GUADALAJARA, JAL.- Juan Sandoval Iñiguez, cardenal, arzobispo de Guadalajara:
“A don Samuel hay que comprenderlo y apoyarlo. El ha vivido, durante más de 35 años, en una situación de miseria, de explotación, de hambre e injusticias extremas. Su preocupación por los marginados es una actitud profundamente evangélica.”
Más:
“Frente a situaciones originales, de gravísimas injusticias contra los indígenas, tomó opciones pastorales, si se quiere, un poco avanzadas, muy originales. Cualquiera que tenga un poco de amor al prójimo, a lo mejor hubiera hecho eso mismo… O más todavía… O quién sabe cómo hubiera respondido cualquier otro obispo a esa situación en que él está. Hay que comprenderlo.”
En su entrevista con el corresponsal, al final de una lista de 28 personas que solicitaban hablar con él, renuente en principio a hablar sobre San Cristóbal, Sandoval Iñiguez exclama: “¡no hay que echarle más leña al fuego! ¡Pobre don Samuel!”.
A un lado del escritorio de su despacho, abiertas de par en par puertas y ventanas, el sucesor del cardenal Posadas Ocampo sustenta: “ningún obispo puede juzgar a otro obispo. El único que puede hacerlo es el santo padre. El es el que nos nombra y el que nos remueve”.
Ante las versiones de que él quiere la renuncia de don Samuel, aclara que sólo ha dicho que en el Vaticano se ha solicitado en una o dos ocasiones la renuncia de don Samuel, lo cual le consta, cosa muy diferente a querer que se vaya, “lo que no es correcto”.
LA MISION DEL OBISPO
–¿Qué dice el Evangelio, qué dice la teología sobre la misión del obispo?
–La misión arranca del misterio apostólico. Es esencialmente anunciar el Evangelio, y a los que creen, santificarlos con los sacramentos, signo de salvación. Una de sus funciones o tareas específicas, es formar a la comunidad. No se trata de cuidar a cada persona en lo particular sino de formar una comunidad de gente que, por su pertenencia a Cristo, se ama y se ayuda. De ahí que la Iglesia es sacramento de unidad, y los ministros de la Iglesia somos promotores de la unidad. Entonces, causar divisiones a propósito o por imprudencias, será siempre contrario a nuestra misión. Si se originan divisiones con la predicación auténtica del Evangelio, ésas están ya de antemano alabadas y sancionadas por Cristo cuando dijo: “de aquí en adelante, serán dos contra tres y tres contra dos, y el padre contra el hijo y el hijo contra el padre”, dando a entender que cuando se es fiel a la misión, puede haber oposiciones.
–La predicación puede provocar algunas divisiones. ¿Será lo que le habrá pasado a don Samuel?
–No quiero juzgar a don Samuel. Voy a abstenerme totalmente de emitir un juicio. Hablaré dentro de la línea de principios, porque en este momento emitir opiniones de aprobación, desaprobación o de enjuiciamiento puede provocar más divisiones. Aparte, hay una razón teológica, y es que a los obispos no nos corresponde juzgarnos unos a otros. Quien nos juzga es el santo padre.
–Pero la Iglesia, el Vaticano, actúan en función de los informes que reciben allá. De Roma viene…
–Naturalmente, naturalmente. La Santa Sede procede, para juzgar, recabando informes de muchas fuentes, y después de mucho meditarlo y sacar una conclusión, pues se hace ya la actuación o el juicio de la Santa Sede.
–En este caso, ¿no tiene mucho qué ver el nuncio apostólico Jerónimo Prigione, quien pudiera haber informado muy desfavorablemente sobre don Samuel y muy favorablemente sobre el gobierno, sobre la postura oficial?
–A mí no me consta nada de eso. Los informes que tiene la Santa Sede son los que cada obispo da, y son los que más cuentan. Cada obispo lleva informes de su diócesis y de sus discursos, de lo que va cada uno publicando. Todo lo que va uno diciendo y haciendo se manda a la Santa Sede. Entonces, cada quién da cuenta de sus hechos. Por ejemplo, ahora que estoy aquí, los informes de la diócesis salen de mí, principalmente… El mismo don Samuel le entregó al santo padre un informe reciente (En esta hora de gracia), en donde ya le daba cuenta de lo que podría ocurrir.
Según Sandoval Iñiguez, la doctrina en que se funda la misión de los obispos está contenido sobre todo en el Concilio de Trento y en el Vaticano II, donde el documento Christus Dominus establece que deben cumplir con tres ministerios fundamentalmente: predicar el Evangelio, impartir los sacramentos, y pastorear con el espíritu de Cristo.
–Chiapas, su conflicto, don Samuel Ruiz, ¿no han dividido al episcopado mexicano?
–No. Nosotros sabemos que nos tratamos bien y nos estimamos. No nos ha llevado a pelear ni estamos enojados unos con otros. La prensa trata de dividirnos, pero nosotros no nos hemos llegado a pelear ni estamos enojados.
–¿Y tiene don Samuel el apoyo del episcopado, de ustedes los obispos?
–Siempre lo ha tenido. Siempre le hemos dicho que somos sus hermanos y que estamos siempre a su lado para apoyarlo en las buenas y en las malas, porque tiene grandes dificultades, pero también le hemos dicho que nosotros, por motivos de fe, acatamos a la Santa Sede.
–Ahora hay una andanada de ataques en contra de don Samuel. Ya salieron por allí acusaciones de expresidentes, independientemente de las agresiones físicas…
–Sí, desgraciadamente. Del palo caído todos hacen leña, y eso no se vale…
Subraya que tanto sacerdotes como obispos aprueban a don Samuel “en su preocupación por los pobres, por los indígenas, los oprimidos, aunque ya en su forma de actuar se dividen las opiniones y hay muchas interrogantes. Pero su preocupación por los pobres es una actitud profundamente evangélica. En lo otro, en los métodos, los caminos, las ideas que él haya tomado, es donde hay muchas interrogantes”.
–Ha sido quizás la aplicación de la teología de la liberación su opción preferencial por los pobres…
–Bueno, la opción preferencial por los pobres no es la teología de la liberación. La teología de la liberación es una especulación teológica; es un buscar en las fuentes de la revelación una respuesta a la situación de América Latina, de este continente empobrecido, porque es saqueado por los de fuera y oprimido por los de dentro. Es buscar una solución. En cambio, la opción preferencial por los pobres es una toma de actitud y de conciencia de la Iglesia. No es de los teólogos, es de la Iglesia. La Iglesia, en Puebla y en Santo Domingo, ha hecho la opción preferencial por los pobres. Pero como dice muy bien Santo Domingo: una opción preferencial, no exclusiva ni excluyente, no ideologizada, no violenta, sino evangélica.
–¿Y hacia dónde se ha inclinado más don Samuel?
–Ah, no sé. Yo no estoy cerca de Chiapas. Tú has de entender que tengo 20 años que no visito Chiapas, que son puros decires, que llegan noticias de uno y otro bando. Entonces yo me abstengo de juzgar su actuación.
Según el cardenal, en la fe y la caridad todos los obispos están unidos y apoyan a don Samuel en calidad de hermano, pero, advierte, una cosa es apoyarlo y otra aprobar todas sus acciones. Don Samuel tiene un apoyo de hermano.
–El Evangelio habla de llamar aparte al hermano para corregirlo si es que ha fallado. ¿Lo han hecho los obispos?
–Muchas veces se le ha dicho, se le ha llamado. En la Conferencia Episcopal se le han dado espacios, se ha platicado mucho con él. En las conferencias, hasta tres o cuatro horas de tiempo han sido para don Samuel.
Sandoval Iñiguez cree que la evangelización de don Samuel fue aprovechada por otros, por las cabezas de la insurgencia de principios de 1994, y precisa: “las demandas primeras de los zapatistas son justas, y deben cumplirse si se quiere que haya paz en la región”.
Y pidió que el ejército mexicano opere en forma humanitaria para que no haya violencia ni venganzas futuras.
En repetidas ocasiones, Sandoval Iñiguez ha declarado que el obispo de San Cristóbal de las Casas no está involucrado en la guerrilla, como lo han querido hacer aparecer algunas versiones. “El se ha preocupado por los indígenas; los ha mentalizado para que reclamen sus derechos; los ha organizado en ese sentido, pero es totalmente falso que los haya organizado para provocar la violencia”.








