“La sumisión no le sirve a nadie.”
Con la mano derecha firmemente asida al volante, Elba Esther Gordillo Morales, la dirigente magisterial que concluirá este miércoles 1º de marzo su mandato al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de Latinoamérica, acelera, frena, prende y apaga luces, se mete en el denso tráfico vespertino de Paseo de la Reforma.
Igual que el impecable Grand Marquís verde, la dirigente maniobra en la política, en el sindicalismo… en su futuro.
Acelera frente al Zoológico de Chapultepec: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) “de alguna manera se ha vuelto una agencia del gobierno, está en crisis, inmovilizado, con actitudes de resistencia al cambio”, y su dirigencia “creo que no” cumple el perfil del liderato que los nuevos tiempos exigen.
Cuando pasa frente al Auditorio Nacional, frena: ¿que si tendría que renunciar la actual dirigencia del PRI? “No me corresponde a mí decirlo sino al priísmo. Como priísta, creo que el Revolucionario Institucional debe cambiar profundamente; me gustaría que la dirección del partido se abriera a la discusión”.
Mira por el espejo: “me gustaría que el Congreso del Trabajo fuera una caja de resonancia de las inquietudes y las preocupaciones de los trabajadores. Lamentablemente, está en el inmovilismo… La sumisión no le sirve a nadie”.
El modelo corporativo –acelera al cruzar el Periférico– está agotado: en las centrales obreras “se sigue pensando igual que en los años cincuenta, sesenta, setenta… No podemos permitir que las organizaciones envejezcan con nosotros… pudieron (sus líderes) haber sido efectivos, hoy están en crisis.
“No sé qué piense don Fidel Velázquez Sánchez –acelera–, pues por fortuna yo estoy en el SNTE. Creo que el cambio no puede subordinarse a si él lo quiere.”
Sobre su futuro, enciende las luces: “es urgente que se dé prioridad a la política con ética, es vital un nuevo pacto social que no sea excluyente”.
Apaga los faros cuando escucha el nombre de Manuel Camacho Solís: “no quisiera confundir hoy con lo que pueda ser mi función mañana. Quiero decir que le tengo respeto, estima, y no califico su actividad”.
Instalada por fin ante la mesa de un restaurante de las Lomas de Chapultepec, Elba Esther Gordillo Morales baraja los nombres de quién podría sucederla en el puesto que ocupó cinco años ocho meses, tras la caída de Carlos Jonguitud Barrios, cuyo retorno a la vida pública evidencia “los intereses oscuros y vergonzantes de un sindicato que ya no queremos”.
LAS VIRTUDES DE LOS ASPIRANTES
Humberto Dávila, el que más suena, actual secretario de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE: “ha sido un hombre honesto, tiene carrera sindical y ha ocupado importantes cargos políticos en Coahuila”.
–¿Pero tiene tamaños para dirigir el SNTE?
Después de cinco segundos, afirma: “tiene talento, sensibilidad”.
De Jesús Saravia dice: “es un sindicalista de larga trayectoria, hace tiempo lo conocí en Puebla. También ha ocupado puestos de elección (en el PRI) y tiene un perfil que los trabajadores conocen, muy trabajador”.
–¿Tamaños?
–Probablemente, tiene muchas virtudes.
Del delegado del Departamento del Distrito Federal en Coyoacán, Tomás Vázquez Vigil, afirma que “tiene capacidades” para dirigir el SNTE, “como muchos otros secretarios generales del interior del país y muchos del comité nacional”.
–¿Incluidos los de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación?
–Respeto a Jesús Martín del Campo, sabe de educación y le gusta la cuestión sindical. También a Miguel Alonso Raya, quien tiene una trayectoria sindical amplia. Ha estado en varios comités, conoce la organización y, bueno, es sujeto de elección; es miembro de la dirección nacional y tiene simpatizantes.
A los otros, al potosino José Escobedo y al senador José Guadalupe López Tijerina, Elba Esther los define como “mis amigos, como todos”, y descarta sorpresas. “No surgirá quien no se espere”.
–¿Buscará usted el poder tras el trono, dejando a alguien a modo en la secretaría general?
–No. Me encantaría que el próximo comité haga irreversible el proyecto sindical. Creo que esto va a definirse por consenso.
En sus últimas horas al frente del SNTE –el miércoles 1º, en Oaxtepec, Morelos, tendrá sucesor–, Elba Esther habla durante el trayecto de la Biblioteca Nacional de Educación, en el centro histórico de la ciudad de México, al restaurante de las Lomas de Chapultepec.
En su lujoso automóvil –”no se debe andar en auto chiquito sólo para que digan que uno es muy modesto”–, reflexiona sobre su gestión al frente del SNTE, su futuro en la política y sus inquietudes sindicales.
Minutos antes, frente a los reporteros, dijo que llegará al final de su gestión “con la conciencia tranquila”.
Gordillo Morales evalúa, de manera autocrítica, su gestión. No logró, reconoce en una entrevista para Proceso, que maestros y personal de apoyo ganaran cuatro salarios mínimos; hoy, si acaso, perciben 3.2.
Tampoco pudo hacer realidad la federalización, iniciada en mayo de 1992, debido a que los gobiernos federal, estatales y municipales no han cumplido su corresponsabilidad en el financiamiento de la educación.
Lamenta la falta de cultura educativa en el país y la ausencia de una política de Estado hacia la educación, ya que incluso no se ha logrado ni con un exsecretario de Educación Pública en la Presidencia de la República.
“Siempre nos preocupó –dice– que en seis años se nombraran seis secretarios, no sólo porque se afectaron los programas educativos sino porque dificultaron las negociaciones. Creo que más que una política sexenal, la educación debe contar con una política de Estado. Y hoy, lo digo con toda franqueza, aún no vemos esto con claridad.”
En favor de su gestión, habla de logros difíciles de revertir: las reformas de los estatutos del SNTE: la proporcionalidad de las fuerzas políticas en los comités nacional y seccionales; el voto directo y secreto de los maestros; la relación de respeto con el gobierno.
Destaca la creación de la Fundación SNTE para la Cultura del Maestro y del Instituto de Investigación y Estudios Sindicales, que “costaron mucho dinero de las cuotas sindicales”.
YA NO RESPETA A JONGUITUD
Lamenta que aún no exista plena unidad en el SNTE.
“Hay gente que está en posiciones de izquierda, bueno, más bien contestatarias, beligerantes, que no tienen propuestas. Creen que el voluntarismo lo resuelve todo. También hay resabios de Vanguardia Revolucionaria.”
Es entonces cuando evoca a Carlos Jonguitud Barrios, de quien en 1989 dijo que no volvería a hablar. Confiesa: “lo que me hacía respetarlo era su gestión positiva para el gremio cuando fue secretario general”.
–¿Cuándo dejó de respetarlo?
–Vuelvo a decirle que no hablaré más de él. Es mejor el silencio. No importa. No tiene autoridad.
Jonguitud Barrios, el controversial “líder moral” del magisterio y fundador de Vanguardia Revolucionaria, reapareció el jueves 16 y el viernes 17 de febrero en las primeras planas de Unomásuno y Excélsior, en sendas entrevistas.
Ahí acusó a Gordillo Morales y a la actual dirigencia del SNTE de haber urdido su caída, en 1989, por medio de un huertismo sindical. “Al poder llegaron por asalto, mediante traiciones, deslealtades y por los medios más deshonestos”, contó a sus entrevistadores.
“Lamento profundamente que resurja en momentos que el sindicato exige serenidad y prudencia para fortalecerse. Creo que sus opiniones responden a los intereses más oscuros y vergonzantes de un sindicato que ya no queremos”, responde Gordillo Morales.
–¿Cree que quiera cobrar viejas facturas?
–¿A quién? A nosotros nos las debe.
La dirigente no quiere hablar más de Jonguitud Barrios. Niega que haya sido su incondicional cuando participó a su lado en la Secretaría de Finanzas. “Siempre fui igual. El maestro lo sabe. Le expresé abiertamente mis desacuerdos. Puedo tener muchos defectos, pero no soy simuladora”.
Habla del sistema político mexicano. “Está en crisis, hay necesidad de transformar estilos, formas, procedimientos. Indiscutiblemente, requerimos un presidencialismo más democrático, un equilibrio real de poderes, sin simulaciones”.
EL PRI, SIN PERFIL
En este contexto, insiste en que “debe tomarse la palabra” al presidente Zedillo, y discutir las transformaciones que el país
requiere.
–Pero su partido, el Revolucionario Institucional, parece no quererlo.
–Entonces habrá que aceptar que el PRI, y yo soy de las que lo acepta, pasa por una de sus peores crisis.
Las palabras de la maestra Gordillo Morales forman entonces un torrente. El PRI, dice, debe discutir entre sus militantes y con la sociedad, competir equitativamente en las elecciones, debe ir más allá del gobierno y estar en contacto con obreros, campesinos, intelectuales…
“Me hubiera gustado ver el PRI en la calle cuando el gobierno negociaba la situación económica con Estados Unidos.”
–¿El PRI ha sido cómplice de los errores del gobierno?
–Aquí hay una gran injusticia. Creo que el PRI se convirtió, de alguna manera, en la agencia del gobierno, y de esta situación la primera víctima ha sido el propio partido. Hay que cambiar esto.
“El PRI está hoy en crisis, inmovilizado, resistente al cambio, hay que reconocerlo. En este momento el Revolucionario Institucional debería de discutir los grandes temas nacionales, porque hoy no se trata de apoyar al gobierno simplemente por apoyarlo.”
Estima que su partido debe revalorar el quehacer político. “Hay gente valiosa, con perfiles y muy reconocida. Respeto a la presidenta y a otros dirigentes, pero no sé si tengan el perfil para ser líderes del PRI”.
–¿Tendrían que renunciar, maestra?
–No me compete a mí decirlo sino al priísmo en su conjunto. Como militante, pienso que el PRI debe cambiar profundamente.
“El presidente Zedillo convocó a una nueva relación y, en lugar de tomarle la palabra, todo mundo se sintió como ofendido. Yo no pienso así. Veo la gran oportunidad de establecer una nueva relación con el gobierno.”
–Insisto, como priísta, ¿pediría que la dirigencia se separara de sus cargos por esa falta de perfil?
–Yo hago política, y en política no debe haber ingenuidad, por lo cual me gustaría mucho que en el PRI se discutiera qué hacer. Pero no soy el Revolucionario Institucional sino sólo una de sus militantes.
“SOY AMIGA DE CAMACHO”
Al referirse a las viejas dirigencias de los sindicatos afiliados al PRI, Gordillo Morales aclara que no busca confrontaciones ni ser excluyente. Sin embargo, estima, con todo respeto, que en el Congreso del Trabajo “necesitamos una dirigencia comprometida con los trabajadores”.
Hoy lo que caracteriza estas dirigencias es el inmovilismo y la sumisión, que a nadie sirven. Se tiene que aceptar, además, que la política de pactos se agotó y que se requieren nuevas formas de concertación.
–¿El modelo corporativo ya se agotó?
–Creo que se está agotando. Se sigue pensando en el ayer, sin entender que estamos en 1995, ante un escenario internacional totalmente diferente. No podemos permitir que las organizaciones envejezcan con nosotros. No es fácil aceptarlo, pero no hay permeabilidad sindical. Vemos a los mismos líderes en los sindicatos, como si fuéramos los únicos salvadores de los gremios.
–¿Usted cree que don Fidel esté dispuesto a cambiar?
–No sé lo que piense don Fidel, pues por fortuna estoy en el SNTE… Pero creo que no podemos subordinar el cambio a su voluntad. Los demás sindicatos, y ésa es la pregunta que hay que responder, ¿estaremos dispuestos a seguir en el inmovilismo? Ya se está viendo que no.
Sobre su futuro, la profesora dice que no dejará de hacer política. “¿Por qué tengo que guardar silencio? Es hora de asumir posiciones. Debemos superar la cultura del silencio”.
Plantea que “es vital un nuevo pacto nacional que no excluya a nadie”, y para impulsarlo no se necesita tener una posición en el gobierno ni en alguna organización gremial.
–¿Con Manuel Camacho Solís?
–Soy su amiga.
–¿Se iría con él?
–No quisiera confundir lo que es difusión hoy con lo que pueda ser mi función mañana. Quiero decir que lo respeto, lo estimo y no lo califico.
“Hoy más que nunca, México exige unidad. Se trata de oír a todos, hablar con todos y hacer un compromiso de todos con el país.”








