¡Tiene un demonio!’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: `¡Mirad un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores!’. Mas la sabiduría se justifica con sus obras.” (Mateo, 11, 16-19.)
La Conferencia del Episcopado Mexicano no determinó hacer un pronunciamiento directo ni rotundo para apoyar la tarea mediadora del obispo Samuel Ruiz. Pero de ninguna manera reprocharon sus empeños en tanto sean pacificadores.
“Así habla Yavé sobre los profetas / que seducen a mi pueblo. / Cuando tienen algo que masticar / entre sus dientes, / entonces gritan: ¡Paz! / Mas a quien no les pone nada en la boca / le declaran la guerra. Por eso tendréis noche / en lugar de visión, / tinieblas en lugar de adivinación; / se pondrá el sol sobre estos profetas, / sobre ellos se hará oscuro.” (Miqueas 3, 5-6.)
El aciago nuncio Jerónimo Prigione declaró que el artículo aparecido en el periódico oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, en el cual se decía justamente que el trabajo mayor del obispo Samuel era en defensa de los indios y su mediación pacífica, no era postura oficial. El artículo sin firma se admite como editorial. Por tanto, se colige que cuenta con la anuencia de los responsables de la publicación. Aún más, con el recurso verificable de que el cardenal Angelo Sodano, interesado bien en los asuntos de Latinoamérica, hubo de haber concedido su asentimiento a esta interpretación ampliamente consentida en México.
El hecho mismo de que su gestión fue requerida por los zapatistas y reconocida por los gobiernos fenecidos y por el incipiente evidencia que su participación no sólo es justificada sino requerible. Por lo demás, forma parte de su misión pastoral y ciudadana.
“¡Ay de la rebelde y contaminada, / la ciudad opresora! / No ha escuchado la voz, / no ha aceptado la corrección; no ha puesto su confianza en Yavé, / no se ha acercado a su Dios. Sus jefes son, en medio de ella, / como leones rugientes; / sus jueces, como lobos nocturnos, / que no dejan nada para la mañana.” (Sofonías 3, 1-3.)
Delegados jesuitas en Roma para celebrar la Congregación General XXXIV de su compañía, mandaron un texto al “Apreciable Señor Presidente Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León”, en el cual le hacen saber que “la violencia armada en Chiapas es respuesta a otra violencia anterior y muy prolongada que han sufrido los indígenas de ese estado (y de todo el país y el resto de América Latina) (…) nos sorprende que usted decida acabar militarmente al EZLN con el pretexto de hacer vigente un Estado de derecho que nunca ha existido para los indígenas (…) Reprobamos la vía armada como medio para alcanzar la justicia, la democracia y el respeto de los derechos humanos (…) Lo animamos y le urgimos a que con voluntad política eficaz vuelva al camino del diálogo para lograr una paz con justicia y dignidad (…) Oramos para que el Señor, Dios de Amor, lo ilumine y fortalezca en la búsqueda de una paz duradera para México, como fruto de la justicia y de democracia”.
“Porque yo perdonaré sus iniquidades / y no volveré a acordarme de sus pecados. Al hablar de `alianza nueva’, Dios / ha declarado anticuada la primera. Ahora bien, lo que es viejo y anticuado / está a punto de desaparecer.” (Hebreos 8, 12-13.)
Don Samuel ni es monedita de oro ni todo le sale bien, ni mucho menos; pero en todo caso ha respondido, sobre todo, a reclamos de los pobres. No se le dejará morir solo.








