SELVA LACANDONA.- El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se replegó, con todo y la población civil, a la zona más recóndita de la Selva Lacandona y las montañas de los Altos, adonde no ha querido o no ha podido llegar el ejército federal.
Pueblos enteros, a los que se llega por brechas y caminos de terracería, fueron completamente abandonados, ocupados por los soldados, y algunos de ellos allanados y saqueados. Esto ocurrió desde el jueves 10, cuando miles de soldados ingresaron y cercaron el territorio antes controlado por los zapatistas.
Desde Palenque, al noreste del estado, hasta Las Margaritas, pasando por Ocosingo, Altamirano, Chanal, Comitán y San Cristóbal, los militares desplegaron miles de efectivos, cerrando el cerco que obligó a los zapatistas y a sus bases de apoyo a buscar refugio en las montañas.
La diáspora indígena sorprendió al ejército, que se quedó con las despensas que debía distribuir, con sus médicos que no pudieron dar consultas, con sus peluqueros cortando el cabello sólo a los periodistas y, en fin, sin cumplir la labor social que había sido publicitada nacionalmente.
Hasta el momento, el choque frontal entre ambos ejércitos no se ha dado, debido a que los zapatistas se retiraron apresuradamente. No obstante, se reconoce oficialmente la muerte del teniente coronel Hugo Manterola Cedillo, abatido, según la Procuraduría General de la República, por un francotirador, aunque los guerrilleros aseguran no haber disparado.
Hasta el viernes 17, los medios de comunicación no habían podido llegar a los lejanos puntos en que la población identificada con los zapatistas resiste la ofensiva que pretendía la detención de Rafael Sebastián Guillén Vicente, quien presuntamente es el subcomandante Marcos.
El miércoles 15, un día después de la solicitud de licencia de Eduardo Robledo a la gubernatura del estado, el ejército federal permitió el acceso de la prensa a los lugares donde mantiene presencia.
Los principales bastiones del EZLN, como Guadalupe Tepeyac, en Las Margaritas; Morelia, en Altamirano, y La Garrucha, en Ocosingo, fueron ocupados por los soldados federales, quienes se desplazaban en interminables hileras de vehículos militares.
Conforme avanzaban las columnas militares, las poblaciones se apresuraban a dejar sus hogares y se internaban, de manera organizada, en la Selva, como previamente lo habían planeado los zapatistas.
Otras, situadas a la orilla de los caminos, como el ejido La Estrella, al que se llega en tan sólo 30 minutos desde Ocosingo, muestran señales inequívocas de la llegada de los soldados: allanamiento de las viviendas y saqueo.
La mayoría de las puertas están abiertas y, algunas de ellas, fueron derribadas con violencia. La iglesia de San Jacinto, dedicada al patrono del lugar, fue saqueada. El silencio es casi total y sólo el ladrido de los perros o el canto de los gallos lo rompe de vez en cuando.
Ahí, según reportaron los lugareños a organismos defensores de los derechos humanos, están desaparecidas tres personas.
Proceso visitó las comunidades de Monte Líbano, La Estrella, San Miguel y La Garrucha, en el municipio de Ocosingo; Morelia, en Altamirano, y Nuevo Momón, en Las Margaritas, comprobando que todas ellas fueron abandonadas.
En Agua Azul, los soldados que mantienen el retén militar impiden a los periodistas tomar fotografías. Asimismo, llevan un control minucioso del número de reporteros que ingresan en la zona, del medio en que trabajan, del equipo que portan (cámara de video o fotográfica), su nacionalidad y el rumbo que llevan.
Unos kilómetros más adelante, en una manta recién colocada –pues luce impoluta– está escrito: “Respeto a la población civil”. De pronto, a la orilla del camino aparecen seis indígenas que portan una banderita blanca en la que aparece la palabra paz. En contraste con la mayoría de los indígenas que se muestran reacios a declarar, ellos aseguran pertenecer a la ranchería de San Jacinto, de donde salieron la mayoría de sus habitantes hacia la selva.
Dicen, sin que medie ninguna pregunta, que el ejército no los está atacando, “por el contrario, nos da tranquilidad que esté aquí, porque está alejando a los zapatistas”. El mismo discurso fue escuchado, horas después, por otro grupo de reporteros que realizó el mismo recorrido y los encontró apostados, exactamente, en el mismo lugar.
Augusto Martínez García y Juan Domínguez Hernández informaron también que el ejército avanzaba en dirección a Las Tazas, Zona Jordán y Abellanal –a la que se llega abriendo camino en el monte–, y que los zapatistas se retiraban.
En Monte Líbano, unos 50 vehículos militares avanzaban en dirección al poblado Caribal, donde se supone había efectivos del EZLN. En este lugar, Andrés Domínguez Hernández repitió casi textualmente los argumentos escuchados anteriormente.
Otro lugareño informó que hasta el jueves 9 todos los ejidatarios de la zona iban a Tani Perla con el afán de arreglar sus asuntos legales con un capitán del EZLN. El mismo acababa de retornar, después de que los alzados le devolvieron un caballo que se habían llevado con anterioridad. En eso estaba cuando los rebeldes recibieron, por radio, la información de que el ejército federal avanzaba hacia sus posiciones. De inmediato se replegaron.
En medio de la exuberante vegetación, enmarcada por un impresionante silencio, el general responsable del operativo en esa zona se muestra esquivo ante las preguntas de Proceso.
–¿Alguna novedad, algún incidente?
–Todo está tranquilo.
–¿Encontró resistencia?
–Discúlpeme, no es mala educación, pero usted sabe que no podemos dar informes. Mejor pregúntele a estos señores que viven aquí.
–¿Me puede decir su nombre?
–General Sandoval, para servir a todo el mundo.
La desolación y el temor a un enfrentamiento son tales, que los propios soldados piden a Martín Salas que les tome unas fotografías “para enviarlas a Monterrey”, además de preguntarle “¿cómo está la cosa?”, pues, aseguran, no saben nada de lo que está pasando.
LOS AMIGOS DEL EJERCITO
A la sombra de un árbol frondoso, siete agentes municipales mueven la mano para despedir a las columnas federales que se retiran.
–¿Por qué no se fueron a las montañas con sus compañeros?
–Estamos tranquilos, no tenemos ningún problema. Nosotros somos la ley y cuando llegan los ejércitos, nos presentamos con ellos. Así le hicimos cuando llegaron a Ocosingo los federales.
“Desde el año pasado (enero) las autoridades de Ocosingo nos dijeron: `ustedes no se vayan, no abandonen su tierra’. A los soldados dijimos que nosotros no estamos involucrados, y por eso cuando llegaron no nos molestaron.
“Lo que nos preocupa –comentan– es que ahora que se vayan pueden regresar los zapatistas.”
Otros campesinos aseguraron a Proceso que el ejército lleva listas de quienes considera miembros del EZLN “para detenerlos”, por lo cual la mayoría de ellos prefirió irse con los guerrilleros.
De regreso, al entrar en La Garrucha, otro de los viejos bastiones zapatistas, el panorama es el mismo. Tanto en esa comunidad como en San Miguel –antigua zona franca– y en Patihuitz el ejército se atrincheró y colocó artillería pesada.
Hacia la montaña, adelante de Patihuitz, un grupo de periodistas localizó abandonada la cabaña que presumiblemente habitaba el subcomandante Marcos. Una planta de luz solar, una pipa, tabaco y un pasamontañas fueron las señales que indicaban que ahí había estado el jefe guerrillero.
En otra dirección, por la carretera que conduce hacia Altamirano, se llega hasta el ejido Morelia, una más de las posiciones clave del zapatismo, tanto que los rebeldes la proclamaron como cabecera del municipio “17 de Noviembre”, que ostenta ese nombre en recuerdo de la fecha de fundación del grupo armado.
Aquí, el desalojo fue sumamente organizado. El poblado donde habitan más de 600 indígenas tzeltales quedó desierto, según diversos testimonios, en cuestión de minutos.
La población, dicen, tenía muy presente la llegada de los militares al lugar, ocurrida en enero del año pasado, cuando “secuestraron a tres personas” que luego aparecieron muertas, con visibles señas de tortura.
Solamente un anciano, encargado de cuidar la iglesia del lugar, permanece ahí. Cuenta que al ver llegar los helicópteros militares, también intentó huir, pero su esposa enferma se lo impidió.
Hasta Guadalupe Tepeyac, situada a más de 90 kilómetros de Las Margaritas, la empresa Televisa –vetada por el EZLN tras ser acusada de difundir mentiras, más que noticias– llegó, el 10 de febrero, a bordo de un helicóptero con la avanzada del ejército.
Mostró imágenes de la población civil –unos 200 individuos– concentrada inicialmente en el famoso hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social que el EZLN bautizó como “General Emiliano Zapata-Che Guevara”, y que hasta ese momento se consideraba terreno neutral, bajo resguardo de la Cruz Roja Internacional. Al día siguiente, ni el personal de la benemérita institución ni la población se encontraban en el lugar. Los primeros salieron porque consideraron que el principio de neutralidad había sido violado con el ingreso de los militares en el nosocomio.
El domingo, la Secretaría de Gobernación organizó grupos de periodistas que arribaban a Guadalupe Tepeyac a bordo, igualmente, de helicópteros militares.
En el primer recorrido, el general Román Arrieta Hurtado, jefe del Cuerpo de Paracaidistas, dio su versión del desalojo de los habitantes refugiados inicialmente en el hospital: “les ofrecimos despensas, ayuda material y traíamos maquinas para hacer trabajos de reparación y no aceptaron. No dimos ninguna consulta aquí. Estábamos a punto de traer las despensas, pero no lo hicimos porque la gente abandonó inmediatamente el poblado”.
Explicó que la responsable de la Cruz Roja Internacional, Catherine Herman, “los conminó” a abandonar el poblado. “No nada más ella, había otros dos extranjeros que fueron llevados a Tuxtla y posteriormente dejados en libertad.
“Le dije a la población –agregaba el jefe militar– que traía la ley y el imperio de la Constitución. Que estábamos dispuestos a darles ayuda material y moral, y ahí fue donde intervinieron estas personas para que no nos hicieran caso. En ese momento, la señora (Catherine Herman) determinó que la gente abandonara el lugar en masa, rumbo a Nuevo Momón. El pueblo (Guadalupe Tepeyac) está totalmente abandonado.”
De cualquier manera, el general consideró que “la operación fue un éxito. Esperábamos resistencia. La misión que teníamos era ocupar este lugar. Nuestra misión está cumplida”.
La toma de este bastión se realizó, como se esperaba, por aire. Cientos de paracaidistas, transportados en helicópteros, descendieron en Aguascalientes, donde el 8 de agosto –aniversario del natalicio de Emiliano Zapata– más de 6,000 delegados de la Convención Nacional Democrática sesionaron al lado del subcomandante Marcos.
Los demás soldados llegaron posteriormente por vía terrestre desde Comitán. En el trayecto, casi a la mitad del camino, a la altura de Nuevo Momón, cayó abatido el teniente coronel Hugo Manterola, quien presumiblemente fue alcanzado por una bala zapatista.
–¿Existen tropas en Nuevo Momón repartiendo despensas? –se le preguntó al general Arrieta Hurtado.
–Sin comentarios.
–¿Hay denuncias de enfrentamientos?
–No hay comentarios sobre el particular.
–¿Qué opinión tiene de lo sucedido al coronel Manterola?
–Es una desgracia.
–¿Tiene los nombres de los transgresores que busca?
–Hasta este momento, el elemento que buscamos es Rafael Guillén.
–¿Tiene evidencias de que estuvo aquí?
–Ninguna.
Pero el subcomandante Marcos, el hombre más buscado de México, volvió a sorprender. Un comunicado, fechado el mismo día en que el presidente Ernesto Zedillo daba a conocer su identidad, asegura que el gobierno inventó otro Marcos, éste de origen tampiqueño.
Mientras que en la zona de la selva los pueblos zapatistas están abandonados, nuevos voceros del EZLN aparecieron en Los Altos, principalmente la comandante “Ana María”.








