Con la exposición de 56 pinturas, un tapiz, 29 gráficas y nueve esculturas que se presentarán en el Museo de Arte Moderno (MAM) de Chapultepec desde el próximo 16 de febrero, Leonora Carrington habrá llegado a una docena de muestras individuales de su obra en la ciudad de México. La primera, en la Galería Clardecor, tuvo lugar en 1950. La había precedido una en la galería “Pierre Matisse” de Nueva York en 1948. En esa ciudad exhibió otras cuatro veces; en Londres y Monterrey, dos veces, y una sola en París, Tokio, Austin, Norwich y Bristol, estas dos últimas ciudades en su Inglaterra natal (nació en Lancashire, en 1917). Para recuperarla, los ingleses tuvieron que observar no sin envidia la conmoción mundial que producían la pintura y la personalidad de Frida Kahlo desde fines de los años setenta. La primera individual de Carrington en Londres se produjo en 1990, aunque sus obras comenzaron a conocerse en colectivas organizadas en 1963, 1970, 1977, 1989. Como compensación a este incomprensible retraso, los mejores escritos sobre el trabajo de Leonora Carrington se deben a la inglesa Whitney Chadwick, historiadora y crítica de arte.
Ellos son: The muse as artist: women in the surrealist movement, Art in America, Nueva York julio, 1985; Women artists and the surrealist movement, Thames and Hudson, Londres, 1985; Painting on the threshold of reality, para la exposición “Leonora Carrington, recent work”, Brewster Gallery, Nueva York, 1988; Women, art and society, Thames and Hudson, Londres, 1990. A éstos vino a sumarse recientemente Leonora Carrington, la realidad de la imaginación, publicado por Ediciones Era y la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en Galería, Colección de Arte Mexicano.
El desinterés británico por esta mujer errante, que llegó a México en 1943, quedaba corroborado también por la ausencia de su nombre en el corregido Dictionary of art and artist, editado por Thames and Hudson en 1985, actualizando y corrigiendo una primera versión de 1966; ambas tuvieron como consulting editor al respetado crítico Herbert Read. En el Dictionary sí figura una pintora y grabadora del mismo apellido: Dora Carrington (1893-1932), miembro del célebre Bloomsbury Group, al que pertenecieron Virginia Woolf, Lytton Strachey, Vanesa Bell, John Maynard Keynes, Roger Fry, entre otros.
El encumbramiento internacional de Leonora Carrington en la última década ha redundado en la elevación de los precios de sus obras. En la temporada de subastas 1993-94 de la casa Sotheby’s su óleo Le grand adieu (1958) se vendió en 244,500 dólares.
Para el público mexicano resulta muy oportuno que la actual retrospectiva del MAM coincida con la aparición del libro de Whitney Chadwick. Su apretado ensayo en siete capítulos (“Lo real y lo imaginario”, “Londres y París: los primeros años”, “La guerra y el exilio”, “Los comienzos en México”, “Reconocimiento público”, “El mundo mágico de los mayas” y “El reino del espíritu”) da múltiples pautas para un entendimiento cabal de imágenes extremadamente imaginativas, que la escritora ha ido desentrañando por medio de abordajes diversos: conversaciones con Carrington entre 1983 y 1993 en Nueva York, Oakland, Illinois y la ciudad de México; una vastísima información cultural que le permite interpretar el universal cruce de mitologías que utiliza la pintora para crear su teatro de imágenes; el entendimiento de Carrington como una mujer rebelde que encontró su propia y muy subjetiva coherencia en la locura formativa, en el esoterismo, la alquimia, las prácticas espirituales, los sueños lúcidos, el humor, la especulación metafísica, la adivinación, la predicción, el escepticismo, la unión de los opuestos, la psicología junguiana, el budismo tibetano, el hermetismo, los metalenguajes, lo sobrenatural. Chadwick nos hace entender hasta qué punto el trabajo de Carrington es consecuencia de un rechazo militante de las verdades simples.
El libro de la colección Galería contiene otro escrito valioso: la entrevista que Paul de Angelis hizo a Carrington en 1985, divulgadas con anterioridad en inglés y en español en diversas publicaciones. Entre sus datos biográficos siempre se ha repetido que tras conocer a Renato Leduc en París (los presentó Picasso), lo encuentra en Madrid y se casa con él en Lisboa en el consulado mexicano. Pero en su conversación con De Angelis ella dice: “me casé con Renato en la embajada británica antes de embarcar hacia Estados Unidos”.
En general, la edición ha sido muy cuidada y el volumen es uno de los más bellos de la colección Galería; pero sus responsables (Vicente Rojo, Rafael López Castro y Vicente Rojo Cama) dejaron deslizar algunos errores. Chadwick dice que la obra teatral Penélope, escrita por Leonora en 1946, fue estrenada bajo la dirección de Alejandro Jodorowsky en 1957 (página 28). En la cronología, elaborada por Lourdes Andrade, el dato se da correctamente (página 157): el estreno se produjo en 1962, con diseños y escenografía de la autora. En portada y en interiores (reproducción número 39) un cuadro de 1954 lleva el título de Temple of the world, cuando es evidente que el templo está dedicado a la palabra (word) y no al mundo.
Impreso antes de la devaluación en Singapur, la calidad de sus 105 reproducciones puede compararse con la obtenida en una imprenta de Nueva York para el catálogo de Leonora Carrington, una retrospectiva, donde se reprodujeron 78 pinturas presentadas entre septiembre y noviembre de 1994 en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Fuera de unas pocas excepciones, las láminas impresas en Singapur están mucho mejor. Las selecciones son diferentes, pero hay muchas repetidas. En el catálogo hay 41 obras que no aparecen en el libro, mientras que éste contiene 66 piezas que no están en el catálogo; de modo que se complementan, para satisfacción de quienes quieran contar con buenas publicaciones sobre esta artista de quien Jacqueline Chénieux-Gendron, autora de El surrealismo, impreso en Francia en 1984 y en México (Fondo de Cultura Económica) en 1989, ha dicho: “Leonora Carrington, en particular, ha construido con los elementos del esoterismo tradicional toda una filosofía del universo en medio del cual se recupera la mujer”.
Cuando De Angelis le preguntó: “¿usted se siente muy solidaria con las mujeres, con el movimiento feminista?”, Leonora contestó: “sólo porque pienso que las mujeres han estado oprimidas, y creo que muchas mujeres no desarrollaron todo el potencial que tenían porque las consideraban seres inferiores. Pero eso no significa que piense que las mujeres son mejores que los hombres ni que los hombres son mejores que las mujeres. Lo que está claro es que la preocupación principal de los oprimidos es dejar de estarlo”.








