Crece el conflicto en Teotihuacán: el dueño de la detenida “Plaza Jaguares” pide a la directora del INAH no se oculte pendiente, análisis sobre los hallazgos

Isaac Hilú Alfille (“de familiares nacidos todos en México”), copropietario con sus hermanos del terreno La Ventilla –donde está detenida la construcción de Plaza Jaguares en Teotihuacán–, rompe el silencio y expresa su coraje contra Teresa Franco, directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a quien aconseja:
“Entre más rápido demuestre a la gente de la zona arqueológica que funcionan las plazas `Manuel Gamio’ y El Corzo, más rápido los problemas se solucionarán. Espero que nos reciba, se siente en calma con nosotros y la gente de Teotihuacán a pensar una solución para los comerciantes, cosa que realmente necesitan dentro de esas plazas, y crear talleres artesanales en lo ya construido nuestro para juntos planear una reestructuración inmediata. Ya no tiene sentido que reubiquen a comerciantes ambulantes y artesanos en Jaguares.”
Además, recomienda diálogo:
“Y de ninguna manera exigir a los comerciantes desalojo. Tengo cuatro meses que no soy recibido por Tere Franco por más insistencia que le hago para que ya se tome una solución de qué debe hacerse. Me gustaría ver qué declaró ella en el Congreso ante la Comisión de Cultura y que se coteje con el convenio que tiene firmado conmigo, porque no puede suspender una obra como la suspendió en Jaguares. Ella tiene que continuar y dar una pauta; es decir: no puede dejar al Congreso con una idea que a lo mejor no es real. Nuestro convenio conmigo incluye todo un proyecto integral muy independiente a las obras que hizo en las plazas, que no se confunda que es una obra del INAH. Es mi coraje. El convenio con el Instituto Nacional de Antropología e Historia tiene un plazo de vencimiento al 31 de diciembre de 1996.”
Para Hilú Alfille, Plaza Jaguares no continuará como fue concebida (centro comercial con hotel), ya que “no se tomó en cuenta para nada la opinión de todo el pueblo.
“Yo no conocía –explica el empresario de 32 años–, ni siquiera antes de iniciar esta obra, como ya lo mencionó Eduardo Matos Moctezuma o la misma gente del INAH, que cada vez que quieren comenzar algo, la gente les para todo. Y como me fui enterando en el transcurso de mi obra, siento que ahorita hay un compromiso de escuchar perfectamente la opinión de toda esta gente y de Pueblos Unidos de Teotihuacán.”
Hilú Alfille propone en Plaza Jaguares “un concepto más cultural y más de servicios, que ofrezca talleres artesanales a los de la zona y un paseo hermoso, arqueológico, digno para los turistas”; que la zona atraiga no 2 millones de visitantes al año como ahora sino 5 o más, tal como, dice, “mostró un estudio de mercado.
“He escuchado que Tere Franco plantea que dejará locales de las nuevas plazas en renta de 60 o de 70 nuevos pesos; aunque sean regalados, de nada sirven si no van a estar con una planeación comercial en que realmente esté interesado el vendedor. Pero eso dependerá mucho de si Tere nos escucha, a ellos y a mí, y logramos hacer una cosa común entre todos, y no pensar en un proyecto único o exclusivo, o a fuerzas. Siento que, de entrada, los comerciantes no deben ir a ningún lado, deben probar si les conviene o si continúan el comercio en las unidades que recién construyó el INAH. Y a partir de una realidad, ya ir haciendo un desalojo porque no pueden quitarles su trabajo de un día para otro. Los pueden cambiar, pero si no les funciona, les viene un problema social peor, aunque acepten. Si en un año los señores no sobreviven ahí, no sé qué puede pasar con las 500 familias que viven de la artesanía.”
Sorprendido de los dos pisos construidos en el edificio para locales en Plaza El Corzo (“eso sí es alarmante”), Hilú explica que en Jaguares no se movió nada sin autorización del INAH, salvamento que contó con un “equipo profesional” dirigido por Rubén Cabrera Castro. Cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia detuvo la segunda parte de la construcción de Plaza Jaguares (Proceso 920), Hilú se amparó.
“Interpuse mi demanda de amparo al INAH contra el acto porque suspendieron la obra por supuestas irregularidades mías. Esas irregularidades no las detallan nunca y es tan obvio, que el juez que dictaminó el amparo ordenó quitar los sellos de clausura, cosa que tuvo que acatar el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y ahí se quedó. Me ha afectado en tiempo, pero creo que fue benéfico, pues se paró un elefante blanco. Ahora, es muy urgente que quite toda la imagen de shopping o de moll, no era McDonald’s ni Perisur. ¡Nada de eso!: era un lugar que tenía que ir muy acorde con el ambiente que hay en la zona.”
–¿Por qué no lo ha recibido Teresa Franco?
–No sé. Me contestó su director jurídico Joaquín Alvarez que estaba ocupadísima antes del sexenio; pero ahora que ya fue ratificada en el cargo, debería tener tiempo para solucionar esto.
“Insisto en que no se les exija nada a los artesanos; ése representa el problema principal, porque es gente que no tiene por qué tomar el riesgo. Darles realmente una tranquilidad de que todo lo que habrá es por su bienestar. Cuando les ofrecí los locales, no podían creer cuando se los dije personalmente y lo ratifico: `no paguen, aquí a Jaguares métanse, esto sí lo decido yo, yo les autorizo, trabajen y no paguen si no les va bien. Por favor, ¡háganlo!’. Llegó a tal grado la sorpresa de ellos, que pensaron: `esto es un cuatro. Me está sacando de la zona y después quién sabe qué me van a hacer’. Se asustaron, no lo creyeron. Hoy vuelvo a hacerles la oferta a los talleres de artesanía en Jaguares: métanse y si no les va bien, regresen a la zona arqueológica para vender.”
–Entonces, ¿ya no habrá locales comerciales en Plaza Jaguares?
–Ya no. Quisiéramos platicar con Tere Franco de crear una unidad de servicios con unos ocho talleres. Y que Gamio y Corzo se queden como locales comerciales; parece que ahí ya tienen 1,000 hechos, hizo muchísimos, son suficientes. Originalmente está autorizado un hotel, pero no es el momento: en el convenio clarititamente dice “centro de alojamiento”; nunca explicaron en el INAH por qué no hacerlo. Si lo justifican, podría hacerse ahí, pero alejado de la zona, y captar más turismo un hotel precioso de cinco estrellas. El arquitecto del proyecto Jaguares es Max Olivares y continuará, pues es una persona muy centrada en cuanto a que supo balancear el contraste entre arqueología y modernismo.
–¿Qué es lo que ha faltado con el Instituto Nacional de Antropología e Historia?
–Comunicación más compartida, no comunicación exigiendo. Ha faltado una impresionante urgencia de que la directora se siente con los ambulantes, de que les explique los beneficios, de que les dé garantías de que en caso de que tengan problemas, no perderán lo que tienen, y esto le va a ayudar a resolver el problema de inmediato. Con eso ella soluciona el problema.

INVESTIGACION SUSPENDIDA

Lo que Teresa Franco dijo en la reunión de casi seis horas a puerta cerrada en San Lázaro con la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados el último día de enero fue que la construcción de las plazas seguirá en Teotihuacán, refutando a los cuatro ciudadanos que la demandaron penalmente por destrucción del patrimonio cultural teotihuacano al autorizar con Eduardo Matos Moctezuma la edificación de Jaguares, El Corzo y `Manuel Gamio’ (Proceso 952).
Trascendió que la directora del INAH satirizó a la diputada perredista Adriana María Luna Parra por buscar “clientela” en proselitismo para su partido al interesarse en Teotihuacán. Asimismo, se dijo que Matos Moctezuma, director del megaproyecto Teotihuacán (también está demandado), perdió su calma habitual al golpear en la mesa y atacar con argumentos ad hominem al demandante Rogelio Pérez Martínez, pues “curiosamente” había demandado ya al Instituto Nacional de Antropología e Historia por el desalojo a artesanos en Tulum, Quintana Roo, a finales del año pasado.
Se mencionó que Matos Moctezuma descalificó igual al ecologista Rubén Almeida y a la restaurantera teotihuacana Emma Ortega, otros dos demandantes a quienes se les ha negado permiso de construcción tras presentar un video sobre la destrucción en los trabajos de La Ventilla que, supusieron los funcionarios, había sido tomado por trabajadores del INAH mismo.
El arqueólogo Ignacio Rodríguez García, quien ha trabajado como investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Teotihuacán desde 1980, explica:
“Por su propia naturaleza el trabajo arqueológico es destructivo. Montículo que se excava se destruye y no hay otro igual. La única manera de garantizar que esa devastación valga la pena es tener un registro profundo lo más intenso y completo posible. Si por cualquier razón el investigador no continúa en el salvamento, éste queda trunco. Parte integral de las investigaciones arqueológicas radica en garantizar la permanencia del investigador durante todo el proceso de investigación; es un requisito académico.”
El análisis definitivo de los maravillosos hallazgos de un barrio del período clásico teotihuacano, con su centro ceremonial, más de 360 osamentas, joyas, braseros tipo teatro e imponentes frescos, quedó pendiente porque algunos arqueólogos que comenzaron el salvamento de los tres frentes de La Ventilla en septiembre de 1992, cuando arrancó el proyecto, no entregaron su dictamen final.
Entrevistados por Proceso, Eduardo Gómez Cruz, Jorge Luis Martínez Moreno y José Luis Mercado Zarza expresaron haber sido contratados verbalmente por Matos Moctezuma. “Contratación irregular”, pues “sólo tiempo después nuestra documentación académica fue avalada por la subcomisión de admisión del INAH”. Acusan:
“Después de nuestra contratación, fuimos asignados a los trabajos de salvamento en el área denominada La Ventilla, bajo la supervisión directa del arqueólogo Rubén Cabrera Castro. Nuestras relaciones se dieron por terminadas el 30 de junio de 1994. Fuimos separados de nuestras funciones por Eduardo Villa Kamel (director administrativo del proyecto Teotihuacán) y Sergio González Suárez (administrador del proyecto), esgrimiendo el incumplimiento en la entrega del informe final de actividades y la falta de presupuesto.”
Su negativa a la construcción de Plaza Jaguares pudo haber pesado en la determinación del cese, toda vez que firmaron una carta con Cabrera Castro y otros investigadores, la cual enviaron a Matos Moctezuma, director de la zona, el 24 de marzo de 1994.
Desde el 30 de mayo, Villa Kamel y González Suárez les pidieron entregar un informe técnico final y dos artículos relacionados con las investigaciones en un mes, cuando el plazo es de un año, según el artículo 38 de las Disposiciones Reglamentarias para la Investigación Arqueológica en México. En carta al consejo de arqueología de enero de este año, reiteran:
“Nunca hemos negado nuestra responsabilidad con el INAH en la entrega de dicho material, siempre y cuando sean respetados nuestros derechos laborales y de investigación.”
Entrevistado en San Juan Teotihuacán, Rubén Cabrera Castro, jefe de campo del proyecto La Ventilla y conocido cariñosamente en la zona como El Jefe de Teotihuacán, aceptó al referirse a los descubrimientos que “se dio el dictamen, pero todavía no se hace el análisis de lo encontrado en La Ventilla, pues se requiere un gran equipo de investigadores”.
El 17 de junio de 1994, presentó su informe acerca de los resultados obtenidos en La Ventilla, dando por terminado el trabajo de salvamento. El 10 de octubre, los tres arqueólogos, con otra investigadora que trabajó con ellos, Sandra Elizabeth Zamora Gómez, presentaron una demanda ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje por despido injustificado. El 23 de febrero será la primera audiencia para analizar el caso.
En La Ventilla fueron halladas pinturas murales en un relativo buen estado de conservación; entre ellas destaca el piso de un patio que tiene pintadas una serie de imágenes a manera de glifos (alrededor de 40). Su importancia radica en que estos elementos iconográficos no tienen paralelo en el discurso pictórico de Teotihuacán. Es decir: ninguna de estas formas ha aparecido en los murales hasta ahora conocidos de los teotihuacanos.
El desalojo de vendedores ambulantes en Tulum motivó a Rogelio Pérez Martínez a formular tres demandas penales contra Mario Villanueva Madrid, gobernador de Quintana Roo, y José de Jesús Vergara Alonso, exsecretario de Turismo del estado, también por amenazas de muerte. Su demanda penal contra Teresa Franco, Eduardo Matos Moctezuma, Carmen Gaytán e Isaac Hilú sigue su curso en la Procuraduría General de la República.
En Chichén Itzá, unos 300 vendedores ambulantes están a punto de ser reubicados contra su voluntad y amenazaron bloquear las vías de acceso a las zonas arqueológicas.
En Teotihuacán, la situación apunta hacia un diálogo sordo de pronóstico reservado. Más voces se alían a las protestas de la Comisión de Patrimonio Cultural de la delegación D-II-IA-1 de investigadores del INAH, y se espera el peritaje del Colegio de Antropólogos a las recomendaciones efectuadas por Sonia Rivero, de la Subdirección de Estudios Arqueológicos, el 21 de enero, donde se declara por el “cese a la destrucción de patrimonio cultural”, “retiro de las construcciones” de las plazas Corzo y Gamio, así como la “suspensión” de trabajos en La Ventilla.
Grupos de la mexicanidad y organizaciones artísticas e intelectuales, como la llamada El Juglar, planean visitas con especialistas para detectar los supuestos daños de patrimonio cultural y consideran tomar la zona teotihuacana durante la fiesta indígena del equinoccio del 21 de marzo, si las autoridades del INAH no acuerdan con los oriundos del lugar, al menos, una primera solución del conflicto.